Saltar al contenido

EL NÚMERO: clave de la función, el proceso y el principio. Extracto del libro “La serpiente Celeste”. Los enigmas de la civilización egipcia

13 enero 2011

Los números eran de suma importancia para los egipcios; sus construcciones, así como su comprensión del cosmos, están íntimamente relacionadas con ellos. Se cree que a través de la numerología se puede llegar a comprender con profundidad los misterios del universo, inclusive con más precisión que con cualquier otro lenguaje; sus funciones, relaciones y proporciones describen el universo tal y como es. Claro está que un escéptico, en todo su derecho, nos podrá decir que son simples coincidencias, ¿y quién podría demostrarle lo contrario?, yo creo que nadie, pero eso no es trascendente, lo más importante es que nos dice nuestro corazón al respecto (…)

Nacho, Liberación Ahora

INTRODUCCIÓN

Estimados y apreciables lectores, sin aparentemente haberlo solicitado, todos nosotros estamos viviendo nuestra experiencia única como seres en este mundo material, contamos con un cuerpo que nos permite existir, y órganos sensoriales que nos permiten interpretar y sentir con precisión todo lo que nos rodea. Para poder existir en un mundo tridimensional material como el que conocemos requerimos de límites, y estos son el ESPACIO y el TIEMPO,  sin el tiempo no podrían existir los eventos, y sin el espacio no podría existir lo que llamamos “materia”.

Estamos inmersos en un mundo material de variedad infinita de formas y posibilidades, estas formas son las primeras que se nos presentan en nuestra existencia como seres, en nuestros primeros años de nuestra vida nos maravillamos con ellas, las descubrimos por primera vez, mientras van avanzando los años las vamos reconociendo; y posteriormente al ir madurando las empezamos a interpretar. Las formas se combinan trayendo consigo eventos y procesos cada vez más densos y complicados, entonces llega el momento en que dichos fenómenos no los comprendemos, o quizás  queremos creer que no los entendemos,  y por ende necesitaremos que alguien mas, con mejor preparación en el tema, nos lo explique. Primeramente  lo harán los seres más allegados a nosotros, y a posteriori entrarán las instituciones académicas.

Cuando uno va creciendo y adquiriendo conciencia, vamos forjando en nosotros una verdad, dicha verdad se fundamenta y se justifica generalmente entre dos ámbitos, el primero es todo aquello que nos han enseñado, y el segundo es la interpretación dada por  nuestros sentidos. Y de alguna forma en un inicio esto parece muy lógico, aparentemente lo que percibimos con nuestros sentidos es lo único que existe; y además esto lo confirmamos a diario al ver  que la gran mayoría de personas piensan de la misma forma, incluyendo familiares, amigos, catedráticos y todos aquellos que son respetados y reconocidos en la sociedad. También nos percatamos que cualquier idea o teoría mas allá de lo comprobable por medio de los sentidos, o de los aparatos de alta tecnología existentes, son considerados mitos y supersticiones.

Tanto la ciencia como todas las instituciones oficiales, imparten conocimientos basados en lo que captan los sentidos, es decir, no existe nada mas allá de lo que no se pueda ver o no se pueda comprobar, pero esto último ha llevado a la ciencia a tremendas contradicciones y paradojas al tratar de explicar los misterios de nuestro vasto Universo basándose en teorías como la casualidad.

Se puede constatar fácilmente la perfección y equilibrio que existen en el universo, tanto en lo macro como en lo micro, algo que es perfecto en una magnitud inimaginablemente enorme deberá ser perfecto en las infinitas partes que lo componen, entonces bajo esta premisa de total perfección la casualidad es inadmisible, ya que generaría caos y desorden.  En lugar de CASUAL (casualidad), el Universo es totalmente CAUSAL (causa), es decir, todo efecto tiene un origen o una causa, la ley causa-efecto es  una de las leyes fundamentales del universo que observamos.

El tiempo, el espacio, y  la misma gravedad son consecuencias de la creación.

La ciencia al basar sus métodos de estudios y experimentación en pre conceptos como el de la casualidad llega a callejones sin salida, a contradicciones y aberraciones, a explicaciones irracionales, y como consecuencia, hasta la fecha, muchísimas preguntas no han podido ser respondidas. Podría mencionar algunas contradicciones muy conocidas, como por ejemplo: el tratar de demostrar que la materia existe, mediante la búsqueda de la partícula más pequeña, o  aberraciones como la llamada “singularidad” en la teoría del Big Bang, donde se afirma que no había tiempo ni espacio al momento de la gran explosión, o que estos dos estaban naciendo en una especie de huevo cósmico infinitamente pequeño ¿?, y escudándose en grandes genios como Einstein, donde osan afirmar que el genio apoyaba dicha teoría;  además de que no existe prueba alguna de ello, Einstein dijo:  

Para que tenga lugar un evento deberá existir el tiempo

La casualidad implica que algo pueda surgir de la Nada, la Nada como tal no existe, por lo tanto no podrá nunca surgir algo de ella. Por ello es que la ciencia no ha podido conciliar la gran teoría cuántica con la igual imponente teoría de la relatividad, el mundo subatómico o cuántico se comporta muchas veces de manera inexplicable para la ciencia y esto debido a pre conceptos erróneos que se basan únicamente en la percepción de nuestros sentidos.

La ciencia para tratar de explicar la vida, la secciona en partes, la aniquila en esencia, olvidando que todo está conectado, olvidando que ese conjunto de partes deben interactuar entre sí, y esa conexión es la que genera el mundo lleno de posibilidades y de vida que conocemos.

La ciencia oficial se escuda en falsas personalidades, así como también en grandes pensadores, esto para poder inventar a placer, de manera arbitraria e impositiva, explicaciones absurdas a temas que ni ellos mismos comprenden, y los adornan con nombres raros y ecuaciones incomprensibles.

Reflexionando acerca de la maravillosa ley universal de causa y efecto,  y apoyándonos en los igualmente maravillosos legados llenos de sabiduría que nos han dejado diferentes religiones, escuelas esotéricas y civilizaciones antiguas alrededor de todo el mundo, podremos llegar a comprender,  y realmente a sentir que lo que captamos con nuestros sentidos es solamente una parte de la verdad, nosotros como seres espirituales perfectos somos la consecuencia de un acto anterior, de un acto creador, existe una verdad que subyace detrás de lo que vemos y sentimos,  esta es menos densa, sin limitaciones de materia, tiempo, ni espacio. Y esa verdad es la única que podrá acercarnos a nuestro YO interno, nuestro YO supremo, que es nuestro espíritu y es parte del todo. El poder sentir que ese universo que no vemos es real, nos hará comprender que estamos en este mundo por una razón específica y que todo está inter-conectado, que todos somos UNO.

Las civilizaciones antiguas tenían conocimientos muy avanzados acerca del cosmos, la metafísica  y de las leyes que gobiernan al hombre, y en sus construcciones y manuscritos nos han dejado evidencia que lo avala, y esto en todos los rincones del mundo, como por ejemplo: en países como Egipto, México, Bolivia, Inglaterra, Damasco, Siria, Jordania, Persia, China  y muchos otros más.

Ellos demostraron conocer la verdad que subyace mas allá de los sentidos.

Las imponentes construcciones del antiguo Egipto dejan asombrados a los más reconocidos arquitectos,  ingenieros y artistas de todo el planeta, el templo de Abu Simbel en Egipto tuvo que ser trasladado para evitar que se inundara con la crecida del lago Nasser, esto a raíz de la construcción de la presa en el puerto de Asuán, inimaginable tratar de moverlo de una sola pieza, tuvo que ser seccionado en partes para su traslado, el proyecto duró 4 años y varios países tuvieron que financiarlo.

El templo de Abu Simbel originalmente fue construido de afuera hacia adentro en la ladera de una montaña en un solo bloque, excavando la dura piedra caliza y siendo de una perfección y armonía sin precedentes, con colosos de casi 20 metros de altura a la entrada. En el museo del Cairo existen esculturas monumentales  esculpidas en Diorita, que es una roca ígnea con mayor dureza que el granito, el pulido de dichas esculturas es de tal perfección que hoy en día no se sabe cómo se pulieron, actualmente con procesos especiales de punta de diamante no pueden obtener el mismo acabado. Las desviaciones existentes, tanto en medidas de construcción y orientación de las pirámides de Egipto, son tan pequeñas que cumplen perfectamente con las más estrictas normas actuales de construcción, actualmente para cumplir con dichas normas y tolerancias, son necesarios instrumentos de gran precisión usando tecnología óptica y láser.

En el valle de los reyes, debajo del accidentado paisaje desértico rocoso y montañoso, se encuentran pasajes subterráneos, interconectados, profundos y extensos, labrados con precisión a través de la dura roca que conducen a diferentes cámaras  (algunas de gran tamaño)  usadas como tumbas, donde se encuentran sarcófagos pulidos en granito rojo, negro y gris perfectamente acabados, de varias toneladas de peso, con grosores de 40 cm., y grabados con jeroglíficos de una precisión impactante. Lo mismo sucede en Sakkara, donde las tumbas aún son más antiguas, donde sus altos relieves en las paredes de las cámaras son de una perfección y armonía sin precedentes.

Templo de Kom Ombo Egipto

Con pruebas de esta magnitud resulta realmente demencial pensar que dichas civilizaciones eran primitivas, y que pudieran haber construido tales monumentos con herramientas como cuerdas y palos. De hecho lugares como Sakkara y el valle de los reyes son lugares donde si se encontraron cuerpos momificados en los sarcófagos, no existe prueba alguna de haber encontrado cuerpos en las pirámides de Egipto, ni que estas hayan sido usadas como tumbas, esa nunca fue su función original. Las pirámides originalmente no tenían accesos, y estaban totalmente cubiertas (se puede observar parte de dicho recubrimiento en la parte superior de la pirámide de Kefren), los exploradores tuvieron que usar dinamita para poder ingresar en ellas, y todas las cámaras estaban totalmente vacías.  Sin embargo la teoría que las pirámides fueron construidas como tumbas para los faraones  prevalece en la egiptología actual.

Sin duda existe un gran misterio en los métodos y técnicas de construcción usados, no existe legado alguno por parte de los egipcios donde expliquen como construyeron tales monumentos, ¿será que ellos no los construyeron?, ¿será posible que las pirámides sean más antiguas de lo que nos han dicho?. Es cierto que se han encontrado asentamientos humanos cerca de las pirámides con antigüedad de 2500 años A.C, pero esto no demuestra en lo absoluto  que hayan sido ellos los responsables de su construcción, estas gentes vivían en chozas rudimentarias. Existen pruebas de expertos que la esfinge tiene rastros de erosión por agua, pero o sorpresa, la última desglaciación en esa zona fue hace 10,000 años, los egiptólogos más reconocidos obviamente lo niegan ya que forman parte de la ciencia oficial.

Tanto los jeroglíficos, así como los altos y bajos relieves que recubren los majestuosos templos egipcios de Philae, Kalabsha, Kom Ombo, Karnak, Luxor, Horus, entre otros, son de una perfección inigualable, hablan de seres divinos, de dioses, de la reencarnación, de viajes astrales, del alma, del espíritu, de la lucha eterna entre el bien y el mal, de avanzados métodos en medicina y otras ciencias. Todo este maravilloso legado la egiptología lo ha silenciado bajo el nombre de leyendas, mitos y supersticiones, que pueblos primitivos solían hacer. Pero las pruebas dicen lo contrario, los templos egipcios hacen sentir al que los visita una sensación de armonía con el todo indescriptible, sus paredes, muros y columnas, además de parecer haber sido construidos por gigantes, están llenos de mensajes y sabiduría, que van mucho más allá de las vanas explicaciones oficiales.

