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Asesinato de JFK: “un TRABAJO INTERNO”. La reveladora investigación de Jim Garrison

2 agosto 2011

El asesinato de JFK y la investigación del fiscal JIM GARRISON 

Escrito por Karolus

“Ahora no podemos terminar con nuestras diferencias; como mucho podemos ayudar a edificar un mundo seguro para todos. El análisis definitivo nos muestra que nuestro vínculo común más básico es que todos habitamos este pequeño planeta. Todos respiramos el mismo aire. Todos protegemos el futuro de nuestros hijos. Y todos somos mortales”
John Fitzgerald Kennedy,
discurso pronunciado en la American University, junio de 1963


“La política exterior del presidente Kennedy fue derrocada ‘sin cumplir con los requerimientos formales para cambiar altos funcionarios, según prescriben las leyes o la Constitución’: es decir, la definición de un golpe de estado. ¿Es todo esto plausible? No hace 25 años, pero ahora que conocemos la verdadera historia de la CIA y de sus operaciones encubiertas, la respuesta es un tajante sí. El asesinato es precisamente lo que la agencia sabía hacer y lo que hizo por todo el mundo para sus fines políticos”
Jim Garrison, extraído de su libro “In The Trail Of The Assassins”, 1988


Las teorías “conspirativas” o “de la conspiración” constituyen un grueso importante de los contenidos que nos ofrece Internet. Algunas bien fundamentadas, otras no tanto; algunas son obra de gente con mucho tiempo libre, otras son fruto de investigaciones serias, y otras están colocadas inteligentemente para despistarnos a todos e impedir que podamos discernir entre tanto lío.

La muerte de JFK constituye un misterio casi desde que sucedió, hace casi ya 50 años. La búsqueda de respuestas cómo contraposición a la versión oficial, plasmada por la Comisión Warren en su informe, han llevado a escribir ríos de tinta, editar vídeos, y buscar las posibles causas del “quién”, casi con más profundidad que la búsqueda del “porqué”.

Hace unas semanas, un periódico español de gran tirada publicó una noticia en la que más o menos decía: “Más de 87.000 dólares ha pagado un comprador anónimo por el ataúd de madera que durante 20 años contuvo el cuerpo de Lee Harvey Oswald, asesino del presidente John F. Kennedy.”

Prueba irrefutable de que en los mass media se sigue dando validez a la versión oficial. Versión con infinidad de lagunas y errores que Earl Carrothers Garrison -conocido como Jim Garrison-, fiscal de Nueva Orleans entre 1962 y 1973, se encargó, contra viento y marea, de apuntar y desmentir. A su vez, tiró de algunos hilos que le llevaron a conclusiones ampliamente demostradas pero que, inexplicablemente, siguen sin tener el peso que deberían.

Dicha investigación es la que más credibilidad ha tenido de todas las que surgieron para contrarrestar la versión oficial. Consiguió demostrar que el presidente Kennedy fue asesinado como mínimo por dos tiradores. Que hubo una conspiración en la que posiblemente se vio envuelto el FBI, la CIA, la policía de Dallas, algunos miembros del gobierno Norteamericano, la prensa…

La investigación –reflejada y detallada en el libro In The Trail of the Assassins, escrito por él mismo- se llevó a cabo con medios convencionales, tanto jurídicos como policiales, y ha evolucionado con los años de teoría conspirativa a versión pseudo oficial.

Dar toda la información sobre este caso en un sólo post sería imposible. De hecho, el propio Garrison escribió su libro con el objetivo de dejar un legado, y en él se encuentran todos los datos, claves y referencias.

Antes, vale la pena conocer cuatro apuntes biográficos para situar su figura en el contexto correcto:

Cuando JFK fue asesinado en la Plaza Dealey de Dallas, Texas, a mediodía del viernes 22 de noviembre de 1963, Jim Garrison apenas llevaba ejerciendo nueve meses como fiscal del distrito de Nueva Orleans.

Cargo al que se presentó casi por casualidad, al término de una larga etapa personal y profesional (piloto en el ejército del aire, agente del FBI, abogado de profesión…); regresó a su casa y decidió probar suerte: se presentó a las elecciones para ejercer como Fiscal del Distrito. Elección que ganó, sorprendentemente, contra todo pronóstico: sin apoyo político, sin dinero, sin campaña preparada y casi sin experiencia. No era el candidato de nadie, se representaba a sí mismo.

