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Covid o Iglesia de los Santos Inconscientes. La fanática imposición del DOGMA Oficial. Antídoto: empoderamiento y discernimiento

29 mayo 2021

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EL MUNDO DE LOS DEVOTOS DE LA IGLESIA COVIDIANA DE LOS SANTOS INCONSCIENTES

Cuando parecía que el fanatismo, bruto y trasnochado, había quedado en la práctica reducido a ciertos regímenes teocráticos de medio oriente y, en general, a los incondicionales o “ultras” de ideologías, partidos políticos, equipos de fútbol o sectas religiosas pequeñas o grandes, llegó la plandemia en pleno sigo XXI para demostrar que la Humanidad en su conjunto apenas evolucionó en consciencia en los últimos 2000 años.

En efecto, no es cierto que los dogmas religiosos estén de capa caída en el mundo y mucho menos en occidente. Sólo han cambiado de formato. Ahora los oficiantes no visten casullas ni estolas, sino batas blancas y fonendoscopios; mientras que los fieles, en vez de usar velo o turbante, lucen mascarilla a modo de bozal; algo así como un burkha para la conciencia.

Porque, si te pusiste orgulloso tu bozal y te auto bautizaste covidiano, tragándote la propaganda oficial (y rociándote con agua maldita.es); y si además hiciste tu primera comunión (dejándote inocular cualquiera de las jodidas “vacunas”), ya no tienes voz ni voto (si alguna vez los tuviste en la supuesta democracia). Ya no tienes cara; y el culo, ese está ahora disponible para un isopado anal, si eres lo suficientemente voluble y tu autoestima está a la altura del betún, como en el fondo lo está la de los millones de seres (pues de las personas se predica conciencia y dignidad) que profesan este nefasto credo covidiano, que convirtió a los antaño rebaños de borregos en asustadas y peligrosas masas de zombis que van de aquí para allá a golpe de noticia aterradora y decreto liberticida anunciados en el telediario.

A lo largo y ancho del planeta, en estas sociedades distópico-devocionales (religiosamente entregadas cada día al sanitario e institucional rosario de medidas draconianas), las autoridades e instituciones, trasmisoras y garantes de las versiones oficiales, son también depositarias de “la VERDAD” para la mayoría de la gente, acerca de cualquier asunto de interés general. Simplemente porque tales autoridades e instituciones, por la enorme ascendencia e influencia de los lobbies detrás de ellos, se han arrogado ese papel, programando a las masas a través del condicionamiento cultural, el control mental y la ingeniería social. Términos estos que suenan profanos y heréticos (negacionistas, conspiranoicos) para el contumaz creyente covidiano, que ignora estar actuando como aquellos colaboracionistas franceses, durante la ocupación nazi de su país entre 1940 y 1944 (hoy en día la esvástica ha sido sustituida por la serpiente enroscada en la vara, emblema de la muy farmafiosa OMS).

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De manera que las personas, así alienadas, creen ciegamente que el estado y sus organizaciones y “expertos” -a los que imprudentemente ceden todo su poder y responsabilidad personales- realmente poseen y administran la verdad (de facto, absoluta) acerca de cualquier tema o dinámica, en cualquier área o ámbito de la vida. Prueba palmaria de semejante arrogancia, abuso y despropósito es que cualquier otra opinión, visión o dictamen que difiera o ponga en duda el DOGMA oficial, es automaticamente descalificado y descartado; oportuna y oficiosamente etiquetado como BULO por las llamadas agencias de verificación de datos (fact-checkers, al servicio de aquellos lobbies y sus BULOS OFICIALES).

Así, quienes hacen públicas o divulgan dichas versiones alternativas -por muy profesionales o competentes que estas personas sean en la materia- son a menudo objeto de desprestigio, ridiculización, represalia laboral o, directamente, del ataque personal, que será tanto más intenso, rastrero y denigratorio en proporción directa al peligro o amenaza que dichas opiniones disidentes representen para la credibilidad que ante las masas tenga la versión o narrativa oficial acerca del asunto concernido; sobre todo cuando aquella narrativa (por ejemplo, la del test PCR en relación a la plandemia) es decisiva a la hora de apuntalar toda la estructura actual de este -por otra parte- antiguo y totalitario sistema, dirigido por el elitista grupo de organizaciones, familias y sociedades secretas que realmente controla todo tras las bambalinas del TEATRO político, científico, sanitario o cultural en cualquier país del orbe.

Y como es natural y ha sido siempre en esta Matrix, lo aquí dicho es tan negado y descalificado por el establishment como ignorado e incomprensible para las muchedumbres desempoderadas, cuya capacidad para el discernimiento y el criterio propio fue atrofiada a través de largos y pesados años de sistemática, instituída y constante programación mental o, en términos más populares, “lavado de cerebro”. De la cuna hasta la sepultura.

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Estamos hablando hoy, en suma, de la secta destructiva con mayor número de adeptos (y la más peligrosa en todos los aspectos) que jamás haya existido sobre la faz de la Tierra. Se la conoce por diversos nombres, dependiendo del punto de vista desde el cual nos refiramos a ella (sanitario, institucional, científico, etc). Pero se trata siempre de la misma FE CIEGA EN LO OFICIAL.