Que mejor lenguaje que los jeroglíficos y relieves egipcios para explicar todo aquello que el lenguaje de la ciencia no puede explicar.

Ruinas de un muro en el tempo de Kom Ombo Egipto

Los egipcios heredaron de civilizaciones más antiguas el cómo trascender mas allá de los límites del tiempo y el espacio, aprendieron a liberarse de paradigmas y prisiones racionales que les permitió estar conectados con el todo, evolucionar en conciencia y progresar como civilización.

Esta breve introducción relacionada con el antiguo Egipto es con la finalidad de presentarles un extracto de la obra de John Anthony West  “La Serpiente Celeste”, donde habla de los grandes enigmas de la civilización Egipcia, esta magnífica obra es una recopilación del gran trabajo realizado por el filósofo alsaciano R. A. Schwaller de Lubicz,  quien vivió cerca de 15 años en el Cairo estudiando a profundidad los templos egipcios, especialmente el de Luxor, con un enfoque totalmente diferente al de la egiptología y la ciencia actual. Considerando a los Egipcios como lo que realmente fueron, una civilización sumamente avanzada, con elevados conocimientos a nivel espiritual y metafísico, estos conocimientos han quedado enterrados en el pasado, y esto a causa de la llamada “marcha del progreso” actual.

Los números eran de suma importancia para los egipcios, sus construcciones, así como su comprensión del cosmos, están íntimamente relacionadas con ellos. Se cree que a través de la numerología se puede llegar a comprender con profundidad los misterios del universo, inclusive con más precisión que con cualquier otro lenguaje; sus funciones, relaciones y proporciones describen el universo tal y como es. Claro está que un escéptico, en todo su derecho, nos podrá decir que son simples coincidencias, ¿y quién podría demostrarle lo contrario?, yo creo que nadie, pero eso no es trascendente, lo más importante es que nos dice nuestro corazón al respecto, les dejo aquí el extracto, y espero que lo disfruten.

Paz y amor, su amigo Nacho

https://sites.google.com/site/jorge1270/imagenes/LiberacionAHORA.PNG

Extracto de la obra  “La Serpiente Celeste”, de John Anthony West

https://i0.wp.com/weiserantiquarian.com/catalogeighty/37019.jpg https://i0.wp.com/www.verbogeometrico.com/imagenes/John%20Anthony%20West.jpg

1. Uno, el absoluto o unidad, creó la multiplicidad a partir de sí mismo. Uno se convirtió en dos. Esto es lo que Schwaller de Lubicz denomina <escisión (división, separación) primordial>. Ésta será siempre insondable e incomprensible para las facultades humanas (aunque el lenguaje nos permita expresar lo que no podemos comprender).La creación del universo es un misterio. Pero en Egipto éste se consideraba el único misterio ineluctable: más allá de la escisión primordial todo resulta, en principio, comprensible. Y si se objeta que una filosofía basada en un misterio es insatisfactoria, hay que recordar que la ciencia moderna está plagada no sólo de misterios, sino de abstracciones que no se corresponden con ninguna experiencia posible en la realidad: el cero, que es una negación; el infinito, que es una abstracción; y la raíz cuadrada de menos uno, que es ambas cosas. Egipto evitó cuidadosamente lo abstracto.Tum (causa trascendente), al mirarse a sí mismo, creó a Atum a partir de Nun, las aguas primigenias.

En nuestros términos, la unidad, el absoluto o energía no polarizada, al hacerse consciente de sí, crea la energía polarizada. El uno se convierte simultáneamente en el dos y el tres. El dos, considerado en sí mismo, es divisible por naturaleza. El dos representa el principio de multiplicidad; cuando se desboca, el dos es la llamada del caos. El dos es la caída. Pero el dos se reconcilia con la unidad, se incluye en la unidad, por la creación simultánea del tres. El tres representa el principio de reconciliación, de relación (este <tres en uno> es, obviamente, la trinidad cristiana, la misma trinidad que se describe en innumerables mitologías de todo el mundo).

Los números no son abstracciones ni entidades en sí mismos. Los números son nombres aplicados a las funciones y principios sobre los que el universo se crea y se mantiene. A través del estudio del número —quizás sólo a través del estudio del número— se pueden comprender estas funciones y principios. En términos generales, damos todas estas funciones y principios por sentados; ni siquiera nos damos cuenta de que subyacen a toda nuestra experiencia y de que, al mismo tiempo, en gran medida los ignoramos. Sólo podemos medir los resultados, que nos proporcionan datos cuantitativos, pero no comprensión. Experimentamos el mundo en términos de nacimiento, crecimiento, fertilización, maduración, senescencia, muerte y renovación; en términos de tiempo y espacio, distancia, dirección y velocidad.

Pero la ciencia contemporánea sólo puede explicar todo esto en términos parciales, superficiales, cuantitativos. Y o bien se niega a admitir estas deficiencias, o bien aplica a los diversos misterios etiquetas impresionantes, pero carentes de significado. Con su nuevo y elocuente vocabulario, insiste en que el misterio se ha resuelto. <Presión selectiva>, <valor de supervivencia>, <interacción entre la genética y el entorno>: analice cualquiera de estas expresiones y encontrará que tras ellas subyacen todos los misterios de la fecundación, el nacimiento, el crecimiento, la maduración, la senescencia, la muerte y la renovación.

Ninguno de ellos se puede explicar por el método científico. Sin embargo, a partir de la reformulación de la mística pitagórica del número se puede tener una idea de su naturaleza. Schwaller de Lubicz denomina a la filosofía basada en el pitagorismo <la única filosofía verdadera>. No se trata de arrogancia, sino del reconocimiento del hecho de que por este medio podemos empezar a comprender el mundo tal como lo experimentamos.

2. El absoluto, la unidad, al hacerse consciente de sí, crea la multiplicidad o polaridad.

El uno se hace dos. Dos no es uno más uno. Metafísicamente, el dos nunca puede ser la suma de uno más uno, ya que sólo hay un uno, que es el todo. El dos expresa la oposición fundamental, la contrariedad fundamental de la naturaleza: la polarización. Y la polaridad es fundamental para todos los fenómenos sin excepción. En el mito egipcio, esta oposición fundamental se describe vívidamente en el interminable conflicto entre Set y Horus (finalmente reconciliados tras la muerte del rey).

La escisión primordial provoca, postula, la reacción. La ciencia moderna es consciente de la polaridad fundamental de los fenómenos, aunque sin reconocer sus implicaciones o su naturaleza necesariamente trascendente. La energía es la expresión mensurable de la rebelión del espíritu contra su confinamiento en la materia. No hay modo alguno de expresar esta verdad fundamental en un lenguaje científico aceptable. Pero el lenguaje del mito lo expresa de forma elocuente: en Egipto se representa a Ptah, el creador de las formas, aprisionado, envuelto en ropas ajustadas. La polaridad es fundamental para todos los fenómenos sin excepción, pero cambia de aspecto según la situación. Este hecho se refleja en el lenguaje común. Aplicamos nombres distintos en función de la situación o de la categoría de los fenómenos: negativo, positivo; activo, pasivo; masculino, femenino; favorecedor, entorpecedor; afirmativo, negativo; sí, no; verdadero, falso; cada par representa un aspecto distinto del mismo principio fundamental de polaridad.

En aras de la claridad y la precisión, distinguimos cuidadosamente entre estos conjuntos de polaridades según su función específica en una situación dada. Y es cierto que, al hacerlo, podemos ganar en claridad y precisión; pero, al mismo tiempo, podemos perder de vista —y, en la ciencia, sucede inevitablemente— la naturaleza cósmica y omnímoda de la polaridad. En el mito se evita este peligro. Aquí, la naturaleza cósmica se intensifica, y el erudito, filósofo o artista individual utiliza el aspecto concreto del principio que se aplica a su tarea o a su investigación, sea ésta la que fuere. Así, no hay que sacrificar la precisión y la claridad en aras de la difusión.

El dos, considerado en sí mismo, representa un estado de tensión primordial o principal. Es una situación hipotética de opuestos eternamente irreconciliables (en la naturaleza no existe tal estado). El dos es estático. En el mundo del dos nada puede ocurrir.

3. Entre las fuerzas opuestas se debe establecer una relación. Y el establecimiento de esta relación constituye, en sí mismo, la tercera fuerza. El uno, al hacerse dos, simultáneamente se hace tres. Y este <hacerse> es la tercera fuerza, que proporciona automáticamente el principio, inherente y necesario (y misterioso), de reconciliación.

Aquí nos enfrentamos a un problema irresoluble tanto en el lenguaje como en la lógica. La mente lógica es polar por naturaleza, y no puede aceptar o comprender el principio de relación. A lo largo de toda la historia, los eruditos, los teólogos y los místicos se han enfrentado al problema de explicar la trinidad en un lenguaje discursivo (Platón luchó resueltamente con él en su descripción del <alma del mundo> , que a todos les parece un galimatías, salvo a los pitagóricos). Sin embargo, el principio del tres se aplica fácilmente a la vida cotidiana, donde —de nuevo— en función de la naturaleza de la situación le damos cada vez un nombre distinto.

Masculino/femenino no es una relación, ya que, para que haya relación, debe haber <amor> o, al menos, <deseo> . Un escultor y un bloque de madera no producirán una estatua: el escultor debe tener <inspiración>. Sodio/cloro no es en sí mismo suficiente para producir una reacción química: debe haber <afinidad>. Incluso el racionalista, el determinista, rinde homenaje inconscientemente a este principio: incapaz de dar cuenta del mundo físico a través de la genética y el entorno, apela a la <interacción> , que no es sino un calificativo aplicado a un misterio. La lógica y la razón son facultades para discernir, distinguir, discriminar (obsérvese la presencia del prefijo griego dis-, que significa <dos> ).

Pero la lógica y la razón no pueden explicar la experiencia cotidiana: incluso los lógicos se enamoran. La tercera fuerza no puede ser <conocida> mediante las facultades racionales; de ahí el aura de misterio que planea sobre todos y cada uno de sus innumerables aspectos: <amor>, <deseo>, <afinidad>, <atracción>, <inspiración> . ¿Qué <sabe> el genetista de la  <interacción>? No puede medirla. La infiere, la extrapola de su propia experiencia, y, al utilizar un término al que se ha despojado de toda emoción, supone que está siendo <racional> . No puede definir la <interacción> con una precisión mayor de la que puede emplear el escultor para definir la <inspiración> , o el amante para definir el <deseo> . Es el corazón, y no la cabeza, el que comprende el tres (con el término corazón me refiero aquí al conjunto de las facultades emocionales humanas). La <comprensión> es una función emocional, antes que intelectual, y es prácticamente sinónimo de reconciliación, de relación. Cuanto más se comprende, más capaz se es de reconciliar y de relacionar.

Cuanto más se comprende, más se reconcilian aparentes incongruencias e incoherencias. Es posible que uno sepa mucho y, en cambio, comprenda muy poco. Así, aunque no podamos medir o conocer el tres directamente, podemos experimentarlo en todas partes. A partir de la experiencia cotidiana común, podemos proyectar y reconocer el papel metafísico del tres: podemos ver por qué la trinidad constituye un fenómeno universal en las mitologías del mundo. Tres es la <Palabra>, el <Espíritu Santo>, el absoluto consciente de sí mismo. El hombre no experimenta directamente el absoluto o la unidad de la escisión primordial. Pero la famosa experiencia mística, la unión con Dios, es —en mi opinión— la experiencia directa de ese aspecto del absoluto que es la conciencia.

