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¿TE COMERÍAS A TU PERRO? Prácticas inconfesables de la industria cárnica

21 julio 2011

¿Por qué no comer perros?

Publicado por Can-Men

(PINCHAR la imagen para acceder al vídeo de 2′)

“Nuestro tabú contra comer perros dice algo de ellos y mucho de nosotros.
Los franceses, que adoran a sus perros, a veces se comen a sus caballos.
Los españoles, que adoran a sus caballos, a veces se comen a sus vacas.
Los indios, que adoran a sus vacas, a veces se comen sus perros” (…)

“Pero comer perro no ha sido, ni es, tabú en muchos sitios, y no es perjudicial para nosotros en modo alguno. Bien cocinada, la carne de perro no presenta más riesgos para nuestra salud que cualquier otra, y una comida tan nutritiva no suscita grandes objeciones por parte de los componentes físicos de nuestros egoístas genes” (…)

“En Norteamérica, millones de gatos y perros sacrificados en refugios para animales se convierten en la comida de nuestra comida. (Se sacrifican casi el doble de perros y gatos que se adoptan.) Eliminemos, pues, este ineficaz y extraño paso intermedio”
Jonathan Safran Foer

¿Y por qué no comer perros? Depende las culturas, cualquier tipo de animal es válido para “la colosal tarea que supone alimentar a un mundo poblado por miles de millones de omnívoros que exigen carne con sus patatas”.

Abajo reproducimos el capítulo sobre comer perros del libro “COMER ANIMALES” de Jonathan Safran Foer que nos da argumentos de peso para reflexionar sobre la diferencia entre perros o cerdos y como los mejores amigos del hombre entran igualmente en la cadena alimentaria.

A pesar de esas letras sangrientas de la portada, “Comer animales” es un libro serio, muy documentado y contundente para todos los públicos, coman lo que coman, que lleva más de un año en la lista de los más vendidos de Estados Unidos y cuyo objetivo no es que nos hagamos vegetarianos, sino que sepamos lo que esconde la industria cárnica y el lado oscuro de nuestros filetes para que saquemos nuestras propias conclusiones.

A sus 32 años, Jonathan Safran Foer es un autor de culto en su país y la conciencia alimentaria y animalista le llegó cuando su esposa estaba embarazada  y decidió emprender una extensa investigación de varios años sobre el negocio de la comida. Esto le hizo descubrir una realidad atroz que ha decidido denunciar en esta obra que entemezcla datos estadísticos, recuerdos de la infancia y reflexiones sobre nuestras creencias y tradiciones.

Foer afirma que la industria alimentaria es la que más dinero mueve, la que más afecta directamente a nuestra salud, la que más impacto negativo tiene sobre el medioambiente, la que ocupa casi un tercio de las tierras del planeta y al mismo tiempo, es sobre la que menos sabemos. Y encabezando sus críticas, encontramos a la cadena de fast food KFC a la que describe como “la compañía, podría decirse, que ha aumentado la suma total de sufrimiento en el mundo más que ninguna otra en la historia”.

Como hombre realista, sabe que la población adicto-carnívora no va prescindir a corto plazo de este alimento, por ello aboga por “incorporar unas normas de decencia básica en el sector que hasta ahora no se han cumplido” y, como se explica en el vídeo, defiende el mercado ecológico y las pequeñas granjas tradicionales frente a la ganadería intensiva.

Hay muchos y buenos libros sobre alimentación y animales como “Somos lo que comemos” del influyente filósofo Peter Singer, “Jaulas Vacías” de Tom Regan, “Otra manera de vivir. Cuando la comida importa” de Jane Goodall, … El libro “Comer animales” es el último en llegar, es fresco, muy ameno, impactante, basado en los nuevos descubrimientos de una persona ajena a este mundo y no deja en absoluto indiferente.

