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Metió tanto la pata que se rompió la cadera…

25 abril 2012

En la fotografía de la derecha el rey Juan Carlos posa con un compañero de cacería, con su trofeo detrás. En la izquierda, el rey habla con su yerno Iñaki Urdangarín, en un acto oficial.

Juan Carlos e Iñaki: ¿de tal suegro tal yerno?

El nuevo escándalo de la Casa Real deja aún más patente las miserias de una institución tan ilegítima y nociva como el sistema político-económico que la sustenta

Freeman, Liberación AHORA | Cuando hace meses estalló el escándalo de corrupción acerca de los negocios turbios de Iñaki Urdangarín -yerno del rey- la monarquía fue inevitable y razonablemente salpicada, por lo cual la “oficina de relaciones públicas” de la Casa Real salió al paso (de una forma muy diplomática, por supuesto) y calificó de “no ejemplar” el comportamiento del duque de Palma, que desde entonces quedó desvinculado de la actividad oficial de la monarquía española.

Pero hete aquí que, ironías del destino, poco después el soberano suegro -quien en su mensaje navideño había pedido ejemplaridad a todo quisquifue cazado en otro tipo de comportamiento “no ejemplar”, y lo fue precisamente en una cacería de elefantes (matar animales por diversión es muy de la realeza, por cierto), de la cual sólo pudimos enterarnos porque el rey se accidentó y se rompió una cadera (que enseguida se operó con éxito, sin tener que entrar en las listas de espera de los hospitales, como el resto de los españoles “iguales ante la ley”).

Bueno, ustedes ya saben la que se armó y algunos otros detalles sangrantes que han trascendido, como los 37,000 euros que costó el divertimento real, mientras que en el país del monarca ya hay también listas de espera para llevarse algo a la boca, en los abarrotados comedores de caridad.

No es nuestra intención “hacer leña del árbol caído”, por mucho que dicho árbol sea borbónico (suena a bubónico, sí), y sus frutos sean -en lo histórico, en lo ético y en lo sociopolítico- manifiestamente amargos, malos, nocivos, venenosos…

Por otro lado, son los propios miembros de la Casa Real los que más están haciendo por la extinción de la monarquía (mientras el otro recambio del Sistema, la República, espera con impaciencia su entrada en escena).

Lo que realmente deseamos es que el mayor número de personas tome conciencia de una vez, ante tal impúdica conducta de neglicencia del “Jefe del Estado”, de que sus convenientes, mediáticas y cínicas disculpas (palabras, nada más) sólo pueden ser aceptadas por una sociedad infantil y aborregada (que sigue necesitando tutores, pastores y expertos de todo tipo), y por unos partidos políticos miserables (y sus pusilánimes-conniventes dirigentes) que -fieles al propósito del teatro parlamentario– refrendan y justifican la figura/personaje del rey y la irracional-abusiva institución de la monarquía, puestas e instauradas ambas por la “real gana” del dictador Francisco Franco.

Afortunadamente, hay muchas personas que han captado de qué va el rollo (y algunas, como el científico Alberto Sicilia, lo expresan de un modo excelente). Pero no se puede decir lo mismo del grueso de la población; y eso no es bueno.

Si ante tan mañas desfachateces la sociedad aún no comprende la necesidad -imperiosa, sensata y responsable- de autogobernarse y autogestionarse, de recuperar su soberanía y tomar las riendas de su destino -como individuos y como colectivo lúcidos y maduros-, sólo podemos decir lo siguiente a las masas displicentes: preparaos para más privaciones y abusos; preparaos para más PALO.

La actitud de la mayoría de la sociedad, de contemporizar o convivir con el vigente orden o sistema corrupto, es como la del enfermo que tiene un miembro gangrenado o un órgano necrotizado -con pronóstico fatal e irreversible-, y pretende seguir su vida como si tal cosa, sin plantearse si quiera la urgente e ineludible amputación o extirpación de la parte corrupta de su organismo. Tanto en el caso de la sociedad, como en el del enfermo, el miedo y la ignorancia -o negligencia- respecto de su situación real los llevan a una suerte de suicidio indirecto.

Freeman

EN CUANTO ALGUIEN COMPRENDE QUE OBEDECER LEYES INJUSTAS ES CONTRARIO A SU DIGNIDAD DE HOMBRE, NINGUNA TIRANÍA PUEDE DOMINARLE.

Mahatma Gandhi

Ante situaciones y órdenes manifiestamente injustas, abusivas y dañosas, emanadas de órganos y autoridades que por tales hechos son ilegítimas, la desobediencia civil no sólo es nuestro derecho inalienable, sino también nuestro deber, en tanto que personas íntegras, responsables de nuestros actos y omisiones.

Freeman

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6 comentarios leave one →
  1. Raúl Ibáñez Martínez permalink
    26 abril 2012 1:01 PM

    “Ante situaciones y órdenes manifiestamente injustas, abusivas y dañosas, emanadas de órganos y autoridades que por tales hechos son ilegítimas, la desobediencia civil no sólo es nuestro derecho inalienable, sino también nuestro deber, en tanto que personas íntegras, responsables de nuestros actos y omisiones”
    Estimado Freeman:
    Suscribo como mias tus palabras anteriores,.al igual que la propuesta de autogobierno y autogestión. Basta ya de abusos de todo tipo. Con el encarecimiento de las tarífas eléctricas y del gas, estamos pagando uno de los dobles o triples sueldazos de Felipe Gonzalez, José María Aznar, Angel Aceves, Elena Salgado…

    • 28 abril 2012 8:51 PM

      Muchos somos (pero menos de los que deberíamos) los que hemos tomado conciencia de la básica y profunda ilegitimidad de los poderes establecidos. Cuantas más personas se den cuenta de este hecho fundamental, antes se precipitará el desmantelamiento de este “orden” criminal. Gracias Raúl por tu comentario.

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