En qué medida se comprende el tres constituye una buena indicación de la medida en que se es civilizado. Reconocer la tercera fuerza equivale a consentir el misterio fundamental de la creación; al mismo tiempo, constituye un reconocimiento de la necesidad fundamental de reconciliar a los opuestos. El hombre que comprende el tres no será seducido fácilmente por el dogmatismo. Sabe que, en nuestro mundo, los conceptos de verdadero y falso son relativos; o, si parecen absolutos, como en los sistemas lógicos, entonces es que el propio sistema es relativo, una abstracción de una realidad mayor y más compleja. No comprender esto da como resultado el curioso razonamiento moderno que declara válida la parte, pero afirma que el todo es una ilusión.

Aunque la tercera fuerza no se puede medir o conocer directamente, una ciencia amplia de miras como la egipcia puede abordarla con arte —en realidad, cualquier tipo de creación— sólo se puede dar frente a una oposición equilibrada. El bloque de madera constituye la oposición del escultor en un sentido muy real, como todo escultor sabe bien. Si su inspiración resulta insuficiente para tratar con su bloque de madera, o bien saldrá a emborracharse, o bien producirá un pretencioso fracaso. Si el bloque de madera resulta insuficiente para su inspiración, acabará con un sentimiento de ambición frustrada. Fácil de reconocer en principio, la capacidad para dar a la oposición el lugar que se merece es una de las más difíciles de poner en práctica. De ahí que el principio se haya expresado y vuelto a expresar de mil maneras distintas en las literaturas sacras de todo el mundo. Es esto, y no un sentimiento de servilismo, lo que pretende el dicho cristiano <ama a tu enemigo>. ¡Trata de amar a tu enemigo!

4. Material, sustancia, cosas; el mundo físico es la matriz de toda experiencia sensual. Pero no se puede explicar lo material o la sustancia con dos términos, ni con tres. El dos es una tensión abstracta o <espiritual>. El tres es una relación abstracta o <espiritual> . El dos y el tres resultan insuficientes para explicar la idea de <sustancia> , y podemos ilustrar esto con una analogía. Amante/amado(a)/deseo todavía no es una <familia>, ni siquiera una relación amorosa. Escultor/bloque/inspiración no es todavía una estatua. Sodio/cloro/afinidad todavía no es sal.

Explicar la materia requiere, en principio, cuatro términos: escultor /bloque /inspiración /estatua; amante /amado(a) /deseo /relación amorosa; sodio/cloro/afinidad/sal. Así, la materia es un principio que está más allá y por encima de la polaridad y la relación. Incluye necesariamente tanto al dos como al tres, pero es algo más que la suma de sus elementos constitutivos, como sabe muy bien cualquier escultor o cualquier amante. La materia, o sustancia, constituye tanto una combinación como una nueva unidad; es una analogía de la unidad absoluta, que es de naturaleza trina.

Los cuatro términos necesarios para dar cuenta de la materia son los famosos cuatro elementos, que no constituyen, como cree la ciencia moderna, un primitivo intento de explicar los misterios del universo material, sino, más bien, un modo —preciso y sofisticado— de describir la naturaleza inherente de la materia. Los antiguos no creían que la materia estuviera hecha realmente de las realidades físicas del fuego, la tierra, el aire y el agua. Utilizaban estos cuatro fenómenos comunes para describir los papeles funcionales de los cuatro términos necesarios de la materia, o, mejor dicho, del principio de sustancialidad (en el cuatro no hemos llegado todavía a la realidad física con la que topamos).

El fuego es el principio activo y coagulante; la tierra es el principio receptivo y formador; el aire es el principio sutil y mediador, el que realiza el intercambio de fuerzas, y el agua es el principio compuesto, producto del fuego, la tierra y el aire —y, sin embargo, una <sustancia> que está más allá y por encima de ellos. Fuego, aire, tierra, agua. Los antiguos elegían con cuidado. Decir lo mismo en lenguaje moderno requiere más términos, ninguno de los cuales se recuerda con tanta facilidad. Principio activo, principio receptivo, principio mediador y principio material: ¿para qué molestarse con tales abstracciones cuando fuego, tierra, aire y agua dicen lo mismo, y lo dicen mejor?. En Egipto, la conexión íntima entre el cuatro y el mundo material o sustancial se aplicó al simbolismo. Así, encontramos las cuatro orientaciones; las cuatro regiones del cielo; los cuatro pilares del cielo (soporte material del reino del espíritu); los cuatro hijos de Horus; los cuatro órganos; los cuatro canopes, donde se guardaban los cuatro órganos después de la muerte; los cuatro hijos de Geb, la Tierra.

La unidad es la conciencia perfecta, eterna e indiferenciada. La unidad, al hacerse consciente de sí, crea la diferenciación, que es polaridad. La polaridad, o dualidad, es una expresión dual de la unidad. Así, cada aspecto participa de la naturaleza de la unidad y de la naturaleza de la dualidad: de lo <uno> y de lo <otro>, como señala Platón. Así pues, cada aspecto de la dualidad espiritual, primordial, es en sí mismo dual. La escisión primordial crea un doble antagonismo, que se reconcilia mediante la conciencia.

Esta doble reacción, o doble inversión, constituye la base del mundo material. Si no entendemos nada de este cuádruple proceso, apenas comprenderemos el mundo de los fenómenos, que es nuestro mundo. Estudiados de la forma correcta, los símbolos clarifican estos procesos mejor que las palabras. El cuadrado inscrito en un círculo representa la materia potencial, pasiva, contenida en la unidad. Este mismo proceso se muestra en acción —por decirlo así— en la cruz (que es algo más que dos trozos de madera sobre los que se clavó a un judío advenedizo). Es la cruz de la materia, en la que estamos prendidos todos nosotros. En esta cruz se crucifica al Cristo, al hombre cósmico, quien, al reconciliar sus polaridades a través de su propia conciencia, alcanza la unidad.

Es este mismo principio de doble inversión y de reconciliación el que subyace en todo el arte y la arquitectura religiosos de Egipto. Los brazos cruzados del faraón momificado — quien (cualesquiera que hubieran sido sus rasgos personales) representa los sucesivos estadios del hombre cósmico— sostienen, también cruzados, el cetro y el flagelo que representan su autoridad. Esquemáticamente, el punto de intersección de los dos brazos de la cruz cristiana representa el acto de la reconciliación, el punto místico de la creación, el <germen>. En un esquema parecido, el faraón exaltado y momificado representa el mismo punto abstracto. Así, tanto la cruz como el faraón momificado representan el cuatro y el cinco.

5. Para los pitagóricos, el cinco era el número del <amor>, ya que representaba la unión del primer número masculino, el tres, con el primer número femenino, el dos.

También se puede denominar al cinco el primer número <universal> . El uno —es decir, la unidad—, al contenerlo todo, resulta, estrictamente hablando, incomprensible. El cinco, que incorpora los principios de polaridad y reconciliación, es la clave para comprender el universo manifiesto, ya que el universo, al igual que todos los fenómenos sin excepción, es de naturaleza polar, en principio triple. De las raíces del dos, el tres y el cinco se pueden derivar todas las proporciones y relaciones armónicas. La interrelación de dichas proporciones y relaciones gobierna las formas de toda materia, orgánica e inorgánica, y todos los procesos y secuencias de crecimiento. Es posible que en un futuro no muy lejano, la ciencia, con la ayuda de los ordenadores, llegue a alcanzar un conocimiento preciso de estas complejas interacciones. Pero no lo logrará hasta que acepte los principios subyacentes que los antiguos conocían. Puede parecer extraño atribuir sexo a los números. Pero la reflexión sobre el papel funcional de éstos justifica inmediatamente esta manera de proceder.

El dos, la polaridad, representa un estado de tensión; el tres, la relación, representa un acto de reconciliación. Los números femeninos, los pares, representan estados o condiciones; lo femenino es aquello sobre lo que se actúa. Lo masculino es lo iniciativo, lo activo, lo <creador>, lo positivo (lo agresivo, lo racional); lo femenino, a su vez, es lo receptivo, lo pasivo, lo <creado> (lo sensitivo, lo nutriente). No se debe interpretar esto como un panfleto en defensa de un machismo universal: el universo es polar, masculino/femenino, por naturaleza. Y probablemente no es un hecho accidental que en incontables fenómenos del mundo natural encontremos esta relación entre los números impares y la masculinidad, y entre los números pares y la feminidad. Los órganos genitales sueles ser triples. Las hembras de todas las especies de mamíferos tiene dos mamas (o un número superior de ellas, múltiplo de dos). En un universo accidental no hay razón alguna por la que debería prevalecer tal uniformidad.

Así pues, para los pitagóricos el cinco era el número del amor; pero, dadas las innumerables connotaciones de este término, tan mal utilizado, probablemente sea preferible referirnos al cinco como el número de la vida. Cuando querían representar al dios del universo, o el destino, o el número cinco, dibujaban una estrella. Se necesitan cuatro términos para explicar la idea de materia o sustancia. Pero estos cuatro términos resultan insuficientes para explicar su creación. Es el cinco —la unión de lo masculino y lo femenino— el que permite que aquélla <suceda>.

Es la comprensión del cinco desde esta perspectiva la responsable de la peculiar reverencia de la que ha sido objeto en numerosas culturas; de ahí que la estrella de cinco puntas, o pentagrama, y el pentágono hayan sido símbolos sagrados en las organizaciones esotéricas (y de ahí, también, que resulte tan irónico ver que este último forma hoy el plano arquitectónico del mayor cuartel militar del mundo). En el antiguo Egipto, el símbolo de la estrella se dibujaba con cinco puntas. El ideal del hombre realizado era convertirse en una estrella, y <pasar a estar en compañía de Ra>.

Si aplicamos los papeles funcionales del número a las situaciones familiares de la vida cotidiana, podemos percibir mejor su modo de funcionar que con una descripción técnica. En el marco de las funciones, los papeles cambian y se hacen más complejos. Hombre/mujer es una polaridad. Pero el mismo hombre y la misma mujer, vinculados por el deseo en una relación, ya no son los mismos; y cuando la relación —de tres términos— se convierte en la tetrada de la relación amorosa, o de la familia, las partes que en ella participan cambian de nuevo funcionalmente (como saben muy bien todos los amantes, maridos y mujeres). Estas partes implicadas desempeñan simultáneamente tanto papeles activos, masculinos e iniciativos, como pasivos, femeninos y receptivos. El amante es activo con respecto a su amada, y receptivo al deseo; ella es receptiva ante sus tentativas, pero provoca el deseo. El escultor es activo con respecto al bloque de madera, y receptivo a la inspiración; el bloque de madera es receptivo ante su cincel, pero provoca la inspiración. Es este tipo de pensamiento el que subyace a la filosofía vital de Egipto.

En términos generales, la filosofía contemporánea falla en dos importantes ámbitos. Uno, caracterizado por el positivismo lógico y sus descendientes, bastante más sofisticados, se centra en la metodología lógica y científica. El otro, tipificado por el existencialismo en sus diversas formas, se centra en la experiencia humana en un contexto personal o social. Ninguna de estas dos escuelas incorpora el pensamiento pitagórico, con el resultado de que los positivistas han elaborado una herramienta analítica rigurosamente consistente, pero sin relación con la experiencia humana, mientras que los existencialistas han hecho útiles observaciones sobre la experiencia, pero no pueden encajarlas es una estructura consistente o convincente.