“No podemos justificar la ignorancia, sí la indiferencia. Soportamos la carga, pero también la suerte de vivir una época en la que la crítica contra la ganadería industrial va calando en la conciencia popular. Con el paso del tiempo, y con todo el derecho, se nos podrá proponer la siguiente pregunta: y vosotros, ¿qué hicisteis cuando supisteis la verdad sobre el hecho de comer animales?”
Jonathan Safran Foer

Adjuntamos el capítulo ¿Por qué no comer perros? y el índice.

¿Por qué no comer perros?

A pesar de que es algo totalmente legal en cuarenta y cuatro estados de Norteamérica, comerse al «mejor amigo del hombre» es tan tabú como comerse al mejor algo humano de uno. Ni siquiera los carnívoros más recalcitrantes comen perros. El presentador y a veces cocinero Gordon Ramsay puede ponerse muy chulo con crías animales cuando hace publicidad de algo, pero nunca verás a un cachorrillo asomando el hocico por una de cazuelas. Y aunque en una ocasión afirmó que electrocutaría a sus hijos si se hicieran vegetarianos, me pregunto cuál sería su reacción si se cargaran al perrito de la casa.

Los perros son maravillosos, y en ciertos sentidos únicos. Pero son notablemente vulgares en sus capacidades intelectuales y experimentales. Los cerdos son igual de inteligentes y sensibles, sea cual sea la definición que demos a ambas palabras. No pueden saltar a la parte trasera de un Volvo, pero son capaces de ir a por algo, de correr y jugar, de ser traviesos y proporcionar afecto. En ese caso, ¿por qué no los dejamos que se aovillen frente al fuego? ¿Por qué no los salvamos, como mínimo, de arder en él?

Nuestro tabú contra comer perros dice algo de ellos y mucho de nosotros.

Los franceses, que adoran a sus perros, a veces se comen a sus caballos.
Los españoles, que adoran a sus caballos, a veces se comen a sus vacas.
Los indios, que adoran a sus vacas, a veces se comen a sus perros.

Aunque escrito en un contexto muy distinto, las palabras de George Orwell en Rebelión en la granja pueden rafrasearse así en este contexto: “Todos los animales son nuestros iguales, pero algunos son más iguales, que otros“.  El énfasis en su protección no es una ley natural; procede de las historias que nos contamos sobre la naturaleza.

Así pues, ¿quién tiene razón? ¿Cuáles podrían ser las razones para excluir a los cánidos del menú? El carnívoro selecto sugiere:

No comer animales de compañía. Pero los perros no son animales de compañía en todos los países donde no se los comen. ¿Y qué decir de la gente que no tiene perros en casa? ¿Tendríamos algún derecho a criticarlos si tomaran perro para cenar?

Vale, en ese caso:

No comer animales que tengan capacidades mentales significativas. Si por “capacidades mentales significativas» entendemos las que tiene un perro, entonces bien por el perro. Pero esa definición incluiría también cerdos, vacas, pollos y muchas especies del mundo animal. Y excluiría a los humanos con minusvalías muy graves.

Entonces:

No es por mero azar que los tabúes ancestrales -jugar con la mierda, besar a tu hermana o comerse a los compañeros son tabúes. Desde un punto de vista evolutivo, esas cosas son malas para nosotros-. Pero comer perro no ha sido, ni es, tabú en muchos sitios, y no es perjudicial para nosotros en modo alguno. Bien cocinada, la carne de perro no presenta más riesgos para nuestra salud que cualquier otra, y una comida tan nutritiva no suscita grandes objeciones por parte de los componentes físicos de nuestros egoístas genes.

Y comer perro posee un orgulloso pedigrí. Algunas tumbas del siglo IV d.C. muestran imágenes de perros sacrificados junto con otros para servir de alimento. Fue una costumbre lo bastante fundamental como para influir en el lenguaje: el carácter sino-coreano que define algo “justo y correcto” (yeon) se traduce literalmente por “delicioso como carne de perro asada“. Hipócrates ensalzó los beneficios de la carne de perro como fuente de fortaleza. Los romanos comían «cachorrillos». Los indios dakota disfrutaban con el hígado de perro, y no hace tanto tiempo los hawaianos comían sesos y sangre de perro.