Garrison se enteró del asesinato del Presidente almorzando en un bar cercano a su oficina. Al cabo de unas horas, presenciaba por TV la detención del principal sospechoso, Lee Harvey Oswald, que al instante fue declarado como el único tirador y cerebro de la trama, es decir, como el asesino del presidente.

Ver video: El arresto de Lee Oswald

Formado en el ejército y el FBI, se sorprendió por la rapidez con la que tanto autoridades como medios habían acusado y juzgado a Oswald. Se mostró el rifle por TV, se le mostró siendo detenido, se sabían infinidad de detalles sobre la operación… en ese momento, Garrison, un patriota de férrea tradición familiar y que confiaba ciegamente en el sistema, pensó que realmente todos los brazos de la ley se habían movilizado sobremanera ante tal atrocidad cometida. No le dio más vueltas.

No obstante, Oswald había vivido en Nueva Orleans durante 3 meses. Concretamente, durante el verano anterior al asesinato. Ese hallazgo llevó al Fiscal Garrison a tirar de un pequeño hilo, en su propia jurisdicción, y empezó a hurgar. Al principio, con el ánimo de ayudar a esclarecer y aportar datos sobre el asesino de Kennedy. Posteriormente, para saber porque los órganos federales le boicoteaban y le “sugerían” que dejara de investigar… cosa que no hizo.

Nos topamos pues con un personaje típico americano, patriota, creyente, defensor de la ley y de los principios de servicio a su país, sumado a un carácter y personalidad de corte militar. Con esas características, y según él mismo describe en su libro, los datos y evidencias que desde un principio empezó a descubrir le crearon sospechas de tal magnitud que ni él mismo podía creer. Toda su escala de valores se desmoronó hasta tal punto que le llevó a un “despertar” personal en cuanto a quién servía, quién realmente gobernaba y cómo funcionaban las cosas. Entonces, se negó a aceptar la versión oficial acuñada por el gobierno y respaldada por toda la prensa.

Ese proceso personal da mucha credibilidad al personaje porque partía justo del lugar opuesto al que su investigación le condujo. Investigación que podemos resumir en los siguientes puntos:

1. El incómodo Kennedy

Desde su aparición en la vida política estadounidense, JFK fue un personaje incómodo para el “establishment”. Era católico, progresista, partidario de la igualdad en los derechos civiles, contrario a la política pro-guerra, amante de discursos llenos de mensajes globales, holísticos y llenos de humanitarismo… muy alejado del perfil clásico de los presidentes que hasta entonces se habían conocido.

Toda esa declaración de intenciones se plasmó sobremanera cuando entró en la Casablanca: cambió políticas de inmigración y de reconocimiento de derechos para estadounidenses nativos y no nativos, sentó las bases para un tratado internacional de prohibición de pruebas nucleares, se sabe que era partidario de retirar todas las tropas estadounidenses de Vietnam (no tuvo tiempo para hacerlo), deseaba acabar con la guerra fría y realizar acercamientos con la URSS, y de un modo no oficial se conoce -a través de quienes fueron sus asesores- que había firmado una orden ejecutiva que revocaba el poder de la Reserva Federal para crear dinero en exclusiva. Si hubiera conseguido presidir los EEUU durante dos mandatos enteros, posiblemente dicho ente ya no existiría. En este artículo encontraréis más información.

Sus discursos encendían los ánimos de los más conservadores, de los fascistas encubiertos que moraban en puestos de responsabilidad, y de los empresarios y banqueros que hasta entonces habían dominado el sistema financiero… era incómodo, y lo peor de todo era que gustaba a la gente de la calle.

Discurso de la toma de posesión, 20 de enero de 1961.

Hay quien afirma que el presidente tenía decidido desclasificar los archivos sobre avistamientos OVNI y también hacer pública toda la información que los servicios secretos, la CIA y el FBI tenían sobre avistamientos, así como pruebas de la existencia de civilizaciones en otros planetas. Este extremo nunca pudo ser confirmado. Por internet circula un discurso que supuestamente iba a pronunciar el día de su asesinato, pero es difícil asegurar su autenticidad.