El enfoque pitagórico revela una estructura y un sistema que subyacen a la experiencia. La filosofía del antiguo Egipto no es filosofía en el sentido actual: no tiene textos explicativos. Sin embargo, es auténtica filosofía en tanto es sistemática, consecuente y coherente, y se organiza en torno a unos principios que se pueden expresar de manera filosófica. Egipto expresaba estas ideas en la mitología, y su coherencia sólo se revela cuando se estudia la mitología como dramatización e interacción del número.

A partir de su estudio de la cabala hebrea, la filosofía china del yin y el yang, la mística cristiana, la alquimia, los textos sagrados hindúes y los últimos trabajos de la física moderna, Schwaller de Lubicz reconoció un vínculo pitagórico común en todos ellos. Por mucho que difieran los medios o los modos de expresión, cada una de estas filosofías o disciplinas se ocupa de la creación del mundo, o de la materia, del vacío; cada una de ellas reconoce que el mundo físico no es sino un aspecto de la energía; cada una de ellas —excepto la física moderna, la cual, al centrarse en el aspecto material del problema, elude sus implicaciones filosóficas— reconoce que la <vida> constituye un principio fundamental del universo, y no una ocurrencia tardía o un accidente.

El número del <amor>, el número sagrado para Pitágoras, el número simbolizado por el pentágono y el pentagrama, y que gobernó las proporciones de las catedrales góticas, desempeñó en Egipto un papel fundamental, aunque más sutil. Aparte del carácter jeroglífico de la estrella de cinco puntas, no encontramos ningún ejemplo patente de figuras de cinco lados. En lugar de ello, Schwaller de Lubicz descubrió que la raíz cuadrada de cinco regía las proporciones del <sanctasanctórum>, el santuario más interior del templo de Luxor. En otros casos, descubrió que las proporciones de determinadas cámaras estaban regidas por el hexágono generado por el pentágono. En otras, diversos rectángulos cruzados de 8 X 11 —figuras de cuatro lados que generan el pentágono a partir del cuadrado— regían las proporciones de los murales de las paredes, que se relacionaban simbólicamente con las funciones representadas por el cinco.

Egipto utilizó también ampliamente la sección áurea, que, desde la escisión primordial, rige el flujo de los números hasta el cinco. La estrella de cinco puntas, formada por segmentos basados en la sección áurea, es el símbolo de la actividad incesante; el cinco es la clave de la vitalidad del universo, su naturaleza creadora. En términos mundanos, el cuatro explica el hecho de la estatua del escultor, pero no da cuenta de su <hacerse>. Se necesitan cinco términos para explicar el principio de la <creación>; en consecuencia, el cinco es el número de la <potencialidad>. La potencialidad existe fuera del tiempo. El cinco es, pues, el número de la eternidad y del principio de la eterna creación, de la unión de lo masculino y lo femenino (y es por esta razón, y de acuerdo con esta línea de pensamiento, por lo que los antiguos hicieron al cinco objeto de lo que a nosotros nos parece una especial reverencia).

6. Se necesitan cuatro términos para explicar el principio o la idea de <sustancia>. Se requieren cinco para dar cuenta de la <creación>, del acto de llegar a ser, del acontecimiento. Pero cinco términos resultan insuficientes para describir el marco en el que este acontecimiento tiene lugar, la realización de la potencialidad.

Este marco es el tiempo y el espacio. En este sentido, podemos decir que el Seis es el número del mundo. El cinco, al hacerse seis, engendra o crea el tiempo y el espacio. Las funciones, procesos y principios relativos al uno, el dos, el tres, el cuatro y el cinco se pueden calificar de espirituales o metafísicos. En cualquier caso, son invisibles. No podemos ver realmente, o siquiera visualizar, una polaridad, una relación, la sustancia principal o el acto de creación. Pero vivimos en un mundo de tiempo y espacio, y, por desgracia para nosotros, esta avasalladora interpretación sensorial del tiempo y el espacio condiciona lo que denominamos <realidad>, una realidad que no es sino un aspecto de la verdad. Nuestra lengua, con sus tiempos verbales de pasado, presente y futuro (no todas los tienen), refuerza el panorama ilusorio descrito por los sentidos.

Desde tiempo inmemorial, eruditos, filósofos y pensadores se han estrujado el cerebro con el problema del tiempo y el espacio, y raramente se han dado cuenta de que el propio lenguaje en cuyo marco esperaban resolver el problema se hallaba estructurado de forma tal que sustentaba la evidencia de los sentidos. Probablemente en tiempos antiguos este problema era menos acusado de lo que lo es hoy. La lengua es el principal instrumento de expresión de las facultades intelectuales. Cuando los hombres eran menos dependientes de sus intelectos y, con toda probabilidad, poseían unas facultades intuitivas y emocionales más desarrolladas, eran también más susceptibles a las experiencias que trascienden el tiempo y el espacio, y eran capaces de aceptar las evidencias provisionales de los sentidos como lo que realmente son.

Aparentemente experimentamos el tiempo como un flujo, mientras que el espacio nos parece que es eso en donde están contenidas las cosas. Pero si sometemos estas impresiones al análisis racional, acabamos por llegar a aparentes disparates, o, en caso contrario, nos vemos obligados a seguir a los positivistas y concluir que nuestras preguntas están formuladas de manera incorrecta, y, en consecuencia, carecen de sentido. Seguimos quedándonos con la avasalladora impresión del tiempo como flujo, lógicamente sin principio ni fin, y —también lógicamente— sin un <presente> , ya que el pasado y el futuro se funden incesantemente uno con otro.

Si consideramos el espacio en función de lo que contiene, nos vemos limitados a postular una extensión infinita, o bien, si el universo es finito, una infinidad que comienza en sus límites. Ninguna de las dos soluciones resulta satisfactoria, y de nuevo nos quedamos con la indeleble impresión de que el espacio contiene las cosas, pero el propio <espacio> sigue siendo un misterio. No hay nada en la ciencia o en la filosofía que pueda resolver este problema. Sin embargo, el estudio del simbolismo de los números, y de las funciones y principios que éstos describen, nos permite apoyarnos en una sólida base intelectual. No se trata de un sustituto de la experiencia mística, que por sí sola lleva aparejada la inalterable certeza emocional que denominamos <fe>. Pero, al menos, nos permite ver simultáneamente tanto la naturaleza <real> del tiempo y el espacio como su aspecto condicional, que es el que nos transmite nuestro aparato sensorial. Nos permite, asimismo, reconciliar los puntos de vista, aparentemente irreconciliables, de la mística oriental —que sostiene que el mundo de los sentidos (y, con él, el tiempo y el espacio) es una ilusión, que es integramente un constructo mental— y el empirismo occidental —que toma los datos sensoriales al pie de la letra, a pesar de los insolubles problemas filosóficos y científicos que esto plantea—.

Ambas interpretaciones son correctas según el punto de vista que se adopte. En términos del mundo material, el tiempo es real. Es real en todo lo que se refiere a nuestros cuerpos, pues vivimos y morimos. En los términos del mundo espiritual, no es que el tiempo sea una <ilusión> en el sentido de realidad falsamente percibida; por el contrario, el tiempo no existe. Para el absoluto, para la unidad trascendente, no hay tiempo. Y todas las religiones iniciáticas enseñan que la meta del hombre es la unión con el absoluto, con Dios, con el reino del <espiritu>.

En consecuencia, un importante aspecto de dichas enseñanzas es la insistencia en la necesidad de trascender el tiempo, puesto que es el tiempo el que nos hace esclavos del mundo material. Sin embargo, dado que nuestro cuerpo se halla ligado al tiempo, y nuestras necesidades, placeres, dolores y deseos están tan estrechamente vinculados al cuerpo, se nos hace difícil imbuirnos de la inquebrantable determinación de actuar según la necesidad de trascender el tiempo, a pesar de que teóricamente defendamos esta idea. De ahí surgen las elaboradas disciplinas y rituales del yoga, el zen, y otras formas de religiones de Oriente y Occidente.

El estudio del simbolismo del número no permitirá por sí solo a un hombre trascender el tiempo, pero, al clarificar el asunto, al demostrar el modo en que el tiempo y el espacio desempeñan sus papeles en el gran diseño universal, el simbolismo del número puede ayudarnos a verlos bajo su auténtica luz, y, acaso, puede contribuir a que la necesidad de trascendencia se nos haga mucho más urgente.

El marco en el que tiene lugar la creación es el tiempo y el espacio, cuya definición requiere seis términos. La creación no tiene lugar en el tiempo; lejos de ello, el tiempo es un efecto de la creación. Las cosas no existen en el espacio: son el espacio. No hay más tiempo que el definido por la creación; no hay más espacio que el definido por el volumen. El universo material constituye una jerarquía interrelacionada de energías de diferentes niveles u órdenes de densidad, a las que nuestros sentidos sólo tienen un acceso limitado. Una ciencia que trate de explicar el orden universal en términos de la experiencia sensorial humana, o a través de máquinas que no son sino extensiones cuantitativas de los sentidos humanos, está condenada a alejarse cada vez más de una comprensión global.

Esta es la situación que podemos ver actualmente, cuando la especialización prolifera cada vez más, y, aunque en teoría se habla de las innegables interacciones entre los diversos campos, los especialistas no tienen ninguna pista acerca de cómo y por qué tienen lugar dichas interacciones. Y la interminable disputa en torno a la cuestión de si el universo es, en última instancia, material o espiritual, continúa. En Egipto y otras civilizaciones antiguas la situación era totalmente opuesta. En su filosofía vital no se hacía distinción entre mente y materia: ambas se comprendían como aspectos de un mismo diseño. Sólo la escisión primordial era incognoscible: todo lo demás se remitía a este acontecimiento en términos de funciones, principios y procesos, los cuales resultaban comprensibles mediante los números, y comunicables (en Egipto) mediante los neters (los llamados <dioses>), cuyos atributos, gestos, tamaño y situación se alteraban en función del papel desempeñado en una situación determinada. (En la lengua moderna hacemos lo mismo de forma menos sistemática: sabemos —aunque no podríamos <demostrarlo>— que el papel de <hombre> en una polaridad no es el mismo que el de <amante> en una relación.)

El seis, el número del mundo material y, en consecuencia, del tiempo y el espacio, es el número elegido por los egipcios para simbolizar los fenómenos espaciales y temporales. El seis servía a los egipcios, como nos sirve a nosotros, para establecer las divisiones temporales básicas: el día en veinticuatro horas (doce de día y doce de noche); el año en doce meses, de treinta días cada uno, más otros cinco días en los que <nacieron los neters>.

Esto no es accidente ni casualidad, sino un corolario natural del papel funcional del seis. (En la mecánica celeste, las explicaciones del movimiento utilizan un espacio de seis dimensiones: tres para la posición, y tres para la velocidad de cada partícula o planeta.) El volumen requiere seis direcciones de extensión para definirlo: arriba y abajo, delante y detrás, izquierda y derecha. En Egipto, el cubo, la figura perfecta de seis caras, se utilizaba como símbolo de la realización en el espacio; el cubo es, pues, el símbolo del volumen. El faraón aparece sentado en su trono, que es un cubo (a veces se esculpe surgiendo de un cubo); el hombre está situado inequívocamente en la existencia material. Nada podría resultar más claro que este ejemplo de reconocimiento consciente del papel y la función del Seis. Pero para reconocernos a nosotros mismos, debemos ser capaces de pensar como lo hacía Pitágoras.

