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Meditación: trascendiendo éxito y fracaso

1 junio 2014

med“La cabra tira al monte”, y en todo busca “éxito”

Sobre la actitud en la meditación

En Blog de 道 
Cuanta gente se lamenta de que no “triunfa” con esto de la meditación y el mindfulness. Que no “le sale”, que no es “lo suyo”, que “no se le da bien”, no “va con él” y abandona. Lo que es paradójico es que en “esto”, como en todo, no se puede fallar más que… más que si te planteas objetivos… Así pues la persona no debería decir “no me sale” o “no se me da bien” sino “no he conseguido dejar de tener objetivos y aspiraciones también en esto…” La persona ataca todos sus problema igual, peca siempre de lo mismo: técnica, control, esfuerzo y objetivos. Y malinterpreta el mensaje de los sabios una y otra vez. Construye una visión egoica de todo. En el caso de la meditación se hace una idea de que la cosa es aproximadamente así:

“Vale, ya tengo la receta para la felicidad, la he leído de los que saben así que debe ser cierta, debo seguir la técnica XXX estrictamente, he de estar presente todo el día, y si lo consigo al 100% seré feliz o estaré iluminado, vamos ¡a por ello a tope!”

Entonces, empieza y le resulta imposible no ir midiendo si está presente mucho o poco, si cada día lo está más o menos, se esfuerza y sufre ante los fallos, recaídas, etc… Habrá alguien muy perfeccionista que hasta se apunte los “fallos” diarios y vaya viendo si cada vez hace menos… O incluso hay quien mide cuantos minutos “aguanta” meditando al día…

Ha logrado convertir esa meditación en exactamente lo mismo que su vida, por ejemplo, laboral: objetivos, deseos, esfuerzo, frustraciones, la creencia de como se obtiene la felicidad, una teoría de la felicidad puesta en el futuro (y no en el ahora), etc…

Y claro, obtiene la misma insatisfacción que en la “otra” vida. Ya decía Einstein que repetir siempre lo mismo y esperar resultados diferentes era una locura…

El problema para la práctica es precisamente  establecer todo eso que hemos comentado (objetivos, esfuerzo, implicaciones, controles, técnicas y optimizaciones) y el apego a ello, especialmente a la meta o la aversión al “error” (que en realidad no existe)… Eso es lo que nos hizo ya desgraciados en “la otra” vida…

¿Entonces?

No es que esté mal desear ser feliz, es inevitable, al menos al principio, mientras estemos en el Samsara. De hecho es el factor motivador más habitual para iniciar el viaje de vuelta a la fuente. Pero hay que conseguir el delicado equilibrio entre no abandonar la práctica por falta de interés (sea la que sea) y que esta no se contamine de los mismos ticks que ya nos están haciendo desgraciados ahora, como establecer objetivos o valoraciones de práctica bien hecha vs. práctica mal hecha. Pues llevarán a, simplemente, una práctica igual de desgraciada que el resto de tus actividades diarias pues está cortada justo por el mismo patrón…

Imagina ver a alguien nervioso, casi histérico y gritarle bien fuerte: “¡Tranquilizate!!!” y, claro, lo ponemos más nervioso 🙂 Eso nunca funciona ¿verdad?

Lo mismo hacemos con los pensamientos cada vez que “queremos” estar más tranquilos.

No “quieras”…

Meditar e incluso el mindfulness durante el día, han de ser principalmente una práctica de abandonar: abandonar objetivos, apegos, incluso abandonar el propio pensamiento, pero no reprimir nada de eso, simplemente verlo, dejarlo pasar y abandonarlo.

Para “dejar pasar” debes “ver”, evita “no-ver”, pero evita también “ver” para “juzgar”.

Deja pasar especialmente la frustración de cualquier idea de fracaso, deja pasar incluso la idea de que puede haber fracaso, deja pasar el esfuerzo y la necesidad de hacer esfuerzo. No te aferres a nada, ni siquiera al deseo de la perfección de técnica alguna, incluso meditativa. Estar tranquilo siendo el PEOR meditador o mindfulnesista del mundo, estar satisfecho con millones de pensamientos y también con una mente en calma. Sin ideas preconcebidas de lo que está bien o está mal.

Presencia, presencia, no se pide más, no se está pidiendo que juzgues cuando no estás presente, no que juzgues nada, solo presente, presente, presente. Observa sin juzgar.

No te pre-ocupes, simplemente ocúpate.

Abandónalo todo hasta que solo quedes tú…

Y mágicamente, todo empezará a rodar…

Derivado de un comentario puesto aquí.

Fuente: Blog de

Reedición artículo, título post, nota imagen: Freeman

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