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Eric Baret: “La esperanza es una huida”

24 enero 2016

La esperanza es una huida

Por Éric Baret. Extractos de Dejar la luna libre

Éric Baret

¿Cómo tener confianza si no hay esperanza?

¿Cómo tener confianza si tenemos una esperanza? Tener una esperanza significa estar en un cuento, en la proyección.

Confianza en uno mismo…

Todavía es más inadecuado: mientras tengamos esperanza, presentimos su nulidad y no podemos tener confianza. Toda esperanza, toda finalidad, dirección o proyecto impide tener confianza en la vida. Nacido con el presentimiento inextirpable de no ser nada, el ser humano sabe intuitivamente que sus proyecciones son cuentos. Toda esperanza está minada por este presentimiento; no sirve más que para hacer creer en una localización. Mientras tenga esperanza en algo, experimento una no-confianza en la vida.

Constato que todas las esperanzas son fantasías. A la que obtengo algo, deseo otra cosa. No puedo esperar otra cosa que no sea mi propia patología. Mi pensamiento se limita al contenido de mi memoria, me ha llevado a la crisis que vivo. Así que, ¿cómo puedo albergar todavía esperanza?

Todo el mundo aspira a una vida diferente. La gente que vive sola desea encontrar a alguien, los que viven en pareja desean estar solteros. Están convencidos de que cuando esto llegue, todo irá mucho mejor. Esta esperanza impide escuchar la vida.

Cuando me doy cuenta de que después no hay nada, las energías constantemente utilizadas para anticipar y afrontar un hipotético futuro se concentran para hacer frente al instante. Esta presencia, disponible, presente, elimina todo futuro.

El futuro es un pensamiento, no existe. No podemos hacer frente a una situación mañana; morimos siempre antes de hacer frente al mañana. Me doy cuenta de que el futuro es una idea, una idea molesta, una inquietud, siempre.

Estar disponible… Ni siquiera podemos decir presente: no hay presente, sólo presencia. En esta presencia, eventualmente, lo que llamamos pasado o futuro puede inscribirse como presentimiento; pero ya no es futuro. Es como cuando te preguntan lo que harás dentro de seis meses: puedes abrir una agenda, si hay lugar pones una cruz… No es el futuro: la demanda es ahora, miras ahora en la agenda; esta proposición crea una resonancia en ti, haces una cruz, la agenda se cierra, se acabó, no hay futuro psicológico. El futuro es un punto en una agenda, es presente. Se puede hacer una cruz para dentro de 350 años, pero siempre la hacemos en el instante.

Lo mismo cuando me llega un eco del pasado: es ahora. Lo que me pasó hace diez años, lo siento ahora en mi vientre, en mi garganta… No es el pasado. Pasado y futuro están presentes. Cuanto más desarrollamos esta sensibilidad, más nos damos cuenta de este espacio presente.

La confianza en uno mismo es imposible, la confianza en el futuro es impensable. Son confianzas inadecuadas: no podemos fiarnos de algo que no existe.

El sentir es sin confianza. No hay nadie para tener confianza, sólo sentir. Cuando siento que mi brazo se mueve en el espacio: ¿dónde están el presente, el futuro, la confianza? Cuando escucho un concierto de música, una tarta de manzana o un dolor en un órgano: ¿dónde está la confianza? Siento, hay presencia. No necesito confianza. La confianza es el espacio en el que estas situaciones, estas sensaciones aparecen.

Tener confianza en algo es una falta de madurez. Mientras tengamos confianza en algo, no tenemos realmente confianza. Tarde o temprano nos decepcionaremos, ya que proyectamos nuestra tranquilidad en aquello en que tenemos confianza. Imaginamos que la situación puede aportarnos esta plenitud. Ahora bien, ni yo ni lo que llamamos los demás somos capaces de dármela. Por ello toda confianza es inadecuada.

Cuando ya no tengo confianza ni en mí ni en el entorno, queda una confianza que ya no se dirige hacia algo, sino que simplemente es un no-comentario. Dejo de criticar mi vida, de pensar que debería o podría ser diferente. Dejo de saber cosa alguna. Resta la disponibilidad. En ausencia de reacción psicológica, la simplicidad de la vida aparece. Todo lo que me llega es presencia. La confianza nace cuando abandono toda esperanza. Una confianza sin objeto.

La esperanza es una forma de aplazamiento: mañana seré feliz. No es admisible: nos moriremos antes; ya no habrá tiempo de ser felices mañana. Cuando haga más yoga, cuando sea más sabio, menos iracundo, más rico, cuando esté casado, divorciado, cuando coma menos azúcar, cuando esté en mejor forma, cuando viva en otra parte… sólo entonces seré feliz. ¡Esto es la esperanza!

¿Por qué esperar? ¿Qué más habrá mañana? Nada. Proyectaré la misma miseria que hoy. Si hoy paro, esto también se para mañana. Si hoy continúo, esto continúa mañana. Debo parar, ahora, en este momento. Escucho, siento: en este sentir, el mecanismo de huida hacia adelante, hacia mañana, lo veo por lo que es. Por tanto, volver siempre a la sensibilidad del momento. Escuchar el instante sin vincularlo al de antes o al de después, sin compararlo, sin saber nada, sin anticipar ni recordar.

La esperanza es una huida.

¿Qué lugar ocupa la memoria en el presente?

La memoria es un pensamiento.

Nada de memoria: sólo el presente es. Todo lo que aparece viene en el momento. Lo que llamamos el recuerdo de hace veinte años es una experiencia presente. Los golpes que recibiste hace veinte años, los sientes ahora, el miedo por el que pasaste habita en ti en este instante.

¿Qué es memoria? Cuando observas tu cuerpo, ¿ves tu pasado? No es pasado, es presente, tu cuerpo es presente. El cuerpo presente contiene todo el pasado. No hay memoria.

En otro plano, todo es memoria. El presente es la memoria, es el pasado. Nada puede ser presente. El cuerpo no es más que una memoria, por esto funciona. No es una memoria psicológica que se atenúa con la escucha de la vida. Es una memoria fisiológica, indispensable para el funcionamiento de nuestro sistema.

Un día verás que los términos memoria, presente, pasado son palabras, imágenes que se echan sobre la mesa para el juego. Son imágenes maravillosas, pero irreales. No es lo que está aquí, no existen. Lo que existe es indescriptible, no conceptualizable.

No pienses demasiado, el pensamiento te aleja… Vuelve un instante a la experiencia sensorial: no estoy en la sensación, la sensación está en mí. Deja vivir este resabio, esta incomodidad. Ahí se prepara una claridad. Pero las discusiones filosóficas sobre la memoria, el presente y el pasado siguen siendo debates. Todo se puede justificar mentalmente. Un hombre inteligente puede probar una cosa y su contrario. Un budista puede demostrar la tesis y la antítesis. Las dos serán justas y las dos serán falsas. Es un ejercicio mental que no sirve para gran cosa. Déjalo para las personas agitadas. Vuelve al sentir.

Fuentes: Advaita Info

Edición artículo, título post, Freeman

Ying-Yang1

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