El perro sin pelo mexicano era el alimento principal de los aztecas. El capitán Cook comió perro. Roald Amundsen, como es de sobra conocido, se comió a los perros de su trineo. (Cierto, estaba muerto de hambre.) Y aún se comen perros en Filipinas para ahuyentar la mala suerte; con propósitos medicinales en China y Corea; para aumentar la libido en Nigeria; y en muchos otros países, de todos los continentes, simplemente porque su sabor es bueno. Durante siglos, los chinos han criado razas especiales de perros, como el chow de lengua negra, para papeárselos, y en muchos países europeos aún existen leyes relativas a los exámenes post-morten de los perros que se destinaban al consumo humano.

Está claro que el hecho de que algo se haya llevado a cabo prácticamente en todas partes y en todo momento no supone una justificación para seguir haciéndolo. Pero a diferencia de toda la carne de granja, que precisa de la creación y mantenimiento de los animales, los perros casi piden a gritos ser comidos.

Cada año se «duerme» de tres a cuatro millones de perros, lo que da lugar a millones de kilos de carne que se tiran a la basura. El destino de toda esa carne de perros sometidos a eutanasia supone un problema enorme tanto económico como ecológico. Sería una locura arrancar a las mascotas de sus hogares. Pero comer a esos perros vagabundos, callejeros, a aquellos que no son lo bastante monos para encontrar hogar o lo bastante educados para conservarlo sería como matar un puñado de pájaros de un solo tiro y luego comérselos.

En cierto sentido, eso es lo que hacemos ya. Las empresas dedicadas a los subproductos animales —la conversión de proteínas animales inadecuadas para el consumo humano en comida para ganado y mascotas- permiten a las plantas procesadoras transformar inútiles canes muertos en elementos productivos de la cadena alimenticia. En Norteamérica, millones de gatos y perros sacrificados en refugios para animales se convierten en la comida de nuestra comida. (Se sacrifican casi el doble de perros y gatos que se adoptan.) Eliminemos, pues, este ineficaz y extraño paso intermedio.

Esto no tiene por qué poner en entredicho nuestro civismo. No los haremos sufrir innecesariamente. Aunque está plenamente aceptado que la adrenalina mejora el sabor de la carne de perro (y de ahí vienen los métodos tradicionales de sacrificarlos: ahorcarlos, hervirlos vivos, apalearlos), creo que todos estaremos de acuerdo en que, si vamos a comerlos, deberíamos matarlos de una forma rápida e indolora, ¿no? Por ejemplo, los métodos hawaianos tradicionales de mantener cerrado el hocico del perro, con el fin de conservar la sangre; deberían ser considerados (al menos desde un punto de vista social, si no legal) como algo prohibido.

Tal vez podríamos incluir a los perros en la Ley de Métodos Humanitarios para el Sacrificio. Eso no tiene nada que ver con la forma en que se les trate mientras estén vivos, y no está sujeto a ningún descuido o aplicación significativas, pero seguramente podemos confiar en la capacidad de autorregulación de la industria y como hacemos con otros animales que sí nos sirven de alimento.

Poca gente aprecia suficientemente la colosal tarea que supone alimentar a un mundo poblado por miles de millones de omnívoros que exigen carne con sus patatas. El ineficaz uso de los perros, que ya se hallan convenientemente presentes en áreas de alta densidad humana (tomad nota quienes abogáis por la comida local), debe hacer enrojecer a cualquier buen ecologista.

Hay quien podría argüir que varios grupos «humanitarios» son los mayores hipócritas, ya que invierten ingentes cantidades de dinero y energía en un fútil intento de reducir el número de canes indeseados mientras al mismo tiempo propagan el tabú de no comérselos para cenar. Si dejan que los perros sean perros y se críen sin interferencias, daríamos lugar con poco esfuerzo a una provisión sostenible de carne local que haría avergonzar a la mejor granja agrícola. Para los que abogan por el ecologismo, es hora de admitir que el perro es un alimento real para los a bientalistas reales.