Y para salir de ella, es aplicable la misma solución que funciona con respecto a todas las demás sectas: maduración de la conciencia, que se traduce en la práctica como AUTO EMPODERAMIENTO y DISCERNIMIENTO. Asuntos que, por supuesto, no se enseñan en escuelas, colegios o universidades. Porque, aunque así lo hicieran (y no lo harán jamás realmente, ya que un régimen de esclavitud nunca enseñará a un siervo cómo hacerse libre e independiente), la responsabilidad última de llevarlo a cabo en su propia vida, es del individuo. El niño debe aprender a andar por sí mismo, por mucho que, en su entorno, le animemos, incitemos o inspiremos a hacerlo. Nadie podrá andar por él. Y caer forma parte del proceso.

Asumir este hecho nos lleva también a darnos cuenta de que la confrontación directa con un covidiano resulta tan contraproducente como tratar de persuadir o alertar a cualquier miembro de las sectas tradicionales (más o menos destructivas) que tiene el cerebro lavado. A estas alturas, todos tenemos experiencia en estas lides y sabemos del gasto innecesario de tiempo y energías que ello supone, con el añadido de que al final la persona abducida se enroca más en sus nocivas convicciones, las cuales tratará, además, de imponernos “por nuestro bien y el bien de todos”.

Todos hemos experimentado esto con familiares, amigos, conocidos o desconocidos, de una u otra forma: mientras nosotros les comprendemos a ellos (por haber sido nosotros, en un pasado cercano o lejano, tanto o más ingenuos e inmaduros que ellos), ellos no nos comprenden a nosotros. Y es que, usando ahora una analogía algebraica, el 9 comprende al 3, pero el 3 no al 9. No trates, siendo un 9, de hacerle entender tu perspectiva a un 3, pues simplemente NO PUEDE y entrará, como poco, en disonancia cognitiva; sino es que en abierta hostilidad y proyección de culpabilidad hacia ti. Esto último es, precisamente, la delgada línea roja que separa una perspectiva saludable de otra que no lo es: cuando alguien o un grupo pasa por encima de la dignidad, integridad y conciencia de una persona o colectivo, aplicando fuerza, intimidación o coerción para imponer una visión que, de este modo, resulta invasiva y abusiva.

Por tanto, hay que cambiar definitivamente de estrategia. Y si tan conscientes nos consideramos, nosotros mismos tenemos que aplicarnos el cuento y dejar de tratarles como ellos nos tratan a nosotros. Ya sabemos que, salvo excepciones, esa vía no funciona y solo genera más conflicto, división y sufrimiento. Se trata de que todos salgamos ganando en los intercambios, no del acostumbrado “yo gano y tú pierdes”. Nuestra intención es salir con bien de esta el mayor número de personas posible, en vez de irnos todos a tomar por el culo, hablando en plata.

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El desafío entonces, es SER EJEMPLO de lo que predicamos; ofreciéndoles información de calidad a modo de sugerencia cuando sea oportuno y, por lo demás, dejando que nuestros actos -nuestras obras o frutos- hablen claramente por nosotros, de manera tan diáfana y elocuente que las personas covidianas (las que aún puedan sentir y discernir), al no sentirse atacadas y al notar buena voluntad, sensatez y sentido común por nuestra parte, se sientan interiormente movidas a indagar y replantearse TODO. Y ese todo puede -debe, de forma urgente- comenzar por la embustera narrativa oficial acerca de las inoculaciones de alto riesgo (vacunaciones covid) y de esta plandemia en general.

No cabe otra, ellos mismos han de darse cuenta de lo que sucede, tanto dentro de sí mismos como en la sociedad, que no es más que la cruda proyección de las creencias limitantes y negativas sostenidas por la mayoría de personas que integran el colectivo humano (siendo la clase política su peor y más psicopático reflejo).

Pues nosotros podemos llevar a los caballos al río, una y mil veces; pero el que beban o no ya es cuestión de ellos. Y esto es mejor aceptarlo resueltamente ahora mismo, por nuestro propio bien y, a la postre, el de ellos. Aunque este último motivo recuerda al discurso covidiano, hay sin embargo una diferencia crucial: aquí ya no hay forzar, imponer u obligar, sino sugerir, soltar y permitir.

Freeman – Webmaster de Liberación AHORA

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Edición, texto, títulos: Freeman

Nota del editor: respecto a cualquiera de las áreas y contenidos de información/conocimiento alternativos que se publican, está en el lector indagar, contrastar, reflexionar y ejercitar su discernimiento, para tomar lo que le resuena o le es útil, dejando a un lado lo demás. Pues entendemos que ninguna persona está en posesión de la verdad absoluta sobre nada, ni ésta se halla tampoco en libros o en cualquier tipo de organización.

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El tiempo de proyectar afuera las causas de las circunstancias que vivimos debe terminar definitivamente, para recobrar, en cambio, el poder personal y colectivo que fue cedido o entregado a las falsas autoridades y los poderes usurpadores y abusivos que acudieron y aprovecharon, de manera lógica, la llamada vibratoria de una masa de seres desempoderados que, en su interior, se han sentido históricamente víctimas, incapaces, ignorantes, inútiles o culpables (y, por tanto, merecedores de privaciones y castigos).

De manera inevitable, el ser humano ha de tomar conciencia de su naturaleza e identidad real, auténtica, incondicionada, espiritual, asumiendo al fin cada individuo -y, luego, cada sociedad- su integridad y soberanía irrenunciables, así como la responsabilidad por sus propias interpretaciones, actitudes, pensamientos, sentimientos, emociones, palabras y acciones, que son los materiales con los que realmente construye cada uno su propia realidad día con día.

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Declaración Universal de Derechos Humanos, “Artículo 19. Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

 

PARA PROFUNDIZAR: COVID-19

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