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¿Tauromaquia y Vida?

19 marzo 2010

Si la tauromaquia es cultura, ¿qué se cultiva, a qué se rinde culto, y qué frutos genera semejante cultura?

Por ejemplo, sabemos que en las salas de tortura de la Inquisición Española, había también hierros afilados, punzones, espadas, navajas, ganchos y cuchillos, y el verdugo lucía de igual modo un atuendo especial para el “oficio”. Es indudable que para los verdugos tenía que ser algo así como “un arte” atormentar al reo de forma que sufriese pero sin que tampoco muriese enseguida (no, al menos, hasta que se confesara culpable). Ello requería sus técnicas, por supuesto, y había que aplicarse bien a la “faena” para “rematar airosamente” la sesión. Además, siempre había un exquisito público eclesiástico presto a celebrar y disfrutar de los mejores “lances”, en pleno fulgor y fiesta de la justicia divina. Así que, en este sentido, todo formaba parte de un mundo o realidad peculiar, particular; de una cultura.

Mas si a la tortura de un ser humano la llamamos cultura, entonces indudablemente la tortura de un animal -con los adornos externos “artísticos” y los pretextos que se quieran alegar- es analogamente categorizable como cultura, y arte. ¿Será que la sociedad española evolucionó culturalmente lo suficiente como para dejar de torturar personas y centrarse exclusivamente en la tortura “artística y refinada” de animales? ¿Se trata entonces de un perfeccionamiento artístico y cultural? ¿Es de este modo una “justa condición” de amor hacia el toro, para protegerle de su desaparición, manteniéndole en fincas ganaderas a cambio de su flagelación y muerte durante un singular acto artístico y cultural?

Pero si la tortura es cultura y es arte, ¿no tendrían que estar todas estas personas tan culturales en un consultorio psicológico o de terapia social o en una escuela intensiva de valores humanos?

Se acabó “la fiesta”, estimados aficionados a la tauromaquia. Llegó el momento de abrir los ojos (y, sobre todo, el corazón). Os escocerá al principio, pero luego os sentiréis realmente mucho mejor por dentro, y daréis gracias por haber tomado mayor conciencia de lo que es la Vida, y lo que vale.

En ese punto, los que vivís de la tauromaquia estaréis dispuestos a poner todo vuestro esfuerzo y vuestras cualidades y recursos para encontrar una actividad profesional realmente útil y provechosa para la sociedad; pero ya nunca más volver a ganaros la vida con el sufrimiento y la matanza “artística y cultural” de más animales, de más seres vivos.

Y no os preocupéis ya por los toros. Si ninguno de los pudientes empresarios ganaderos -en su gran amor a estos animales- quisiese seguir cuidando de la especie -por no ser ya rentable-, entonces serían como siempre los auténticos amantes de los animales, de la naturaleza y de la vida los que, desde iniciativas públicas o/y privadas, se encargaran de facilitar la continuidad de la raza. Sin condiciones. Tal como es el auténtico Amor.

Freeman

¿Tauromaquia y Vida?

Can-Men – 16 Mar 2010

“Ya se presenta la noche,
la tarde de hoy se ha agotado,
la luna asoma por el cielo
y una multitud enloquecida
que pidiera su muerte, despiadada,
sin darle importancia a esta historia,
se aleja con rumbo a casa,
a continuar la diversión en otra plaza
y a tomar la merienda acostumbrada.

De entonces yo siempre miro,
como imagen fantasiosa,
las negras fauces abiertas
de aquel burel mal herido,
ocultándose en las ondas
de los giros y las capas,
para concluir sus andanzas
muerto en el ruedo del coso”
Roberto Reyes Cortes

El mundo del toro ha saltado al ruedo político y en Cataluña se discute sobre la prohibición de las corridas de toros tras una iniciativa popular que recogió 180.000 firmas y de la que hablamos en este post, junto con las encuestas mayoritariamente antitaurinas.