El seis se simboliza también por el hexágono, por el sello de Salomón y por los dobles trigramas del i ching chino, cada uno de los cuales representa un enfoque distinto e ilustra un aspecto diferente del seis, aunque dichos aspectos son, en última instancia, complementarios. (El cubo es el resultado del seis; el sello de Salomón y los dobles trigramas constituyen el seis en acción.) En Egipto, Schwaller de Lubicz descubrió que las dimensiones de ciertas salas concretas del templo de Luxor venían determinadas por la generación geométrica del hexágono a partir del pentágono. Se trata de una expresión simbólica de la materialización de la materia a partir del acto creador espiritual. Al mismo tiempo, constituye una expresión real de materialización. El templo simboliza, y —a la vez— es, el tiempo y el espacio, en estricta conformidad con las leyes pertinentes.

7. Se requieren cinco términos para dar cuenta del principio de la vida, del acto creador, del <acontecimiento>. Seis términos describen el marco en el que los acontecimientos tienen lugar. Pero seis términos resultan insuficientes para explicar el proceso de venir al ser, de <hacerse>.

En el mundo material, generalmente experimentamos este proceso en términos de crecimiento. Pero cuando relacionamos el significado funcional del siete con la experiencia cotidiana, esta analogía se empieza a agotar. En el cinco, la correspondencia entre el escultor y el <acto> cósmico era precisa. En el seis, rozábamos el borde de la metáfora. Nuestro escultor, en el seis, no creaba tiempo y espacio: estaba ya en el tiempo y el espacio, y esculpía de forma creadora. El <volumen> de su estatua preexistía en el bloque de madera (aunque, desde la perspectiva de la estatua, podríamos decir que el escultor representaba de nuevo el papel de Dios, y creaba el tiempo y el espacio de la estatua en cuanto estatua, que previamente no existía). En el siete, sin embargo, nuestra analogía se convierte en metáfora pura. El escultor no hace <crecer> a la estatua en ningún sentido material ni biológico. Nosotros crecemos, al igual que un mono. Pero el <crecimiento> de la estatua es puramente metafórico (aunque puede que no se lo parezca del todo al propio escultor, quien, observando detalladamente el progreso de su creación, desde la idea, o <germen>, hasta su finalización, puede hacerse una idea del principio de creación).

Se necesitan siete términos para dar cuenta del fenómeno del crecimiento. El crecimiento es un principio universal observable (y mensurable) en todos los ámbitos del mundo físico, excepto en los más microcósmicos (no podemos observar o medir el <crecimiento> de un átomo o de una molécula). Al igual que todos los principios y funciones descritos hasta ahora, todos los cuales contribuyen a nuestra experiencia del mundo tal como es, el <crecimiento> no se puede explicar científicamente. No hay nada en el comportamiento del átomo de hidrógeno que haga predecible que un gatito se convierta en un gato adulto.

Pero, como ocurre con todas las demás funciones y procesos, la ignorancia científica se enmascara tras una aparatosa verborrea. Las cosas se desarrollan porque unos <mecanismos> que se iniciaron de manera fortuita en el transcurso de la <evolución> han puesto de manifiesto que el <crecimiento> es un factor que lleva a la <supervivencia>. Y este fatuo circunloquio se califica de <pensamiento racional>. Es interesante señalar que, hasta ahora, al relacionar el número con la función, hemos podido mostrar por qué los números dos, tres, cuatro, etc., y no otros, se aplican a la polaridad, la relación y la sustancialidad; pero no podemos encontrar fácilmente ejemplos físicos concretos que respalden estas correlaciones: no podemos hallar ninguna prueba física de que un montón de sal, en cuanto realidad material, está implícito en el significado del cuatro. Un escéptico podría considerar que la aplicación universal del seis a los sistemas de medición del tiempo y el espacio es arbitraria. Sin embargo, cuando llegamos al siete, nos encontramos con que ya no podemos relacionar este número directamente con nuestra experiencia: no podemos iniciar nuestro propio <crecimiento> . Pero en el mundo físico encontramos multitud de ejemplos en los que el siete se manifiesta en forma de sistemas que crecen o de sistemas activos.

El crecimiento no es un proceso continuo. Se da en pasos discretos, en saltos cuánticos. Los niños parecen <estirarse> de golpe; y realmente lo hacen. Los huesos no crecen continuamente: durante un tiempo aumentan de longitud, y luego de grosor. En ciertos períodos (numéricamente determinados) el crecimiento avanza deprisa; entre uno y otro apenas hay crecimiento. Se requieren siete términos para dar cuenta del principio de crecimiento, y es un hecho notable la frecuencia con la que el siete, o sus múltiplos, rigen los pasos reales, o las etapas y secuencias, del crecimiento (aún más notable si se tiene en cuenta que la ciencia ignora el pensamiento pitagórico y, en consecuencia, no trata de buscar tales correspondencias; pero los datos se acumulan de todos modos).

Los fenómenos tienden a completarse en siete etapas, o son completos en esa fase concreta. En la escala armónica hay siete tonos. Es la escala armónica, y la función humana de la audición, la que nos proporciona acceso directo al proceso del crecimiento, de la creatividad manifestándose. Fue esta razón —y no el azar o la superstición— la que llevó a los pitagóricos explícitamente, y a los egipcios implícitamente, a emplear la escala armónica como el instrumento perfecto para enseñar y mostrar el funcionamiento del cosmos. Consideremos una cuerda de una longitud dada como la unidad. Hagámosla vibrar: producirá un sonido. Sujetemos la cuerda por su punto medio, y hagámosla vibrar de nuevo: ahora producirá un sonido una octava más alto. La división en dos da como resultado una analogía de la unidad original. (Dios creó a Adán a su imagen, y necesitó siete días —o etapas discretas— para realizar su trabajo.) Esquemáticamente, la cuerda dividida que vibra ilustra el principio de doble inversión, que impregna todo el simbolismo egipcio, y que sólo ahora están investigando los físicos subatómicos como característica fundamental de la materia. Entre la nota original y su octava hay siete intervalos, siete etapas desiguales que —pese a su desigualdad— el oído interpreta como <armónicas>.

No podemos describir o definir la armonía en términos lógicos o racionales. Pero reaccionamos a ella —y a su ausencia— de manera instintiva. Esta reacción se caracteriza por una inequívoca sensación de <equilibrio>. Las notas de la escala musical remiten a la división del uno en dos. Dichas notas representan momentos de reposo en el descenso de la unidad hacia la multiplicidad. Se puede decir que el universo creado <ocurre> entre el uno y el dos, y la armonía evoca en nosotros una conciencia instintiva (e incluso un anhelo) de la unidad de la que aquélla se deriva. La armonía es la remembranza de la unidad. Y el arte que se basa en principios armónicos despierta en nosotros el sentimiento de unidad y del orden cósmico o <divino>.

En el mundo que experimentamos, todas las unidades representan estados de equilibrio dinámico (aunque provisional); son etapas del retorno a la unidad, oasis en el caos que implica la multiplicidad desenfrenada. Un átomo es un momento de equilibrio. También un gato lo es. El equilibrio es un estado en el que las fuerzas positivas y negativas se compensan. La ciencia moderna, con su doctrina de la entropía y la entropía negativa,* expresa este mismo principio sin reconocer su significado funcional.

El zodíaco astrológico occidental (¡un producto de la imaginación primitiva!) expresa este principio de forma precisa y completa: Libra, la balanza, es el séptimo signo. El Siete significa la unión del espíritu y la materia, del tres y el cuatro. Una de las formas que expresan tradicionalmente el significado del siete es la pirámide, tan característica de la arquitectura egipcia: una combinación de una base cuadrada, que simboliza los cuatro elementos, y unos lados triangulares, que simbolizan las tres modalidades del espíritu. Las diferentes pirámides se han construido de manera que expresen distintas funciones de la sección áurea. La pirámide, construida de acuerdo con la sección áurea, no sólo tiene una utilidad simbólica. En la práctica es la forma que más útil resulta para toda una serie de funciones geográficas, geodésicas, cronométricas, geométricas, matemáticas, numéricas, coreográficas y astronómicas, funciones que diversos eruditos modernos han demostrado que se hallan innegablemente incorporadas a la pirámide (especialmente en la denominada Gran Pirámide de Keops). Hasta hace muy poco los egiptólogos habían preferido ignorar los datos más relevantes, pero hay algunos indicios de que el cambio de actitud es inminente.

8. Antes de tratar de las funciones y principios inherentes al ocho, vale la pena hacer una advertencia respecto al simbolismo del número. A medida que vamos pasando de un número a otro, cada uno de ellos no sólo simboliza y define la función concreta a él asignada, sino que incorpora todas las combinaciones y funciones que han llevado hasta él. Así, por ejemplo, la polaridad, la tensión entre los opuestos, es una función sencilla. Pero el cinco no sólo representa el acto de creación; incorpora también al dos y al tres, los principios masculino y femenino, y dos conjuntos de opuestos —el principio de doble inversión— unidos por el invisible punto de intersección. El cinco es también el uno, o unidad, actuando sobre el cuatro, o materia original: por tanto, la creación.

Cuando llegamos al siete, las cosas se hacen aún más complejas. Cada aspecto de la combinación se manifiesta de forma distinta. Siete es cuatro y tres: la unión de materia y espíritu; es cinco y dos: oposición fundamental unida por el acto, por el ; y es también seis y uno: la nota fundamental, el do, materializada por el seis, es decir, que en el tiempo y el espacio produce su octavo tono, que es una nueva unidad. Esta nueva unidad no es idéntica, sino análoga, a la unidad primera. Es una renovación o <autorreplicación>. Y para explicar el principio de autorreplicación se necesitan ocho términos. La antigua unidad ya no existe, y una unidad nueva ha ocupado su lugar: «¡El rey ha muerto! ¡Viva el rey!». En el zodíaco, es el octavo signo, Escorpión, el que tradicionalmente simboliza la muerte, el sexo y la renovación.

En Egipto, un texto muy conocido declara: <Yo soy uno, que se convierte en dos, que se convierte en cuatro, que se convierte en ocho, y luego vuelvo a ser uno> . Thot (Hermes para los griegos, Mercurio para los romanos) es el <Maestro de la Ciudad del ocho>. Thot, mensajero de los dioses, es el neter de la escritura, del lenguaje, del conocimiento, de la magia; Thot da al hombre acceso a los misterios del mundo manifiesto, simbolizado por el ocho. Esta breve digresión sobre la relación entre el número y la función no pretende ser completa o exhaustiva. Lejos de ello, aspira únicamente a servir como preparación para la formulación de varias preguntas, a las que se puede responder simplemente <si> o <no>. ¿Experimentamos el mundo físico o natural en términos de polaridad, relación, sustancialidad, actividad, tiempo y espacio, crecimiento y sexo, muerte y renovación? Dado que, aparte de la polaridad, ninguno de estos términos admite una estricta definición lógica, ¿tenemos derecho a desecharlos calificándolos de <arbitrarios> ? El simbolismo del número, así relacionado con la función, proporciona el marco que hace comprensible el mundo de nuestra experiencia.

En esta introducción nos hemos limitado necesariamente a aproximarnos al modo en que el número se relaciona con el mundo físico, o la experiencia física: el mundo del ser. Pero el número constituye también la clave del mundo de los valores (que son aspectos de la voluntad) y del mundo de la conciencia, que, junto con el de la experiencia física, configuran la totalidad de la experiencia humana. (El lector interesado en profundizar en estos temas encontrará las referencias pertinentes en la Bibliografía, apartado B 9.)