2. La invasión fallida de Cuba y la crisis de los 13 días

Dos de los episodios que colmaron el vaso, sobre todo en las altas esferas de defensa y en la CIA, fueron la invasión fallida de Cuba en Bahía de Cochinos y la crisis de los misiles (también en Cuba), conocida como la “crisis de los 13 días”.

La fallida invasión de Cuba, en abril de 1961, venía preparándose por la CIA desde la administración  Eisenhower. Se entrenó a disidentes cubanos para efectuarla.  Kennedy, preocupado por los daños colaterales, ordenó ejecutarla pero sin apoyo aéreo y con menos efectivos navales, intentando reducir así los daños colaterales. La invasión fue un fracaso y los altos dirigentes militares, predispuestos a un ataque indiscriminado, no se lo perdonaron.

En la crisis de los 13 días sucedió algo similar. Inteligencia detectó la presencia de misiles nucleares rusos en Cuba, apuntando hacia EEUU. Defensa pidió -e incluso exigió- al presidente la orden para atacar y destruirlos, pero Kennedy sabía que eso desencadenaría una guerra nuclear a nivel global, con consecuencias terribles. En su lugar ordenó un bloqueo indefinido a Cuba y una cuarentena durante la que fuerzas navales americanas inspeccionarían todo barco que entrara en el espacio cubano. El propio aparato militar desafió al presidente con el lanzamiento de un misil sin permiso y dando órdenes de ataques que el propio JFK había prohibido expresamente. A los pocos días se llegó a un acuerdo de desmantelamiento supervisado por la ONU, en el que Robert Kennedy -su hermano- tuvo un papel crucial, a cambio del compromiso de que los EEUU nunca invadirían Cuba. Eso sentó tan mal en el aparato militar y de inteligencia que se ha considerado como el desencadenante final para orquestar su asesinato.

3. Los implicados

Casi inmediatamente después del asesinato del presidente, la TV y la radio emitieron boletines en los que ya se informaba del nombre del asesino: Lee Harvey Oswald, blanco, caucásico, natural de Nueva Orleans, nacido en 1939, y empleado del almacén de libros escolares de Dallas, con sede en la misma Plaza Dealey. Había actuado solo. En su huida, había asesinado a un agente de policía y se había ocultado en un cine. A los pocos minutos un aluvión de agentes entraban y le detenían.

Lee Harvey Oswald

El hilo del que tiró Garrison fue el propio Oswald. La fiscalía tenía informaciones sobre su actividad en Nueva Orleans, pocos meses antes. Lo habían fichado después de provocar un altercado en la vía pública, repartiendo pasquines a favor de Fidel Castro y con un gran cartel colgado en el que se manifestaba abiertamente a favor del comunismo. Dichos pasquines contenían una dirección que Garrison investigó y que le llevaron hasta Guy Banister.

Guy Banister

Guy Banister, ex jefe de la oficina del FBI en Chicago, fue un investigador privado que tuvo su oficina en Nueva Orleans. Su dirección aparecía en los pasquines que Oswald repartía en la calle. Banister era un conocido anti-comunista, y las investigaciones de Garrison sacaron a la luz sus actividades ilegales al respecto, como formar guerrilleros para la CIA y organizar actividades para sembrar el caos, comoel reparto de los pasquines.

Según Garrison, Banister recibió órdenes “de arriba” para buscar y crear un personaje que acabaría siendo el cabeza de turco. Oswald fue seleccionado por sus actividades en la CIA, su experiencia en Rusia y su trabajo como agente doble. En ocasiones él mismo se había presentado como un acérrimo comunista y eso, en aquella época, era casi perfecto para predisponer a la opinión pública contra él.

Banister trabajaba regularmente con David Ferrie.

David Ferrie

Ferrie era un personaje muy extraño y también muy conocido en Nueva Orleans. Fue expulsado del seminario por conducta emocional inestable (Garrison descubrió que fue por tendencias pederastas hacia adolescentes de sexo masculino). Más tarde se convirtió en piloto de aviación, enrolándose en la Civil Air Patrol donde conoció a Lee Harvey Oswald.


David Ferrie, segundo empezando por la izquierda,
y Lee Harvey Oswald, primero por la derecha, en la Civil Air Patrol, 1955.