En el debate, que se puede seguir aquí y aquí, se esgrimen argumentos distintos: unos defienden la tradición, el arte, la catarsis del público, la bravura del toro, su condición de animal nacido para morir luchando y su supuesta resistencia al sufrimiento, y otros denuncian el sufrimiento del animal, la tortura a la que se le somete, la incompatibilidad con la modernidad, la justicia animal y la Ética.

El ocio y la cultura es un buen baremo para tomar el pulso a una sociedad y vislumbrar sus valores y el respeto que le merecen otros seres vivos, y su grado de evolución, siguiendo la definición de Gandhi: “La grandeza de una nación y su progreso puede medirse en cómo trata ésta a los animales”.

¿Tauromaquia y Vida?. La viñeta de El Roto radiografía lo que esconde el brillo de la fiesta, MUERTE. Detrás del negocio, de los aplausos, del mito del torero, cuando la plaza se queda vacía, lo que queda es sangre y dolor.

Hay y ha habido muchos ejemplos de culto a la muerte, pero los nuevos tiempos caminan en una dirección donde la compasión prima sobre la adrenalina artística y los derechos sobre el especismo.

La reflexión es ¿a qué queremos que rinda culto nuestra sociedad? ¿Vida o Muerte?

Y esta es la poesía que nos manda el lector Roberto Reyes Cortes, de quien ya publicamos este texto, desde Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México, titulada “El Toro”:

EL TORO

Son las cinco de la tarde
Cumpleaños es del patrono
que hace medio siglo viera
en esta ciudad, luz primera.

Tarde azul de primavera,
el festejo es a lo grande,
sus galas viste la gente,
cielo rojo, aire violeta,
en la plaza la coleta.

El mejor de los carteles
se presenta en esta feria,
el pueblo está encantado,
se lidian toros a muerte
que hace cinco años nacieran,
de vacas muy encastadas
en la finca ganadera.

Fueron becerros hermosos
hijos del toro “El Catrino”
un semental cornifino
traído desde Ensenada
para cargar la vacada.

Fuertes, sanos, poderosos,
crecen libres en potreros
de pastos y zacatales
que fueran algodonales.

Se mojan en los riachuelos
de corrientes humedales,
descansando entre las frondas
de sabinos y cedrales
para jugar con las ramas
de canelos y manglares.

Una mañana de Enero,
regios sus cuerpos miraron
retratados en las aguas,
entre el croar de las ranas
que admiraron su trapío,
justo en las aguas del río.

Y con sorpresa descubren
que la edad de la ternura
el tiempo se la ha robado
y en su lugar ha dejado
La fuerza, el poder, el valor,
Y de pronto se miraron
plenos machos, bien armados
cornilindos amarrados
para liza o el combate.

Son las cinco de la tarde
del domingo bullanguero,
la plaza está repleta;
la música de la orquesta
con sus sones y canciones
y la gente se alebresta,
en esta hora funesta.

Se abre del toril la puerta,
y cual saeta florida
adornada con listones,
asoma la negra testa
aturdida por aplausos,
de una multitud asombrada
frente a una lanza de acero,
hundida, al cuello clavada.

Exclamación explosiva
la de la gente de fiesta
cuando atina su mirada
en el toro tan hermoso,
que lanza fuerte envestida
al torero que en desplante,
valiente y con gran talante
rinde su pecho y su vida.
frente a filosos puñales
enclavados en la testa.

La bravura del cinqueño
a toda la gente admira,
y parece que dijera
con un mugido espantoso,
cuando expulsada va al aire
su mirada enrojecida
de ira y dolor cargada,
al profundizarse la herida.

No te pido clemencia
Ni cuartel,
No tengo miedo,
No temblaré, ni tiemblo,
permaneceré impávido,
frente a la tercera estúpida estocada
y después al brutal final
del descabello

El toro astifino
enseña clavada en todo lo alto,
una espada de matar atravesada,
volteando sus ojos rojos de coraje
frente a la muerte que se acerca
despiadada.

Después de la feroz
tortura practicada
el miura azota en la arena
su figura
desmembrada,
batida por la sangre derramada.