¿Podemos superar el sentimentalismo? Hay perros a montones, son buenos, fáciles de cocinar y sabrosos; comerlos es mucho más razonable que pasar por todos problemas que implica su procesamiento hasta transfomarlos en proteínas para alimentar a otras especies que sí nos comemos.

Para aquellos que ya se han convencido, les propongo una receta filipina clásica. No la he probado en persona pero a veces uno lee la receta y simplemente se hace a la idea.

(…)

Comer animales tiene una cualidad invisible. Pensar en los perros, y su relación con los animales que comemos es una forma de enfocar de reojo el tema y de convertir en visible lo invisible.

ÍNDICE

EL ARTE DE CONTAR HISTORIAS

  • Los frutos del árbol familiar
  • Posible de nuevo
  • Comer animales
  • Escúchame

TODO, NADA O ALGO PARECIDO

  • George
  • ¿Por qué no comer perros?
  • Amigos y enemigos
  • Guerra
  • Vergüenza

EL SIGNIFICADO DE LAS PALABRAS

  • Animal
  • Antropocentrismo
  • Antropomorfismo
  • Antroponegación
  • Aves (pollos, gallinas)
  • Aves en jaulas
  • Caca de la vaca
  • Captura incidental
  • Cafo
  • CFE
  • Comida casera
  • Comida casera, continuación
  • Comida no casera
  • Crueldad
  • Desesperación
  • Desfallecido
  • Ecologismo
  • Estrés
  • Grado de rentabilidad
  • Luz y comida
  • Granja industrial
  • Granja tradicional
  • Hábito, la fuerza del
  • Humano
  • Instinto
  • Inteligencia
  • ¿Inteligencia?
  • KFC
  • ¿Kosher?
  • Peta
  • Procesamiento
  • Productos frescos
  • Productos orgánicos
  • Radical
  • Sentimentalismo
  • Separación entre los espacios
  • Sufrimiento

JUGANDO AL ESCONDITE

  • 1. No soy la clase de persona que se mete en la granja de un desconocido en mitad de la noche
  • Para su reiterada consideración
  • Un triste negocio
  • El rescate
  • 2.    Soy la clase de persona que se encuentra en la granja de un desconocido en mitad de la noche
  • 3.    Trabajo en una granja industrial
  • 4.    El primer pollo
  • El primer humano
  • El primer problema
  • El mito del amor
  • El primer olvido
  • La primera ética animal
  • El primer trabajador en cadena
  • El primer granjero industrial
  • El pimer Pollo del Mañana
  • La primera granja industrial
  • 5.    Soy el último granjero avícola

INFLUENCIA / ANONADAMIENTO

  • Lam Hoi-ka
  • Gripe
  • Todas las gripes
  • Vida y muerte de un ave
  • Influencia
  • Más influencias

RODAJAS DE PARAÍSO / TROZOS DE MIERDA

  • 1. Ja, ja; snif, snif
  • No hay cerdo
  • Bonito, inquietante, disparatado
  • 2. Pesadillas
  • Nuestros viejos intentos de compasión
  • 3. Trozos de mierda
  • 4. Nuestro nuevo sadismo
  • 5. Sadismo submarino (un aparte central)
  • Animales comedores

YO AFIRMO

  • 1. Bull and Nicolette
  • Soy una criadora de ganado vegetariana
  • Ella sabrá
  • Él sabrá
  • 3. ¿Qué sabemos nosotros?
  • 4. No puedo decir que esté mal
  • 5. Respira hondo
  • 6. Propuesta
  • Soy un vegano que se dedica a construir mataderos
  • 7 . Mi apuesta

EL ARTE DE CONTAR HISTORIAS

  • 1.    El último Día de Acción de Gracias de mi infancia
  • 2.    ¿Qué tiene que ver el paro con el Día de Acción de Gracias?
  • 3.    Lo que implica comer animales
  • 4.    La mesa norteamericana
  • 5.    La mesa global
  • 6.    El primer Día de Acción de Gracias de su infancia

VENTA ONLINE de “Comer animales”

