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Nuestras sobras, un banquete para muchos

5 abril 2012

Alimentación: un mercado sin conciencia para consumidores inconscientes

Tanto el cortometraje “Chicken a la Carte” (Pollo a la Carta) como el documental “Taste the Waste” (Saborea la Basura), son dos producciones impactantes que ponen de manifiesto el tremendo desperdicio de alimentos y, en general, la locura de esta “civilización”, generadora de desigualdades abismales entre los seres humanos.

Intereses lucrativos de la industria alimentaria y de las cadenas de supermercados, así como la inconsciencia e irresponsabilidad del consumidor, están detrás de estas lamentables prácticas, cuando hay millones de personas en el mundo pasando auténtica hambre, y miles muriendo cada día de inanición o severa malnutrición. Es inaceptable.

Una vez más, está en nosotros el tomar conciencia de estos hechos y comenzar a aplicar coherencia, rigor e integridad en todos los aspectos de nuestra vida. Y un paso básico en este sentido es aplicarnos el cuento nosotros mismos, a la par que difundimos este y otros documentos y notas de información altenativa.

¿Por qué tiramos a la basura tanta comida?

Publicado por Mar Abad

Los contenedores de basura comen cada día toneladas de alimentos. La mayoría de ellos permanecen todavía en buen estado. No llegan ahí porque estén podridos. Probablemente alguien no calculó bien la ración de la cena o pensó que se habían convertido en veneno porque su fecha de caducidad coincidía con la del periódico del día. Pero, realmente, ¿es necesario destruir tanta comida?

El realizador alemán Valentin Thurn se hizo esta pregunta y buscó la respuesta grabando un documental que se mostrará en el festival de cine y gastronomía Flim&Cook. El director siguió la pista de las toneladas de alimentos en perfectas condiciones que acaban en el cubo de la basura y descubrió que en Europa el 50% de la comida termina en el contenedor. Mientras tanto, en todo el mundo, un billón de personas pasa hambre y 25.000 individuos mueren cada día por desnutrición.

Thurn no descubrió nada nuevo. Lo más grave de esta situación es que resulta de sobra conocida. Pero el alemán se propuso recordarla y abrir un debate. Creó la plataforma Taste The Waste y abrió un espacio destinado a que otras personas aporten ideas para evitar que se desperdicie tanta comida.

“En el trayecto de los alimentos desde su producción, envase, transporte y venta hasta su consumo, desperdiciamos casi la misma cantidad que consumimos”, asegura este movimiento en su site. “En la mayoría de países no hay cifras concretas de la cantidad de alimentos que se tiran. Sin embargo, Gran Bretaña ha realizado el esfuerzo de medir la montaña de basura y ha llegado al espeluznante resultado de que se desechan 15 millones de toneladas de comida al año. Ello equivale a 484 millones de vasos de yogur sin abrir, 1,6 billones de manzanas sin tocar (o 27 por persona) y 2,6 billones de rebanadas de pan”.

Thurn recuerda que su madre (igual que miles de mujeres europeas) le decía cuando era pequeño que no tirase la comida. Los niños de Africa no podían tenerla y hubiesen estado muy contentos de tener en su plato lo que él quería ver en la basura. Ese argumento, dice el realizador en la presentación de su documental, ha resultado ser “profético”.

“Los precios ascendentes del trigo muestran claramente el asunto. En la actualidad compramos nuestra comida en el mismo mercado mundial que compran los países en desarrollo. Si nosotros tiramos menos comida y, en consecuencia, compramos menos, los precios bajarán y habrá más alimentos para las personas con menos recursos”.

“Pero, ¿por qué demonios seguimos desperdiciando cada vez más y más?”, se pregunta el movimiento Taste The Waste en su manifiesto. “Por la lógica de la producción industrial de la comida”.

“Los agricultores tiran su producción cuando los precios caen por debajo de la cantidad de dinero que ellos tienen que gastar por la mano de obra y las máquinas. Así, si el precio en el mercado es bajo, el trigo se pudre en el campo. La comida también se desperdicia cuando es transportada por la rigidez de las leyes. Cuando un sistema de refrigeración en un camión de tomates se estropea, se destruye toda la partida. O cuando un melocotón se pudre, se tira todo el palé”, continúa el manifiesto.

“Los supermercados desperdician porque se sienten obligados a ofrecer a sus clientes todo tipo de alimentos todo el tiempo. Temen que si sus estanterías no están llenas, sus clientes se vayan a la competencia. Por eso, cuando llegan nuevos artículos, los antiguos acaban en la basura (independientemente de si son comestibles o no). Y los consumidores desperdician comida porque no conocen el significado real de la etiqueta ‘Consumir antes de’. Una tercera parte de los británicos piensan que un producto pasado de fecha los puede envenenar o no debería ser comido jamás. Obviamente, tenemos que volver a aprender cómo reconocer si un alimento es aún comestible o no”.

Una forma de protesta ante esta situación es rescatar comida de la basura en buenas condiciones. Esto es lo que propone Thurn.

Pero, además, hay muchas otras formas de hacerlo. La web del documental Taste The Waste menciona varias personas e iniciativas que ofrecen una alternativa a este derroche masivo de alimentos.

Hablan, por ejemplo, de Thomas Pocher, manager de un supermercado francés, que pretende concienciar a sus clientes para que compren productos que hagan menos daño a la naturaleza. O del granjero alemán Friedrich-Wilhelm Graefe zu Baringforf, que se niega a desechar casi la mitad de la producción de su cosecha porque no está en “condiciones óptimas”. O Timo Schneider, que enseña a los niños de Berlín a cocinar verduras frescas.

Thurn Film continúa ahondando en la promoción de un consumo más responsable de la comida. Ahora están grabando un documental para la TV alemana sobre las fórmulas que se están utilizando para evitar el desperdicio de alimentos, según Yvonne Miehlke, colaboradora del realizador.

Miehlke asegura, además, que la concienciación va aumentando y que ya existe, incluso, un proyecto de la Unión Europea destinado a reducir el despilfarro de alimentos a la mitad para el año 2025.

Fuente: Yorokobu

Compartido por Pilar S.

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