Solo se escucha un ohhh, profundo.
Y el grito de toda la gente
Torero. torero, torero,
corre el cielo con estruendo,
para viajar a la dehesa,
a los campos del alcázar.

En aquella lejana provincia
de la estirpe bienamada,
en donde un día pastara
muy tranquila la manada.

Al sonido del clarín
azotando el aire frío,
dos mulas tiran sin brío
del cadáver del castaño,
hermosa bestia que fuera
vilmente asesinada,
quedando sola una
plaza plagada de ovaciones,
por el éxito de la faena terminada.

Ya se presenta la noche,
la tarde de hoy se ha agotado,
la luna asoma por el cielo
y una multitud enloquecida
que pidiera su muerte, despiadada,
sin darle importancia a esta historia,
se aleja con rumbo a casa,
a continuar la diversión en otra plaza
y a tomar la merienda acostumbrada.

De entonces yo siempre miro,
como imagen fantasiosa,
las negras fauces abiertas
de aquel burel mal herido,
ocultándose en las ondas
de los giros y las capas,
para concluir sus andanzas
muerto en el ruedo del coso.

Roberto Reyes Cortes

Vía viñeta: El Roto
Más información: El País 1, 23

En El Blog Alternativo: Artículos sobre TOROS
En El Blog Alternativo: Artículos sobre maltrato animal
En El Blog Alternativo: Otras viñetas de El Roto

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Fuente: el blog alternativo

_________________________

14 comentarios leave one →
  1. 22 marzo 2010 8:54 AM

    Hola Freeman

    Me ha encantado tu reflexión y, sin ánimo de ofender, creía que era de algún autor famoso. Había leído comparaciones con los circos romanos de leones y cristianos, q aunque se superaron no por ello desaparecieron ni los leones ni los cristianos, pero nunca había leído una comparación con la inquisición, y es cierto que la tortura es, si no un arte, si una disciplina en si misma, como vemos lamentablemente en muchas pelis y seguro q la realidad supera la ficción.

    La verdad es que si reflexionamos más en profundidad sobre a qué rinde culto nuestra sociedad, nos ponemos a llorar, desde lo que comemos, el ritmo de trabajo, el ocio, la crianza mecánica de los bebés, lo que ocurre con los ancianos, el índice de suicidios, trastornos e infelicidad, los millones de niños drogados con Ritaline, … parches y parches para cosas que están mal desde la raíz.

    Menos mal que todo tiene un fin, y el de este paradigma está cerca cerca, Feliz 2013.

    Saludos alternativos

    • 23 marzo 2010 1:56 AM

      Hola Can-Men, muchas gracias por tu amable comentario, me alegra que te gustó la reflexión. En lo que escribes, me pareció muy inteligente y humorística (e irónica, jajaja) tu frase “Había leído comparaciones con los circos romanos de leones y cristianos, q aunque se superaron no por ello desaparecieron ni los leones ni los cristianos”. Estos toques de humor inglés le ponen a uno la sonrisa, jajajajaja, y además es que la cosa es así.

      Sí, esta claro que en esta sociedad terminal se le rinde culto a todo menos a la Vida.
      Feliz 2010 en adelante, A ver si tenemos “suertecilla” y se adelantan los cambios.
      Enhorabuena por tu excelente blog.