El ocho, pues, corresponde al mundo físico tal como lo experimentamos. Pero el mundo físico que comprendemos resulta aún más complejo. La interacción de las funciones presentes hasta el Ocho no permite una pauta o plan, el ordenamiento de los fenómenos. Tampoco un sistema de ocho términos da cuenta de la fuente del orden o de la pauta: su <artífice>, por decirlo así. No explica la necesidad (el principio que reconcilia el orden y el desorden). Para que haya <creación>, primero debe ser necesaria. Finalmente, está la matriz en la que todas estas funciones operan simultáneamente, a la que podríamos denominar <el mundo de las posibilidades>.

Estas elevadas funciones numéricas corresponden al nueve, al diez, al once y al doce. Las funciones correspondientes a estos números no forman parte de nuestra experiencia directa, pero filosóficamente podemos reconocer su necesidad. Hay que admitir que estos conceptos resultan difíciles de entender, debido especialmente a que nuestra educación nos enseña a analizar, no a sintetizar. Sin embargo, estas funciones no son abstracciones —al menos no en el mismo sentido en que lo es la raíz cuadrada de menos uno—, ya que resultan esenciales para completar el marco de nuestra experiencia, aun cuando no podamos experimentarlas de manera directa.

También son necesarias desde un punto de vista teórico. Como ya hemos mencionado, en la escisión primordial el uno se convierte simultáneamente en dos y en tres. Los fenómenos son duales por naturaleza, pero triples en principio. La cuerda que vibra representa una polaridad fundamental: una fuerza impulsora, masculina (la que la mueve), y una fuerza resistente, femenina (la cuerda). Al vibrar, la cuerda representa una relación: una fuerza impulsora, una fuerza resistente y una fuerza mediadora o reconciliadora (la frecuencia de vibración, que es la <interacción> entre los dos polos, pero no es ni el uno ni el otro). La escisión primordial, al crear la dualidad, crea dos unidades, cada una de las cuales participa de la naturaleza de la unidad y de la dualidad: dos, en este sentido, es igual a cuatro. La creación simultánea del dos, el tres y el cuatro postula una interacción entre estas funciones, un ciclo, que para su plena realización requiere de doce términos.

Difícil de expresar verbalmente, este ciclo de doce partes se expresa de manera sencilla, esquemática y completa en el zodíaco tradicional. Aunque en el antiguo Egipto no se han encontrado zodíacos propiamente dichos, Schwaller de Lubicz proporciona amplias evidencias que demuestran que el conocimiento de los signos del zodíaco existió desde tiempos muy remotos, y que rige e impregna el simbolismo egipcio, cuando uno sabe dónde y cómo buscarlo.

En el zodíaco, cada signo participa de la dualidad, la triplicidad y la cuadruplicidad. Naturalmente, en la astrología que aparece en los periódicos y revistas (y que los científicos y eruditos creen que es la única que existe) este aspecto fundamental del zodíaco pasa desapercibido. Por desgracia, otros astrólogos modernos más serios, aunque utilizan los signos zodiacales de manera intuitiva, apenas reconocen el simbolismo numérico en el que se fundamentan.

Como veremos enseguida, la sección áurea forma parte del núcleo de la escisión primordial, creando un universo asimétrico y cíclico. Este aspecto cíclico significa que los múltiplos de los números son, por así decirlo, registros superiores de los números inferiores. El universo físico se completa, en principio, con cuatro términos: unidad, polaridad, relación y sustancialidad. Pero la materialización plena de todas las posibilidades requiere el funcionamiento de todas las combinaciones de dos, tres y cuatro. Y esto se realiza en los doce signos del zodíaco. Éste se divide en seis grupos de polaridades, cuatro grupos de triplicidades (los modos) y tres grupos de cuadruplicidades (los elementos). Cada signo es, a la vez, polar (activo o pasivo), modal (cardinal es el iniciador; fijo es aquel sobre el que se actúa; mutable es el que media o efectúa el intercambio de fuerzas) y elemental (fuego, tierra, aire, agua). La polaridad se realiza en el tiempo y el espacio (seis veces dos), el espíritu materializado (tres veces cuatro) y la materia espiritualizada (cuatro veces tres). Así, con cuatro términos tenemos el mundo en principio. Con ocho términos tenemos el mundo materializado en el tiempo y el espacio. Con doce términos tenemos el mundo de las potencialidades y las posibilidades.

Aunque este breve resumen no se aproxima más que a un aspecto del zodíaco astrológico, debería ser suficiente para sugerir que este antiguo diseño no se basaba en absoluto en los ensueños de arcaicos visionarios, sino que se construyó rigurosamente de acuerdo con los principios pitagóricos. Si esperamos comprender el mundo físico en el que vivimos (por no hablar del mundo espiritual), debemos examinar los principios y funciones que subyacen a la experiencia común. Y el simbolismo del número nos permite hacerlo. En la comprensión de este hecho se basaba el funcionamiento del antiguo Egipto y de otras civilizaciones antiguas. Sobre esta base, y partiendo de esta comprensión, es posible idear un sistema interrelacionado global y coherente en el que la ciencia, la religión, el arte y la filosofía definan y exploren aspectos concretos del todo, aunque sin perderse nunca de vista mutuamente.

Los egiptólogos reconocen que fue un sistema así el que predominó en Egipto, pero, al juzgar dicho sistema desde su propio punto de vista, son incapaces de comprenderlo, y lamentan el hecho de que en Egipto la <teología> impregne todos los aspectos de la civilización. Aunque puede parecer que de ahí sólo falta un paso para reconocer que, si la teología egipcia lo impregnaba todo, era porque se basaba en la verdad, dar ese paso requiere un auténtico giro psicológico, y esto no resulta en absoluto fácil de realizar. Así, las evidencias que Schwaller de Lubicz presenta de forma tan meticulosa son ignoradas. Sin embargo, en otros ámbitos especializados de la egiptología, las concienzudas, y a menudo brillantes, obras de astronomía, matemáticas, geografía, geodesia y medicina estudiadas atestiguan el refinamiento y la sofisticación de los conocimientos egipcios. En cualquier caso, los progresos de los métodos modernos revelan las deficiencias y defectos anteriores, y alteran invariablemente las opiniones relativas a los conocimientos del antiguo Egipto.

9. Egipto evocaba, mas nunca explicaba. Como ya hemos visto, las correlaciones establecidas entre número y función no son arbitrarias, y en cada caso ha sido posible mostrar cómo dichas correlaciones se empleaban en los símbolos y los mitos egipcios. Sin embargo, por regla general hemos tenido que buscarlas, y, por tanto, es necesario que primero comprendamos el significado funcional del número antes de saber cómo o dónde hay que buscar. Ni siquiera las tríadas de neters (como las trinidades en las mitologías de otras civilizaciones) son declaraciones manifiestas de un interés en el número, o de una concepción del tres como principio de relación. El escéptico podría argumentar fácilmente que el fenómeno del macho y la hembra engendrando una nueva vida resulta tan evidente que fácilmente podría servir como símbolo sin necesidad de conocer sus connotaciones filosóficas o pitagóricas.

Pero la elección del nueve no resulta ya tan evidente, y aquí no es posible una interpretación errónea de la importancia atribuida al número nueve por los egipcios. El nueve resulta extremadamente complejo, y prácticamente inabordable mediante una expresión verbal precisa. La Gran Enéada (una enéada es un grupo de nueve) no es una secuencia, sino los nueve aspectos de Tum, que se interpenetran, interactúan y se entrelazan. Esquemáticamente, se puede ilustrar la Gran Enéada con el más fascinante de los símbolos, el tetractys, que la hermandad pitagórica consideraba sagrado.

La Gran Enéada emana del absoluto, o <fuego central> (en la terminología de Pitágoras). Los nueve neters (principios) rodeando al uno (el absoluto), que se convierte tanto en uno como en diez. Ésta es la analogía simbólica de la unidad original; es repetición, retorno a la fuente. En la mitología egipcia, este proceso es simbolizado por Horus, el Hijo divino que venga el asesinato y desmembración (por parte de Set) de su padre, Osiris.

El tetractys es un símbolo rico y polifacético que responde a la meditación con un flujo de significados, relaciones y correspondencias casi inagotable. Es una expresión de la realidad metafísica, el <mundo ideal> de Platón. Sus relaciones numéricas expresan las bases de la armonía: 1:2 (octava); 2:3 (quinta); 3:4 (cuarta); 1:4 (doble octava); 1:8 (tono). Se puede ver el tetractys como la Gran Enéada egipcia puesta de manifiesto y desmitificada. Esto no constituye necesariamente una mejora, pero es un medio para vislumbrar los numerosos significados que subyacen a la enéada. (Otro medio es el extraordinario símbolo del eneagrama, o estrella de nueve puntas, que Gurdjieff afirmaba haber redescubierto a partir de una fuente antigua. Mientras que el tetractys muestra la Gran Enéada puesta de manifiesto, el eneagrama la muestra en acción: el siete, la octava, número de crecimiento y proceso, interpenetrando al tres, la naturaleza trina básica de la unidad. Las correspondencias entre la obra de Gurdjieff y la de Schwaller de Lubicz son notables, aunque ninguno de ellos conocía el trabajo del otro.

A pesar de que esta introducción al pitagorismo ha sido necesariamente superficial, debería bastar para dar una idea tanto de la extrema complejidad como de la extrema importancia del nueve. Y dada su importancia en la metafísica de las estructuras y las pautas, no es sorprendente descubrirla en la estructura de la célula viviente, cuya mitosis —según afirman algunos biólogos— se inicia en el centriolo, formado por nueve pequeños túbulos. Hace tiempo que los naturalistas, los botánicos y los biólogos han señalado la importancia y reiteración de determinados números, combinaciones y formas numéricas.

A medida que la ciencia profundiza cada vez más en los ámbitos molecular, atómico y subatómico, el mundo físico sigue revelando su inherente carácter armónico y proporcionado de manera cada vez más notoria y precisa. Los científicos observan estos datos, pero, dado que nunca los someten a un examen pitagórico, siguen aprendiendo más y más acerca de cómo está construido el mundo, pero no acerca de por qué lo está. Y, sin embargo, estas respuestas parecen a punto de hacerse evidentes sólo con que se plantearan las preguntas correctas.

La forma de la doble hélice y las secuencias de aminoácidos y proteínas en las estructuras básicas de las células siguen unas pautas precisas y claramente definidas, cuyas proporciones y relaciones numéricas encubren la razón por la que tales cosas son como son. Así, por ejemplo, el agua (H2O) exhibe dos atributos armónicos básicos: dos hidrógenos en relación a un oxígeno forman una octava; y, por volumen, ocho oxígenos en relación a un hidrógeno da 8:9, el tono. ¿Se trata de mera <coincidencia> ? Nadie puede <demostrar> que no lo sea. Y, sin embargo, estos atributos armónicos básicos parecen demasiado claramente pitagóricos para desecharlos. Recuérdese que, en el antiguo sistema, el <agua> es el cuarto elemento, la <sustancia> primera y principal, y analogía del uno, como la octava es analogía del sonido fundamental.