David Ferrie sufría de alopecia y estaba enfermo de cáncer. Investigaba en su propia casa para encontrar un remedio a su enfermedad, y se auto medicaba. Los medicamentos le producían alteraciones de la personalidad, y en su excentricidad se convertía en un encendido formador de guerrilleros. Para eso fue contratado por Banister. Víctima de un arranque de fogosidad, en una reunión citó algo sobre el asesinato de JFK antes de que este se produjera. Fue ante testigos que posteriormente declararon ante Garrison. Asimismo, el fiscal demostró que Ferrie y Oswald se conocían de la guardia aérea de Nueva Orleans, donde militaron en 1955, y que el propio Ferrie fue seleccionado para formar a Oswald como el cabeza de turco de la operación, evidentemente sin su conocimiento.

Ferrie trabajaba conjuntamente con Clay Shaw, un afamado hombre de negocios que se encontraba en aquella reunión en la que gritó proclamas a favor de asesinar a Kennedy mediante una conspiración.


Clay Shaw

Shaw fue un agente encubierto de la CIA, el contacto evidente entre dicha organización y el grupúsculo de Nueva Orleans que participó en el asesinato de JFK. Garrison le detuvo e incluso hubo juicio contra él. En dicho juicio, el jurado dio la razón a Garrison en que existió una conspiración pero no encontraron suficientes pruebas para encerrarle. Con los años, fuentes de la CIA confirmaron que Shaw fue miembro encubierto de la organización. Pasó la información necesaria a Ferrie, las “órdenes de arriba”, y buscó los recursos necesarios para que se ejecutaran. Garrison demostró que Ferrie, Shaw y Oswald se habían reunido previamente al asesinato.

4. Oswald fue un agente de la CIA

El fiscal Garrison, mediante sus investigaciones, descubrió que Oswald había sido reclutado y entrenado por la CIA. Después de su servicio en los marines, y mediante su relación con David Ferrie en 1955, descubrieron en él a un hombre dotado de intelecto suficiente como para desempeñar una serie de funciones en Rusia, como agente doble. Residió en la URSS e incluso se caso con una ciudadana rusa, Marina Prusakova. Sin existir pruebas definitivas para demostrar este extremo, esas actividades sumadas a un tremendo intelecto y una falta total de discernimiento, casi una obediencia ciega, fueron las que pesaron para elegirle como cabeza de turco en la operación para matar a Kennedy.

5. La desviación de la ruta y las deficiencias del servicio secreto

La ruta que debía seguir la comitiva del presidente no fue la que finalmente se llevó a cabo. El día anterior un periódico de Dallas publicó dicha ruta, que comprendía un trayecto el línea recta por la Calle Mayor. Los ejemplares del periódico desaparecieron en su totalidad después del asesinato, y se editó una nueva edición sin la ruta.

En lugar de dicha línea recta, la comitiva se desvió a la derecha para rodear la Plaza Dealey, cometiendo un supuesto error garrafal indigno de un servicio secreto como el estadounidense. El coche del presidente quedó en situación franca para ser tiroteado desde 3 ángulos: un montículo elevado al frente, el almacén detrás -desde el que supuestamente Oswald disparó-, y un paso elevado del ferrocarril a su izquierda. Eso suponía quedar en medio de un posible fuego cruzado, estrategia militar que se usa por su alta probabilidad de impacto.


Ruta modificada

A su vez, e incomprensiblemente, se disminuyó la velocidad del vehículo a 20km/h, convirtiéndolo en un objetivo en movimiento mucho más asequible. También diversos testigos declararon ver multitud de ventanas abiertas en el edificio del almacén, gente entre el público con paraguas y periódicos abiertos, e infinidad de pequeños detalles que una unidad del servicio secreto encargada de proteger a un presidente nunca pasa por alto. Visto así, se podría definir como una chapuza insólita.

6. La teoría de los 3 disparos en 6 segundos

El rifle con el que supuestamente Oswald disparó fue descrito inicialmente en los informes oficiales como un Mauser 7.65 alemán, para posteriormente pasar a ser un Marlincher-Carcano italiano de 6.5mm. Algunos testigos afirmaron que Oswald llegó ese día al almacén con una bolsa de papel alargada, que él mismo describió como “varillas de cortina”. Según Garrison, Oswald debía encargarse de introducir el arma en el edificio para que un tirador la usara.