Más información sobre el libro: El País, Anima Naturalis y La Vanguardia

En El Blog Alternativo: 20 razones para una dieta sin carne
En el Blog Alternativo: Guía para comer sin carne en pdf
En El Blog Alternativo: Artículos sobre vegetarianismo
En El Blog Alternativo: Alimentación consciente y DOCUMENTALES sobre alimentación

Fuente: El Blog Alternativo

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8 comentarios
  1. Piedradeagua permalink
    21 julio 2011 1:05 PM

    Pues si que…. aquí el menda, (compañero de dos preciosos canes que me acompañan cada día, cada noche; con los que comparto alegrías y tristezas) lee este artículo y se crea la dualidad entre lo que siento y lo que pienso. jjj.
    He tenido la suerte de viajar donde la tierra acaricia el cielo y allí hay granjas de gatos. Uno de los guías nos dijo en un perfecto español “si no ves gallinas y pides pollo, no es pollo es gato”. Poco después descubrimos gatos encerrados en las casas, y que seguramente hayamos ingerido gato, pero sin la ansiedad de “Alf”, más bien sin saberlo.
    Supongo que si hubiese nacido en otra cultura… sería de otra manera y no por ello ni mejor ni peor.
    Ahora… que mal me tienen que ir las cosas como para comer perro y/o gato conscientemente desde mi realidad actual. De igual manera que se respetan otras culturas, ¿porqué no otras formas de ver o entender en la misma “cultura”? Eso si… rogaría que al menos no se nos engañara, que no nos vendan gato por liebre… jjj Creo que sería la mejor manera de conocer, aceptar, e integrar.

    Gracias por el post. Me ha desequilibrado un poco… jjj… pero recuperado el equilibrio, tengo un sustento mayor.

    Namasté.

    • 26 julio 2011 4:10 AM

      Sí que remueven estos artículos, a mí también me hizo reflexionar. Creo que, apurando la reflexión, concluyo que lo más natural y acertado sería prescindir no sólo de la carne, sino también del pescado, las plantas y etc, quedándonos con lo más esencial: la luz. La luz realmente es nuestro auténtico alimento -en un estado de consciencia prístino- , y hacia esta alimentación vamos. Jejejejeje, ya ves, no nos cortamos un pelo aquí al decir estas cosas. Y hay mucha documentación y estudio detrás, por supuesto. No estamos aquí para hacer concesiones a los rígidos de mente (y corazón), jejejjejee.

      Abrazo grande, namasté.

  2. miquel àngel permalink
    21 julio 2011 11:15 PM

    Pienso que alimentarse de mamiferos cuando somos mamíferos es practicar una especie de canibalismo. No creo que el ser humano tenga que alimentarse de animales y menos aun si participan de una manera semejante a como lo hacemos los humanos. Antes comeria pescado, ave, anfibio, serpiente que son ovíparos que cualquier mamifero.
    Un saludo

    • 26 julio 2011 4:13 AM

      Muy acertado tu comentario Miquel, para los que vibramos en afinidad en este paradigma más armónico y sensato.
      Abrazo grande.

  3. Pilar S permalink
    7 enero 2012 11:42 PM

    Mi padre, criado en el campo y cuidando animales de granja, ya de adulto en la ciudad opinaba que los perros son “ganado seco” porque se les alimenta y cuida pero no obtienes
    nada a cambio, en cuanto a alimentación se refiere. Y era una persona respetuosa con cualquier ser vivo pero también muy pragmático
    Aunque este post me destartaló un poco me recordó aquello del “ganado seco”.

  4. 7 febrero 2014 3:48 AM

    amo mucho a las mascotas el perro y el gato son como niños inocentes de 2 o 3 años , siempre han estado al lado del ser humano me he criado desde pequeña siempre con perrito o gato, y me mata el corazón y me entristece el alma de que los cojan como para carne, además he aborrecido la carne y si encima camuflan este tipo de carne mas ahun para dejar de comer del todo, viendo lo que veo prefiero volverme vegana además sufren de miedo y de mal trato cuando los matan.deberian respetarse a las mascotas caseras ya que esto de matarlas y servir de alimento dañaría la sensibilidad de personas y niños .

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