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¿EN QUÉ MOMENTO ESTAMOS? Una visión panorámica de los desafíos y circunstancias del proceso global crítico que vivimos

19 mayo 2012

Hacia la contextualización de la situación política, económica y social

Publicado en ¡Rebelaos!

En las actuales condiciones, en que todo a nuestro alrededor parece estar volviéndose inseguro, impredecible e incluso inquietante, y cuando muchas personas tienden a desarrollar estados de ansiedad respecto al futuro, tenemos que estar de acuerdo en que lo parcial, incluso si es en sí apropiado, resulta insuficiente.

Necesitamos una reflexión sobre el conjunto, para ir avanzando en la tarea de alcanzar una comprensión de la situación lo más exacta posible, que aún no tenemos, y fijar sobre ella una estrategia y unos planes de actuación realistas a la par que revolucionarios.

Para comenzar, se ha de comprender que el largo, y también destructivo e incluso terrible, periodo de bienestar y prosperidad que se ha dado en Occidente en los últimos decenios, se ha terminado. La crisis económica actual es mucho más que una disfunción coyuntural de la vida económica, al estar originada por numerosas causas, varias de ellas determinantes. No habrá vuelta al trastornado consumo de hace años, ni al deshumanizador asistencialismo estatal a colosal escala. 2008 marca un antes y un después.

Nos estamos adentrando en una época de crisis sistémica, de desarticulación social creciente, de interrogantes cada día más acuciantes sobre el futuro, de anuncios de catástrofe también en los medios más moderados. Se está comenzando a hablar, con referencias a lo que está hoy sucediendo, de la crisis del siglo XIV también, ese misterioso acontecimiento histórico que mató entre un tercio y la mitad de la población europea en poco más de medio siglo…

Occidente declina ante las potencias ascendentes, China en primer lugar, ya casi no puede hacerles frente en el terreno económico, pronto tampoco en el tecnológico.

Una solución está en un nuevo reparto del mundo por procedimientos militares, en una guerra planetaria más, que sería la cuarta en un siglo. La militarización asciende, no sólo de EEUU sino de China, Irán, Japón, India, Brasil, Rusia, Arabia Saudí, Australia… La UE pretende seguir en su limbo particular, dedicada a gozar, cada día más decadente y corrompida, pero ya no es posible. Despreciada por las nuevas potencias ansiosas de botín, que desean quedarse con los despojos, no podrá seguir mucho tiempo como está.

Las grandes guerras se empiezan a planificar y a preparar bastante antes de ser declaradas. Ahora estamos en esa fase. Una nueva carrera de armamentos, como no se conocía desde hace decenios, ha sacudido el planeta, sobre todo el área del Pacífico en 2011, y es posible que 2012 sea aún peor. La base es el enfrentamiento económico EEUU-China. Se buscan, e incluso construyen, nuevos aliados, promoviendo hasta revoluciones” de pega.

En realidad, se lleva bastante preparando el nuevo escenario, por ejemplo, con la incorporación desde 1989 de las mujeres al ejército español, en el que están alcanzando empleos cada día más importantes. Eso va a permitir, en caso de movilización general, aportar quizá hasta 800.000 reclutas femeninas al ejército, entre 18 y 50 años, lo que es decisivo dado lo escuálido de la demografía peninsular y europea. Para eso el gobierno del PSOE creó el Ministerio de Igualdad, hoy Subsecretaría de Estado.

El Estado policial sigue progresando, con pretextos muy bien escogidos, “proteger” a este o el otro sector, grupo o género, siempre para otorgar más “seguridad al ciudadano”, por supuesto. Lo cierto es que la militarización en ciernes así como el creciente desbarajuste social exigen un orden policial cada vez más perfecto.

De gran interés es la crisis política del régimen parlamentario y partitocrático. La legalidad de la Constitución española de 1978 suscita un rechazo en auge, de ahí la emergencia de propuestas reformistas (se reforma lo que se desea conservar robustecido), incluso preconizando el inicio de un nuevo proceso constituyente. Ampliar la crisis del régimen político concreto es de enorme importancia, exponiendo la verdad sobre lo que el parlamentarismo es, en todas sus formas, como un sistema político dictatorial, antipopular y no participativo por esencia.

En 2012 se cumplen además los 200 años de la Constitución española de Cádiz, promulgada en 1812, el inicio del actual sistema político. El rechazo de los fastos del Bicentenario, carísimos en un país arruinado, es obligado.