Dicha arma, no obstante, era un pésimo instrumento para hacer lo que supuestamente hizo el tirador. La comisión Warren concluyó que se cometieron 3 disparos en 6 segundos. El rifle debía cargarse cada vez antes de disparar, volver a apuntar cada vez sobre un objetivo en movimiento, y acertar las 3 veces. Los informes que el fiscal encontró en los marines confirmaban que Oswald era un pésimo tirador. Garrison efectuó pruebas con tiradores de élite simulando las condiciones en que se produjo el asesinato, que concluyeron que hasta para un francotirador profesional hubiera resultado imposible realizar dichos disparos en tanto poco lapso de tiempo y con semejante acierto. Sumémosle, para colmo, una mirilla telescópica desviada y desenfocada. Eso, junto con varias pruebas más, sirvió como argumento para demostrar que hubo más tiradores y que probablemente Oswald no fue el que disparó, aunque sí estuvo implicado en la trama.

7. La increíble teoría de la “bala mágica”

La teoría de la bala mágica, o “de una sola bala”, fue acuñada por la Comisión Warren en sus conclusiones y tomada como prueba fundamental: de los 3 disparos supuestamente efectuados por Oswald el primero erró, tocó en un árbol e hirió a un transeúnte. El segundo, la bala mágica, entró por la parte trasera del cuello de JFK, salió por su garganta y giró a la derecha para entrar por el hombro del gobernador de Texas, John Connally, sentado delante. Posteriormente salió por su pecho, volvió a girar unos grados para entrar en su muñeca, rompérsela, y volver a salir para hundirse en su muslo izquierdo.

La bala efectúa 7 heridas; atraviesa las vértebras de Kennedy, rompe costillas y la muñeca de Connally y se aloja en el muslo del mismo. Debemos sumar músculo, piel y ropajes. Lo más “mágico” de todo fue que la bala fue “encontrada” en la camilla del hospital donde se atendió al gobernador herido, hallándose casi en perfecto estado.

Dicha prueba se tomó como definitiva por la comisión Warren, demostrando, según ellos, que los 3 disparos se habían efectuado desde el sexto piso del almacen de libros escolares, a la espalda del presidente. Garrison demostró en el juicio la casi nula posibilidad de que una bala de características normales pudiera efectuar dichas heridas y movimientos.

La tercera bala supuestamente hirió mortalmente en la cabeza a Kennedy, provocándole la muerte.

8. La prueba definitiva: la película Zapruder

Abraham Zapruder, un civil, se encontraba filmando el desfile presidencial con su cámara de 8mm. La película de Zapruder fue rápidamente confiscada por la policía y usada por la comisión Warren para reforzar su teoría de los 3 disparos y la bala única. Dicha película fue retenida por la revista Time durante 5 años, almacenada en un desván. Garrison fue capaz de, mediante una sentencia judicial, hacerse con ella y mostrarla en el juicio a Shaw, siendo la primera vez que los Norte Americanos visionaban el asesinato de JFK. Hasta entonces, no había imágenes tan claras.

Para situarnos, Zapruder estaba situado en calle Elm. El almacén de libros quedaba a su izquierda, el montículo de hierba a su derecha, y el paso elevado enfrente.

En la película se observa que un mismo disparo hiere a Kennedy en el cuello y al gobernador, ya que la reacción de ambos es casi simultánea. La herida mortal se produce unos segundos mas tarde, impactando en la cabeza del presidente, en la parte frontal. Fijémonos que lo desplaza hacia atrás y hacia la izquierda, con lo cual es imposible que la bala viniera de atrás -el almacén- sino de delante, el montículo de hierba.

Con ello, Garrison demostró que al menos dos tiradores estuvieron implicados en el tiroteo, y quizá algunos más teniendo en cuenta las múltiples heridas del gobernador; y que un rifle comprado por correo, según la comisión Warren, con una mira telescópica de mala calidad y mal ajustada, cargado con balas convencionales y apuntando sobre un objetivo en movimiento, con toda probabilidad no podría producir tales heridas.