En el mundo físico, el agua constituye el soporte de la vida. En el mundo metafísico de Egipto, Tum se crea a sí mismo a partir de Nun, las aguas primordiales. La creación procede armónicamente, la octava es el instrumento del proceso, o <vida>, y la primera nota de la octava es el tono. Para producir el tono perfecto la cuerda debe tener una proporción de 8:1, precisamente la razón entre los átomos de oxígeno e hidrógeno por volumen. Y la creación es volumen, el cual es espacio. La interpretación de Egipto realizada por Schwaller de Lubicz demuestra que Egipto comprendía por qué el mundo es como es; los símbolos que eligió, además de los incontables indicios procedentes de sus textos científicos, matemáticos y médicos, demuestran que también tenía unos conocimientos asombrosamente completos acerca de cómo es.

Obviamente, Egipto carecía de rayos láser, microscopios electrónicos o aceleradores de partículas; puede que no tuviera un conocimiento concreto y cuantitativo del mundo microscópico. Pero la curiosa coherencia que manifiestan sus símbolos y sus textos deja claro que la tecnología no constituye el único medio de penetrar en estos ámbitos.

Fin del extracto y del artículo

______________________________________________

Otros artículos de Nacho en Liberación Ahora

___________________________________________________

35 comentarios
  1. purapresencia permalink
    13 enero 2011 3:08 AM

    Nacho, muchísimas gracias por este apasionante texto!
    He empezado a leer El Templo del Hombre de Lubicz, Sólo comentarte que en ciertos párrafos del texto pareciera como si faltasen palabras (es posible que sea al volcar el texto en wordpress?)…Si podéis revisarlo eso facilitará la lectura del mismo ya que por momentos tiene el lector que ir imaginando qué palabra ocuparía el espacio donde parece faltar texto…

    Un abrazo enorme y muchisimas gracias por compartir tan apasionante texto y visión egipcia bendiciones

    • 13 enero 2011 4:11 AM

      Hola mi querida amiga, lo leiste muy rápido jajaj, puesto que freeman me había hecho la misma observación de que faltaban palabras, el hecho fue que al publicarlo el sistema no reconoció palabras entre corchetes, pero ya lo arreglé, de hecho te recomiendo leerlo de vuelta jeje, porque todo lo que estaba entre corchetes son palabras claves o muy importantes.

      Muchas gracias por tus palabras y tu siempre sana crítica te mando un abrazo grande, y si lees otra vez el artículo que lo disfrutes al doble

  2. Wallie del bosquecillo permalink
    13 enero 2011 8:18 AM

    Gracias Nacho, lo leeré nuevamente pues es cierto que me quedé con las ganas de aclarar algunos interesantisimos conceptos expuestos! jjj

    Muchas gracias por este trabajo estupendo!

    Mucho amor para ti, Nacho!

    Wallie

    • 13 enero 2011 5:19 PM

      Si Wallie, te recomiendo leerlo nuevamente directamente desde la página, ya que si lo lees de el mail que te llegó originalmente sin accesar al link, este no tendrá actualizado los cambios realizados.

      Un abrazo muy muy grande

  3. Wallie del bosquecillo permalink
    13 enero 2011 1:32 PM

    Estoy leyendo la introducción del libro que reseñas Nacho y me gusta leer esto por parte del autor

    Traduzco del inglés: “La sociedad moderna es lo que es no porque las masas sean incultas pero precisamente por el entendimiento, las creencias y objetivos de nuestros líderes–no los políticos, sino los científicos, educadores e intelectuales–todos ellos altamente educados. La sociedad recibe su forma de quienes controlan su cabeza y su corazón. Las necesidades físicas reales son fácilmente satisfechas. Son nuestros deseos y creencias los que hacen el mundo tal y como es”. John Anthony West, Serpents in the Sky.

    Abrazos
    W

    • 13 enero 2011 5:47 PM

      Mi querida Wallie,

      El libro es una obra de arte recomiendo a todos su lectura, lo puedes bajar en PDF gratis de internet en español, o si prefieres yo te lo paso.

      La obra completa original de René Schwaller de Lubicz está en francés, y es dificil encontrar su traducción completa en otros idiomas, lo que hizo John Anthony West fue un resumen magistral de su obra con una comprensión total de lo que trataba de trasmitir Lubicz.
      De hecho el mismo West menciona que la obra original de Lubicz es una obra filosófica – científica no para ser leída, si no para ser estudiada, él en su recopilación la hizo leible para todos, aunque la profundidad de sus textos implica detenerse y reflexionar, y muchas veces volver hacia atrás para reafirmar conceptos.

      Otra cuestión que me agrada mucho del libro, es que west para cada tema tratado hace mención a la opinión en cuestión de otros autores que no van en la misma línea o creencias del propio autor, esto en letras más pequeñas dentro de recuadros. Esto con la finalidad que el propio lector vea todos los puntos de vista y pueda discernir por si mismo cual es la versión que mas le convence. West hace alusión a todo tipo de autores de muchas épocas, a filósofos, escépticos, egiptólogos, científicos, etc.

      El libro toca temas realmente profundos, explica realmente que es el arte y como este es interpretado en un mundo donde nos han separado cada vez mas de nuestro propio ser, donde en un mundo material estamos preocupados nada mas por las utilidades y vemos al arte como un lujo que se puede “apreciar” en momentos de ocio. El menciona que el arte no se aprecia, el verdadero arte ilumina. Explica como el todo tiene una relación y una conexión, arte-ciencia-religión, números-geometría-espacio-conciencia, etc..

      De los temas tratados en el libro sin duda publicaremos mas artículos ya que son realmente enriquecedores.

      Me alegra muchísimo que te haya emocionado y gustado tanto

      P.D La introducción es realmente bella

      Un abrazote

  4. purapresencia permalink
    14 enero 2011 12:21 AM

    Nacho!
    Detuve la lectura del Templo del Hombre que había comenzado, para leer tu propuesta. Tengo la edición en inglés traducida por R y D lawyor. Si quieres te la paso…
    La edición que tengo de West es la inglesa, por ahora me manejo con ella, gracias!

    He abordado estas lecturas desde un angulo distinto que es el radiestésico, es desde ahí apreciando los resultados energéticos de las formas que me propuse indagar más sobre ello.

    Según exploradores de las ondas de forma por llamarlo de alguna forma, los jeroglíficos además de dejarnos un mensaje verbal o visual, nos lo dejan a nivel energético ya que la forma misma del jeroglífico emite ondas de forma, valga la redundancia… espacios, lugares, objetos, su colocación armoniosa o no armoniosa estarían generando energías beneficiosas o no, ondas de vida u ondas de muerte…es un tema apasionante, que aunque me atrae también veo que mi mente y mi corazón cogen aquello que pueden y hacen su particular composición de lugar para aportar algo beneficioso a nuestro aqui y ahora, de una forma más práctica y sencilla pues ni soy arquitecto ni nada de eso…pero he aprendido cosillas y he ido realizando cambios en mi espacio y se han visto mejoradas hasta las plantas mejorando su crecimiento y radiando energía beneficiosa para ellas mismas y los demás seres habitando ese espacio.

    De Lubicz estaría entre los grandes inspiradores de quienes posteriormente han divulgado o se han basado en su trabajo para formular nuevos criterios artísticos y arquitectónicos para sanar y ayudar a elevar nuestro espíritu en lugar de drenarlo y apagarlo con las estructuras cuadriculadas a las que nos tienen acostumbrados quienes proveen edificios modernos en ciudades y otras comunidades…

    Abrazos
    W

    • 15 enero 2011 5:52 PM

      Wallieee,

      Muy profundo comentario, ¿formas crean energía?, por supuesto que SI, y esto es comprobable cuando se está enfrente ante una obra de arte verdadera, armoniosa y sagrada, un ejemplo de ello son los templos egipcios, la sensación es diferente a cualquier otra obra contemporánea, uno se da cuenta del dominio que sus constructores tuvieron sobre la materia, pero esto mas allá de los planos conocidos, su trascendencia fue mas allá, para construir semejantes obras tenían conocimentos muy superiores a los nuestros a nivel materia y energía… ahí unos pocos podrán entender la diferencia de simplente “apreciar” el arte, con el sentimiento de ser envuelto por una sensación de luz, es ahí donde Lubicz dice que el verdadero arte ilumina.

      Entonces lo que mencionas de formas creando energía por medio de los jeroglíficos, desde mi punto de vista, es totalmente cierto, también pasa lo mismo con sus relieves, esculturas, columnas,… etc ´

      La sensación que se siente (diferente a todas las demás) no es mas que energía, y estas vienen de las formas !!! , los jeroglíficos egipcios sin duda atraviesan sus muros.

      La conexión que existe entre materia y energía se da tanto de la “forma a la energía” como bien mencionas, así como de la “energía hacia la forma”, esto último también lo menciona Lubicz en su libro, hace alusión a la Cimática que es la ciencia que estudia las formas de onda, la espectacular relación entre frecuencia y forma se da en toda la naturaleza.
      También menciona que ha ciertos materiales sometidos a ciertas vibraciones se crean formas simétricas perfectas, y esto no es un mito, está comprobado, pero la ciencia no puede dar explicación de ello, no ha podido demostrar cual es la conexión entre la vibración y la forma.

      Lubicz decía que todo vibra, la vibración se mueve entre dos polos negativo y positivo, sin la dualidad no existiría el universo conocido material, y la vibración es parte y también consecuencia de ello.

      Lubicz decía: “La vibración es la rebelión del espíritu confinado en la materia”

      Un abrazote

  5. 15 enero 2011 1:49 AM

    Quedan ustedes detenidos por flagrante “Conspiración Numérica”, ejjejejeje jajjaajaja.

    Da gusto leeros, Nacho y Wallie, pues en estos comentarios brindáis también mucha información e inspiración, disponible para todos los amigos lectores.

    Abrazos,
    F

    • 15 enero 2011 5:59 PM

      jajajajajajaja… todo esto gracias a la inspiración de Wallie

      Un abrazote

  6. purapresencia permalink
    15 enero 2011 2:04 AM

    Aqui Er Preso número 111, llamando ar preso número 333
    jejeje

    Freeman, envidiOSO que nos quieres meter en la trena? tienes moriña? la echas de menos acaso?

    jijiji

    Un besazo brother

    W

    • 15 enero 2011 2:24 AM

      morriña, sí, pero a la jaula del zoo, Jijijiijijijiji

      Abraz-OSO

  7. purapresencia permalink
    16 enero 2011 6:53 AM

    Además de Freeman….eres un Yogui!
    jiijiji

    AbrAZOTES!

    jejeje

    W

    • 19 enero 2011 1:52 AM

      ¡Ahí le has dao Bubu! Jajajaja, ya sabes, el osezno que acompañaba a yogui, jejejejejeje.

      Y ahora me fijé en lo de los abrAZOTES y tengo esa cara de risa floja, jajajjaja ejjejeee.

  8. 16 enero 2011 12:23 PM

    PEQUEÑO ESBIRRO MODERNO EN ACCIÓN INSULTANDO A NUESTRA INTELIGENCIA
    Aquí tenemos un claro ejemplo de cómo un esbirro acude presto a a utilizar fielmente el mayor arma de control mental para propagar las órdenes dadas por sus AMOS ante EL MASIVO E IMPARABLE DESPERTAR de los esclavos que se está produciendo mundialmente.
    http://teatrevesadespertar.wordpress.com/2011/01/16/un-esbirro-moderno-en-accion/

  9. 17 enero 2011 4:27 PM

    Guau! Este artículo es una pasada.
    Cómo los números naturales tienen una explicación … natural, y en ella se basan las proporciones de la naturaleza.

