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¿Estamos dispuestos a dejar de SOÑAR?

17 mayo 2015

Goya

¿ESTAMOS DISPUESTOS A DEJAR DE SOÑAR?

Por Marta Tortosa*

¿Estamos realmente en disposición de dejar de fantasear, de divagar y de alimentar nuestros sueños?
Porque es muy fácil llenarse la boca con palabras que alardean de buenas intenciones, presumiendo que nosotros somos libres y no caemos en las fauces de los embaucadores de siempre.
Pero a la hora de la verdad, somos auténticos maestros, en el arte de escondernos tras la máscara del auto-engaño.
Porque en el fondo todos ansiamos una vida perfecta y saludable; un trabajo maravilloso en el que nos sintamos realizados y reconocidos y una pareja que nos arranque de la rutina y nos envuelva entre algodones caramelizados.
Porque somos vanidosos y nos encanta que nos adulen el “ego” y nos deleiten con frases bellas y poéticas.
Por eso somos pocos los que estamos dispuestos, a despojarnos de las vestiduras que nos aprisionan el alma.
Porque la desnudez nos da miedo y la vulnerabilidad nos aterra.
Todos nos quejamos de lo que refleja la sociedad actual. No nos gusta el panorama que nos ofrecen los medios de comunicación y constantemente nos revelamos ante la incertidumbre de la vida.
Culpamos a los políticos, a los banqueros y a los feriantes, porque tratan de vendernos la felicidad, envuelta en un hermoso tarro de cristal; pero en el fondo
todos queremos coger el pedazo más grande de la tarta y vamos dando codazos al prójimo que pretende llevarse la guinda.
Hemos convertido la vida en un campo de batalla, donde hay que golpear fuerte y el primero.

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Estamos llenos de prejuicios y nos hemos compartimentado y fragmentado en mil pedazos (tanto que ya no nos reconocemos en el espejo)
Vivimos absortos en una película imaginaria donde nosotros somos los autores, directores, productores y protagonistas. Y a eso le llamamos realidad.
Evidentemente todos somos los héroes, los buenos y los piadosos. Los demás nunca nos entienden y constantemente nos lastiman nuestro ego maltrecho.
Somos víctimas de nuestra codicia y para no reconocerlo (porque eso nos hace parecer monstruosos), proyectamos en el mundo nuestros miedos más ocultos, para luego lanzar nuestras quejas, porque la película que vemos no es de nuestro agrado.
Ya lo dijo alguien y que ahora no recuerdo: “El mundo es tan solo un reflejo de nuestro estado interno”.
Por eso de nada sirve despotricar contra lo que vemos en el mundo. Nada cambiará hasta que no repongamos las piezas rotas de nuestro puzzle.
Hagamos un alarde de sinceridad y reconozcámoslo:
A la mayoría nos han educado para ser caballos ganadores y si no conseguimos llegar los primeros en la carrera, nos pasamos la vida cabalgando a lomos de nuestras exigencias internas, que nos recuerdan constantemente nuestras imperfecciones, nuestra mediocridad, nuestra inseguridad….

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Disfrazamos y ocultamos bajo la alfombra de la inconsciencia, nuestros sueños rotos, para que los demás no descubran nuestra fealdad y andamos todos a ciegas buscando la quimera de la felicidad en un hipotético futuro.
Queremos beber del néctar de la Vida, pero sin que éste nos embriague; no fuera que perdiéramos el sentido y el rumbo de nuestra existencia.
Y es precisamente por ese afán de control, por ese miedo atenuado ante los demás; que los publicistas pueden vendernos el elixir de la eterna juventud; el automóvil que nos conducirá al fin del mundo; la fragancia que nos llevará a vivir relaciones íntimas de ensueño y la pócima que aliviará todos nuestros males.
Porque sí, porque ellos conocen nuestros anhelos más íntimos, aquellos que no queremos reconocer por pudor. Ellos saben de nuestra infelicidad, que enmascaramos tras una sonrisa fingida.
Porque a la mayoría la Realidad tal cual es, nos parece fea, sosa, imperfecta. Y por eso la cincelamos y maquillamos con los colores de nuestras quimeras.
Es por eso que mientras no seamos capaces de dejar de engañarnos, mientras sigamos escondidos y temerosos de vivirnos con plenitud; de lanzarnos al ruedo de la Vida y reconocernos sin fisuras; sin mácula; sin fronteras; sin arraigos y sin necesidades que deban ser satisfechas….
Que seguiremos cayendo en la trampa de aquellos que nos prometen el cielo y proseguiremos vendiendo nuestra alma, a cambio de cuatro monedas y de nuestra indiferencia ante la mentira…

Marta Tortosa (Gladys)

Marta Tortosa (Gladys), nació en Barcelona el 5 de julio de 1961.
Ha recibido formación como Auxiliar de Ayuda a Domicílio. Trabaja atendiendo a personas mayores y enfermos crónicos en sus propios hogares. Muy sensibilizada en casos de enfermos terminales a quien gusta atender, acompañar y guiar en esos momentos tan cruciales de la Vida.
Está firmemente convencida de que si queremos transformar nuestras relaciones, primero debemos hacer una revolución interna.

Artículo compartido por la autora

Fuente reseña: Editorial Círculo Rojo

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