9. El asesinato de Oswald y las muertes siguientes

Lo que sucedió después de la detención de Oswald, ya con la investigación en curso, fue del todo sorprendente. Al ser detenido, Oswald declaró que “era un cabeza de turco”. Nada sorprendente teniendo en cuenta que un delincuente tiende normalmente a autoexculparse. Al día siguiente del asesinato, Oswald es trasladado a la cárcel del condado. En el momento en que la policía lleva del brazo a Oswald hacía el coche que le trasladará a prisión, y que le espera estacionado en el parking subterráneo de las dependencias policiales, Jack Ruby se abre paso entre la prensa, la policía y los curiosos, y asesina sin oposición alguna a Oswald, que muere en el acto.

Jack Ruby era un empresario vinculado con la mafia que las investigaciones de Garrison situaron en el lugar de los hechos el día del asesinato del presidente, al volante de una furgoneta que supuestamente ayudó a huir a uno de los tiradores. Garrison sostuvo que Ruby asesinó a Oswald como parte del plan establecido, evitando así que testificara y contara lo sucedido. Ruby declaró que mató a Oswald para evitar a la viuda del presidente la pena por tener que aguantar el escarnio de un proceso judicial.


Jack Ruby

Ruby fue juzgado varias veces, quedando en libertad y muriendo de cáncer en 1967. No fue el único que murió de cáncer, pues Clay Shaw también falleció del mismo mal en 1974, con sólo 61 años. Garrison siempre encontró sospechosas esas muertes ya que nunca hubo autopsias, aunque sin poder recabar pruebas concluyentes.

A su vez, David Ferrie también moría en extrañas circunstancias. Aparentemente se suicidó en su apartamento usando medicamentos, horas antes de acudir a declarar para Garrison y contar todo lo que sabía. Las pesquisas del fiscal, después de haberse reunido varias veces con él, habían conseguido que accediera a confesar lo que sabía sobre el asesinato del presidente. La autopsia declaró que Ferrie había muerto de un aneurisma.

Con todo ello, Garrison reunió información suficiente para detener a Clay Shaw y juzgarle. Pero con la muerte de Ferrie, Oswald, Ruby, también la de Banister, se quedaba sin testigos ni posibles imputados. El jurado dictaminó que quedaba probado que había existido una conspiración, que había intervenido más de un tirador, que las circunstancias parecían preparadas… pero no había suficientes pruebas para condenar a Shaw, que quedó libre.

Los medios de comunicación americanos empezaron una campaña de acoso y derribo contra Garrison, basándose en supuestas corruptelas del fiscal con empresas del juego en Nueva Orleans, sospechas de sobornos, y demás. Garrison también fue juzgado, y evidentemente absuelto. Pero la campaña erosionó mucho su imagen pública, y le privó del tiempo necesario para preparar su reelección, de modo que los ciudadanos no se decantaron por él una tercera vez.

10. El encuentro con el “Señor X”

Años más tarde, con Garrison ya fuera del cargo, alguien que se definió como MR X se citó con él y le contó una serie de temas relativos al asesinato. En la película JFK, de Oliver Stone, basada en el libro de Garrison, queda el reflejado de manera excelente. Entre muchos detalles, el mentado MR X había formado parte de un departamento no gubernamental de operaciones encubiertas. Garrison confirmó que su línea de investigación era correcta, y que quizá era demasiado pequeño para enfrentarse al monstruo que había organizado la trama. Vale la pena ver los vídeos.

Garrison continuó con sus investigaciones de modo particular, que plasmó 25 años después en su libro In The Trail of the Assassins. Detalló todo lo sucedido entonces más lo que descubrió posteriormente.

Especialmente interesante es la intervención que fue capaz de conseguir en un espacio de TV, en el que se atrevió a contar a sus compatriotas las conclusiones de sus investigaciones. Es admirable el gran valor que demostró haciéndolo, enfrentándose a un todopoderoso “establishment”. Esperemos que su trabajo forme parte algún día de la historia de aquellos que empezaron a desmontar el oscuro sistema que nos envuelve y tan frecuentemente nos engaña.

Bibliografia utilizada: Garrison, Jim; JFK. Grupo Correo de Comunicación, 1996.

Fuente: El Blog Alternativo

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