Empero, quedarse en el mero análisis económico y político sería falsear la realidad y dañar psíquicamente aún más al sujeto medio. Por eso, conviene rechazar el economicismo y el politicismo. Si se mira en torno se observa que todo se está desintegrando, todo, no sólo la economía: las formas naturales de convivencia, las relaciones entre las personas, el aprecio por la verdad, la honradez básica, la vida cultural, la estabilidad psíquica del individuo, la calidad y habilidades del sujeto, el sistema de valores, el uso del lenguaje, la cultura como autoconstrucción del yo e incluso el ser humano en tanto que entidad física, acosado por una mala salud crónica y un número creciente de patologías.

Se nos dijo que Occidente, que Europa, gracias a su poder económico, potencial tecnológico, educación de masas, parlamentarismo (ellos lo denominan “democracia”) y Estado de bienestar estaba más allá de toda regresión fundamental. Nos engañaron: ahora resulta que no hay recursos, la persona media está más embrutecida y entontecida que nunca, la economía no es competitiva, lo europeo es causa de mofa por todo el planeta y, además, los atributos propios de lo humano se pierden. Las sociedades otrora opulentas toman el aspecto de una inmensa granja donde seres con apariencia humana compiten entre sí con furor vengativo por la diaria ración de bazofia.

Nada funciona bien, ninguno es como debiera. Nadie está dispuesto a batirse por ideales. En nadie se puede confiar y nadie asume responsabilidades. La abulia, cobardía e irreflexión campean por doquier. Vivimos como seres sin espíritu, mera suma de apetitos fisiológicos y flojedad anímica. El dinero y el ansia de goces son las únicas motivaciones. La libertad no cuenta y el Estado, junto con la gran empresa capitalista, lo domina todo. Estamos ante una gran crisis de la civilización y una inmensa declinación de lo humano, además de un colosal desplome de la libertad.

Esta situación no es nueva, ni mucho menos. Hace mucho que Occidente ha perdido su cultura, que carece de valores, que es meramente una inmensa masa descompuesta que sólo desea pan y circo a costa del medio natural y del Tercer Mundo. Vivimos desde hace mucho sin ideas, sin convicciones, sin alma, como seres puramente fisiológicos. Y de eso tenemos que sentirnos culpables y responsables, pues a estas alturas ya no valen victimismos.

Salvar la esencia humana concreta, que se pierde al parecer sin remedio, es la gran cuestión de nuestro tiempo. Eso exige una revolución integral.

Hace ya mucho, mucho, que Europa no conoce proyectos de transformación total suficiente del orden constituido concebido como un todo, como base económica, sistema político, relaciones interpersonales, cosmovisión, ímpetu ético y esfuerzo por la verdad. Hemos tenido infinitos planes y planecillos para vivir mejor bajo el sistema, bajo el capitalismo, salidos de ese vientre hiper-fértil que es la socialdemocracia.

Esto ya no puede mantenerse. Ahora necesitamos pensar la totalidad, ser holísticos, porque la realidad hoy es eso, total. Lo que podía ser disculpable hace sólo cinco años hoy no lo es puesto que la situación ha dado un giro radical y hemos entrado en un tiempo nuevo, más tenso, más complejo, más duro, más exigente, más lleno de angustias pero sobre todo más rico en oportunidades de cambio integral.

Necesitamos una comprensión exacta de la realidad actual, una estrategia y unos planes de acción para la etapa en que nos estamos adentrando, que combinen la construcción en la base de nuevas estructuras, nuevo tejido social y nuevas relaciones con la necesaria, de un modo u otro, participación consciente en los grandes problemas de nuestro tiempo, de los que ya nadie, aunque lo desee, puede quedarse al margen. Si en un par de años hacemos lo suficiente en esa dirección podremos intervenir con energía y poder transformador en las decisivas cuestiones puestas sobre la mesa en el siglo XXI por la marcha de la historia.

Más que una nueva constitución, un nuevo modelo de soberanía popular

Distintos movimientos originados en el 15M claman por acabar con la constitución actual y están tratando de generar un nuevo proceso constituyente. Algunos de ellos, acogen como referencia positiva la constitución de 1812. Ante todo ello es importante señalar que cualquier proceso de lucha que quiera hacer caer la actual constitución estatal-capitalista, debe tener en cuenta que la cuestión a resolver no es solo de contenido sino de estrategia. No se trata de delegar la soberanía popular a una carta magna que esté por encima de cualquier proceso asambleario, sino de proteger la soberanía basada en las asambleas populares y por tanto, en un proceso de participación popular al margen del Estado, el cual tanto en la constitución de 1812 como posteriormente en la de 1978, salio reforzado.

Autor: colectivo de activistas Afinidad Rebelde

Fuente: ¡Rebelaos!

Texto HTML compartido por Miquel Ángel

Edición para Liberación Ahora: Freeman

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