      Saludos alternantes,
      ejejejeje,
      Freeman

  2. 22 abril 2010 3:48 AM

    La fiesta brava, es indudablemente un espectáculo que atrae multitudes que buscan divertirse con la galanura del torero, sus desplantes y el arrimarse a la fuerza peligrosa del toro.
    Del diestro, se destaca su valor, su gallardía y su caminar lento y estudiado.
    Las zapatillas, el terno adornado con hilos oro y plata y hasta la montera, hacen de su figura, un imán que rapta la mirada de la gente.
    Los toques profundos del clarín.
    La música paso doble de la orquesta del pueblo.
    El sol y la sombra de la tarde, metiéndose en la arena, dibujan la tragedia cuyos resultados se escriben en el aire con matices de angustia y de sangre.
    Domeñar el miedo, hacer de un trapo rojo una golondrina, danzar a ritmo de volcán apagado y poner el corazón en la mirada de la florida Manola que adorna el palco, son las pinceladas que describen el festejo y que a no dudarlo calientan el corazón y las arterias de cualquiera.
    Más cuando tales ocurren frente a la cercana envestida de seiscientos kilos de fuerza, concentrada en una bestia que violentamente ataca.
    Está ahí el ambiente festivo, el agitar de la plaza, el templar de la emoción, que poco a poco decae cuando pasado el momento de la euforia, se comienza a dibujar el salvajismo rampante.
    Hasta trece heridas profundas recibe el Toro en una corrida; la insignia o divisa de la ganadería, seis banderillas en los tres pares reglamentarios, tres puyazos de lanza de la pica, ¿para reducir la fuerza?, tres estocadas, y el descabello, hacen de la fiesta una absurda muestra del mas puro salvajismo.
    Independientemente de que una estocada en mal lugar, frecuentemente produce una herida que lanza torrentes de sangre, y enseña a un animal negándose a morir.
    Pocos saben que a los caballos de los picadores, les cortan las cuerdas bucales para que no puedan emitir sonido alguno cuando son cornados por el Toro, les cubren los ojos para que no vean hacia los lados de la envestida y les rellenan las orejas de papel o de algodón para que no escuchen los aullidos desaforados del público alucinado.
    Las tribunas abarrotadas de mujeres espantadas y niños de ojos como
    platos y de corazón estrujado = los reglamentos no previenen que el ingreso a las corridas sea limitado a mayores de edad.=
    Y en las calles la comunidad comenta preocupada, de la violencia desatada, de infantes maltratados, asesinados, de hombres decapitados, de sangre, torrentes de sangre imparable, incontenible, inexplicable.
    Aparte de lo anterior, es muy común que quienes se dedican a ese espectáculo, que tiene un fuerte aliento económico, se quejan que actualmente los toros, no reúnen los requisitos que deberían de exigirse, como que tengan .

    • 23 abril 2010 2:49 AM

      Muchas gracias Roberto, por tan lograda y detallada descripción desde dos perspectivas muy diversas, la del aficionado entusiasta e inconsciente, condicionado por una “cultura-tradición” arraigada en la conciencia colectiva e individual de un -eso sí- cada vez más reducido grupo de taurinos; y la de la persona lúcida, consciente, sensible e inteligente que va más allá de los clichés y las apariencias tradicionalmente asumidos, para desvelar la ruin bestialidad y encarnizamiento cruel e inhumano de una fiesta de la muerte, la sangre, el tormento y el dolor, que es realmente la “corrida de toros”, en primer lugar para los seres vivos y sensibles que lamentablemente son arrojados al ruedo como protagonistas (los toros, y también los caballos). Y en el lado pasivo, para seres humanos alienados que tristemente disfrutan de tales actos de salvajismo, disfrazados de arte. El circo romano no acabó con la caída de Roma. Reapareció siglos después en España. Pero, ahora sí, está punto de acabar para siempre. Amen.

      Un cordial saludo,
      Freeman

  3. LAURA permalink
    3 junio 2010 1:27 PM

    Hola,
    Yo soy catalana, y me parece muy bien que se quieran prohibir los toros, pero en todas sus modalidades… los sectores izquierdosos catalanes para mí son unos falsos: se hacen llamar defensores de los animales porque ‘odian las corridas de toros’, cuando la verdad es que ellos las odian porque se identifican con España, y en cambio los correbous, que es una cosa muy catalana y que consiste en ponerle a los toros bolas de brea ardiendo en los cuernos que los dejan ciegos mientras los maltratan por la calle, les encanta. Si fueran tan defensores de los animales lucharían contra todo tipo de maltrato, incluido correbous, no sólo por las corridas típicamente españolas.

    • 6 junio 2010 3:22 AM

      Hola Laura, magnífico tu comentario, exponiendo la hipocresía de mucha gente, realmente poco interesada en proteger a los animales.

      Un cordial saludo,
      Freeman

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