    Siento que este comentario sea el menos técnico, pero es que lo flipo (sin haber fumao nada, eh!)

  10. 17 enero 2011 5:15 PM

    Hola Juanjo,

    La verdad es que no entendí bien tu comentario, y por lo tanto no puedo darte una respuesta concreta, ya que no se si sea broma, burla o sarcasmo.

    Saludos

    • 25 enero 2011 11:57 PM

      Hola Despertares,

      Muchísimas gracias por tu aportación, tuve oportunidad de ver el video completo y realmente es fascinante, y así también un gran complemento del artículo. Todo el universo que conocemos es un conjunto de vibraciones, las vibraciones a diferentes frecuencias crean formas y las formas básicas son geometría pura. En un comentario que le hice anteriormente a Wallie expongo que materiales sometidos a distintas vibraciones crean formas geométricas perfectas, en el video que nos proporcionas aparecen dichos ejemplos !!. Esto se puede ver a simple vista también en la naturaleza, la naturaleza busca siempre el acomodo óptimo, las burbujas de jabón son esferas perfectas, los paneles para guardar la miel construidos por las abejas son una red de hexágonos perfectos, siendo dicha red la geometría mas óptima en cuanto área de almacenaje, el hexágono considerada figura fundamental de la vida con 6 lados, igual que el carbono de número atómico 6, elemento fundamental de la vida, base de la química orgánica. La materia se distribuye de la manera más óptima posible siguiendo patrones y funciones matemáticas, por ejemplo sumerjan la mano en un recipiente con agua y jabón, generen mucha espuma, y al sacar la mano mojada ábranla y ciérrenla cuidadosamente, verán como la espuma formada por agua y jabón forman diferentes tipos de membranas transparentes entre los dedos, no necesariamente planas, si no con cierta curvatura dependiendo de los puntos de apoyo del material y de la consistencia del mismo, así como de las condiciones ambientales, todas con un acomodo y distribuciones perfectas (óptimas). La arquitectura moderna ha estudiado está distribución natural de la materia, y en base a los resultados obtenidos se han construido domos elípticos, así como otras construcciones vanguardistas y megaestructuras.

      La sección áurea que menciona el video igual a 1,618 es también conocida como el número Fi, número fundamental en la geometría, se puede crear fácilmente un pentágono perfecto a través del número Fi, muchas de las construcciones de Egipto, por ejemplo el templo de Luxor tienen relación directa con el número Fi, y para poder llegar a una perfección tal como las construcciones egipcias la base es la geometría y la repetición de sus patrones, basados en un orden divino pudieron crear una perfección divina en sus monumentos. Lo mismo con la raíz cuadrada de 3, cualquiera que abra su mente, use su sentido común, y por sobre todas las cosas impuestas de rienda suelta a su imaginación podrá comprender fácilmente que estas relaciones geométricas y la naturaleza forman el todo que conocemos y nuestro espíritu lo ve, lo siente, lo degusta, lo huele y lo oye en la oscuridad total de nuestro cerebro, y que no pueden ser coincidencias.

      La Luna, fascinante tema, si damos un vistazo a la teoría oficial, esta nos dice que se formó a partir de un choque de planetas ¿?, y a partir de ese catastrófico evento fortuito, ésta se convirtió en un estabilizador natural de la tierra y que ha participado desde siempre en funciones básicas para que exista vida en nuestro planeta, y además por si fuera poco, desde que la conocemos no ha existido desfase alguno en sus ciclos o fases. En otras palabras contamos con una maquinaria perfecta, una especie de reloj suizo de una precisión incalculable que no cuenta con mecanismos que una a las partes involucradas (tierra-luna), simplemente está allí flotando en el universo a 400,000 km de distancia de la tierra y ha cumplido sus funciones desde siempre sin falla alguna, únicamente con la ayuda de la fuerza de gravedad.

      Con un poco de sentido común la teoría oficial pareciera como infantil, poder llegar a obtener en base a un evento fortuito la perfección que observamos en nuestro satelite es imposible. La foto o el esquema que nosotros tenemos en nuestra mente de la Luna y la Tierra es que están bastante cercanas, pero esto no es así, la tierra tiene un diámetro Ecuatorial de 12,756.8 Km. y la Luna un diámetro de 3,476 Km. la distancia que las separa es de casi 400,000 km (384,400 Km de orbital medio), mas o menos 30 veces el diámetro de la tierra, si hacemos un ejemplo a escala con una tierra de 1 metro de diámetro , la luna estaría a 30 metros de distancia, entonces con esas magnitudes de distancia, con la fuerza de gravedad y la casualidad es imposible obtener la precisión de sus fases. Por lo mismo yo me quedo con la teoría que la Luna es artificial, fue creada y puesta allí, el como lo hicieron y quienes fueron, no lo se, pero cualquier teoría como las expuestas en el video son de mucho mayor credibilidad, y mas lógicas que la teoría oficial.

      Lo mismo podríamos comentar acerca de las estrellas, gases y polvo??, explosiones de hace millones de años??, luz que nos está llegando millones de años después??, es fácil inventar cuando no se tiene una respuesta, esto es lo que ha hecho la ciencia oficial, o por lo menos lo que nos han hecho que creamos. El considerarlas como puertas a otras dimensiones es algo realmente fascinante y deja volar tu imaginación y estar mas cerca de el UNO que todos somos, culturas antiguas veían a las estrellas como almas que nos cuidan en nuestro paso por este mundo material.

      De nuevo gracias por tan bonito video que nos hace reflexionar y pensar, salir del mundito de cristal impuesto y empezar a ser libres.

      Un abrazo grande

  11. 18 enero 2011 2:04 PM

    La mayoria de los fisicos ven el viaje en el tiempo como algo problematico cuando no manifiestamente imposible senala el profesor Matt Visser experto en relatividad de Nueva Zelanda refiriendose a la paradoja segun la cual un viajero del tiempo mata a su abuela cuando esta durmiendo en la cuna. Es facil escribir del viaje en el tiempo como lo hace la ciencia ficcion. Pero la existencia de al menos un modelo detallado de maquina para viajar en el tiempo ha llevado a fisicos como Hawking a elaborar una que descarta la posibilidad de un viaje al pasado.

  12. 18 enero 2011 3:30 PM

    Hola Connie,

    Gracias por compartirnos tan interesante comentario, científicos como Hawkings y muchos otros descartan la posibilidad de viajar en el tiempo basados en pre conceptos de nuestro mundo físico, el que vemos, una máquina hecha por el hombre es simplemente una extensión mas de nuestros sentidos. Yo creo que la conexión con lo pasado y el futuro (ilusiones en nuestro mundo material), existen en otras dimensiones menos densas como un “todo” donde no hay límites de tiempo y espacio, donde todo es absoluto, entonces poder llegar a tener una conexión con este mundo menos denso podría llevarnos a épocas pasadas o inclusive futuras, y no se necesitaría ninguna máquina…. pero en fin esto puede ser ciencia ficción para muchos lo importante es lo que tu sientas

    Un abrazo

  13. purapresencia permalink
    26 enero 2011 7:06 AM

    Nacho qué preciosa respuesta le diste a Despertares! Gracias!
    La luna que refleja la Luz podría estar permitiendo que la tierra absorba los rayos más beneficiosos del sol evitando lo que los radiestesistas franceses llamaban El verde negativo electrico o vértical suavizando el impacto de esa onda sobre la tierra..actuaría como un contrapunto a la fuerza de la energía solar como todos intuimos al tener en nosotros ambas energías fluyendo por nuestros canales sutiles, y como el Yin Yang, sentir dentro de nosotros esos desequilibrios…El yang total nos dejaría quemados, envejeceríamos rapidamente, nos hace falta el Yin para suavizar todo ese proceso, magnetizar en lugar de electrificar…delicados equilibrios estos que se nos hace dificil de comprender que pudieran ser sólo fruto del azar y la casualidad…
    Azar, casualidad y Placebo, jejej… cualquiera los embotella un día de estos …

    Abrazos!
    W

    • purapresencia permalink
      26 enero 2011 11:15 AM

      Aunque estoy escuchando esta conferencia de Dan Winter que habla sobre la Luna en el minuto 1:35 y la verdad es que contradice totalmente lo que he dicho jejej asi que …
      os recomiendo esta conferencia maravillosa:

      Abrazos
      Wallie-columpiao jejej

    • 26 enero 2011 4:14 PM

      Hola Wallie gracias por tus palabras y tus siempre interesantes aportes. Has oido de los efectos de la Luna negra o Luna nueva?, existe la teoría que la Luna influye en el estado de ánimo de las personas y esto varía dependiendo de la fase lunar, entonces cuando tenemos Luna llena o totalmente iluminada la energía o luz proyectada a la tierra genera energía positiva, y en su contraparte de luna nueva o negra, con cero iluminación, la energía proyectada es totalmente negativa. Se dice que seres de otras dimensiones polarizados negativamente viven en la Luna, pero la luz del sol los daña por ello se esconden en el lado oscuro, se dice que las almas débiles se dejan llevar mas fácilmente por las fuerzas negativas durante este ciclo, y en las almas mas fuertes también tienen efecto en cuanto a los estados de ánimo, estos decaen…. bueno parecería un cuentito para muchos, pero no cuesta nada hacer la prueba ¿como nos sentimos durante las fases de luna llena y luna nueva? ¿notamos diferencias? ya cada uno sacará sus propias conclusiones

      Un abrazote

  14. purapresencia permalink
    26 enero 2011 9:39 PM

    Si…también hay teorías de que la luna es un cuerpo artificial no natural…
    Pero la sabiduría popular y sobre todo la campesina vivía reconociendo la influencia de esos ciclos lunares y operando sus diferentes funciones según esos ritmos para el mayor bien de su ganado, de sus pastos, sus cultivos….

    Personalmente si siento la luna y cómo preguntas que surgen al inicio de la luna van dándose respuesta cuando llegamos al momento de la luna llena, que es el momento de máxima luz en la oscuridad y donde se completan las cosas iniciadas al principio de dicha luna…como alcanzando su culminación…Es interesante observar los procesos internos de cada persona a la luz de esos ritmos…asi nos ayudaríamos a saber exáctamente en qué fase de nuestra exploración nos encontramos, si es que aún nos faltan piezas por encajar (fase de media luna) o si estamos cerca del descubrimiento(luna llena)…

    Abrazos!
    W

Trackbacks

  1. “Nacer a Sí Mismo. De la supervivencia a la vida”. La experiencia de Lurdes Reina « Liberación AHORA
  2. LAS LEYES UNIVERSALES, por Alish. Serie de videos sobre el conocimiento hermético. Hoy, trailer y capítulo introductorio. « Liberación AHORA
  3. Principio de MENTALISMO. Serie “Las Leyes Universales”, 2/8. Por Alish « Liberación AHORA
  4. La Red de Autómatas y David Icke « Liberación AHORA
  5. Principio de VIBRACIÓN. Serie “Las Leyes Universales”, 5/8. Por Alish « Liberación AHORA
  6. Principio de POLARIDAD. Serie “Las Leyes Universales”, 6/8. Por Alish « Liberación AHORA
  7. La Madre Nikolassa (17) | Liberación AHORA
  8. Egipto Hermético: dos ejercicios prácticos de HEKA, antigua magia egipcia. Videos de Alicia Ninou y Octavi Piulats | Liberación AHORA
  9. Dossier Gran Pirámide de KEOPS: ¿estuvo coronada por una gran esfera electromagnética? | Liberación AHORA
  10. Pitágoras: mucho más que un teorema

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: