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MEDITACIÓN. Despejando mitos espirituales para volver a lo natural

21 febrero 2014
meditaciónLa meditación es algo más sencillo y natural de lo que, en general, se supone

La no-meditación (reflexiones sobre la meditación y el estado natural)

Por Toni, acerca de Meditación Auténtica, de Adyashanti

Entre las “ofertas” o recomendaciones que se suelen hacer en el contexto de la “búsqueda espiritual” no es raro escuchar la idea de la conveniencia de ponernos a meditar. La meditación es una herramienta válida, ya que a casi todos nos viene bien disponer de algunos momentos de tranquilidad y relajación, en silencio y quietud. En silencio podemos sentir más fácilmente la paz y sencillez que es nuestro Ser. Y en esa paz puede fluir la comprensión de que esa quietud (o meditación) ha surgido por sí misma, originada por la Vida y no por un esfuerzo o voluntad individual de una entidad separada. Dicha comprensión también nos hace saber que Todo Es Uno, y en dicha comprensión recordamos la Verdad de nuestro Ser (es una comprensión digamos que “intuitiva”, no del intelecto). Todo esto en el Momento.

La meditación es una herramienta con sus ventajas, pero como toda herramienta, también puede convertirse en un inconveniente. Idealmente la meditación ha de fluir de manera relajada, sin sensación de esfuerzo, o sea, sin provocarnos tensión. No debería tratarse de una obligación (aunque entrenarnos para establecer una disciplina puede tener valor durante un tiempo) sino que más bien debería ser algo que fluye de forma natural y en calma, produciéndonos sosiego, o mejor dicho, contribuyendo a que captemos el sosiego que somos en lo profundo de nuestro Ser.

¿Realmente necesitamos de forma obligada la meditación para ser lo que somos? Obviamente que no. Para captar nuestro Ser no nos hace falta estar sentados ni de ninguna manera. Podemos sentir nuestra naturaleza en medio de una multitud, en mitad de nuestras tareas (ya sean físicas o intelectuales), en cualquier situación. La idea del término no-meditación es que ya somos lo que somos y no necesitamos hacer nada especial para darnos cuenta. Simplemente podemos fluir estando atentos al Ser (que somos) en cualquier momento y situación. Así no dividimos nuestro tiempo en momentos “de meditación” y momentos “no espirituales”, sino que todo nuestro día se convierte en la Comunión con nuestro Ser.

Esta idea de no-meditación puede considerarse como una especie de meditación constante, pero una meditación muy hermosa, por ser libre, sin normas, sin reglas de ningún tipo, sin partirla en tiempos, sino un fluir constante en Lo Que Es.

Estoy leyendo un inspirador libro de Adyashanti, “Meditación Auténtica“, un libro muy recomendable que aporta unas explicaciones muy bellas sobre este tema. Más abajo voy a citar algunos párrafos de este libro relacionados con lo que estoy comentando en este post (que es el tema del libro en sí). Pero antes me gustaría comentar que, por buena que sea la herramienta de la “meditación formal” (por llamarla así, a la meditación sentada en cualquiera de sus formas), obsesionarnos con ella o convertirla en algo mecánico difícilmente puede decirse que sea una gran contribución en nuestra vida.

adyashanti_1Adyashanti

Recuerdo que UG sostenía que la meditación (y en general cualquier tipo de sadhana o práctica espiritual) no tiene nada que ver con el despertar, ya que para UG el estado natural es, en sus propias palabras, “acausal”. Recuerdo haber leído también que Ramana Maharshi y Annamalai Swami a veces podían sugerir a alguien que meditara, pero otras muchas veces podían disuadir a quienes les consultaban para que emplearan métodos más oportunos en lugar de la meditación. Incluso se ha mencionado (por Ramana) que en ocasiones la meditación puede inducirnos a un estado de sopor o algún estado determinado el cual no conduce a nada: cuando finaliza la meditación el ego sigue igual de vivito y coleando que al principio. Quizás por eso Ramana proponía con especial énfasis el método de la “Autoindagación”, preguntarse a sí mismo algo profundo que nos lleve hacia el meollo del asunto, como la pregunta «¿quién soy yo?». Esto nos conduce a llevar nuestra atención al Ser, y es algo que puede hacerse de manera relajada durante todo el día, incluso mientras trabajamos. Sentir el Ser es de hecho lo más natural del mundo y no requiere especial esfuerzo. Es nuestra obsesión en prestar más atención a las nubes pasajeras (circunstancias aparentes, pensamientos, emociones, sensaciones) lo que nos distrae de lo evidente del Ser.

Espero que se entienda que en este post no pretendo recomendar que se medite, ni lo contrario. Más bien sugiero que podemos estar abiertos a nuestro Ser, lo cual no implica esfuerzo. Y que la Paz que somos, que nos envuelve constantemente, es una Paz (felicidad, serenidad, templanza) que podemos reconocer en cualquier Momento si prestamos atención. Cada Momento nos está ofreciendo esta Paz. Cada Momento tenemos acceso a nuestro Ser. Vale reflexionar en esto (incluso sentados en postura meditativa jejeje); vale observar cada momento, captando, estando alerta; vale comprenderlo a través del silencio, mediante la intuición.

Ya somos lo que somos. Ya tenemos acceso a lo que somos. Ya podemos sentir la Paz que somos. Simplemente al no tomar tan en serio las nubes pasajeras, es que resonamos con lo Real que hay de fondo: nuestro Ser. No hay reglas para esto. No tenemos que cumplir ninguna condición. Nuestro Ser es nuestro Ser, y nada nos lo puede arrebatar. Es un Regalo de la Vida, del Uno, que es puro Amor y es la Gloria de la que todos formamos parte.

Ahora sí, voy a copiar unos párrafos del libro “Meditación Auténtica“, de Adyashanti, pues me han parecido buenísimos y sus explicaciones sobre este tema son brillantes e inspiradoras. Lo pongo en azul pero remarcaré al principio unas líneas en rojo simplemente para indicar algo que me hizo gracia cuando lo leí, ¡me gustan las afirmaciones directas e irreverentes jejeje!

Del capítulo “Postura y mirada“:

(…) una de las preguntas más frecuentes al respecto tiene que ver con la importancia de la forma de sentarse. ¿Hay que sentarse con la espalda derecha, con la columna vertebral erguida, o podríamos relajarnos en una hamaca o en un sillón? Yo contesto que es preferible no tumbarse (pues la mayoría se adormece cuando se tumba), pero que, aparte de eso, el hecho de sentarse en una determinada postura no tiene gran importancia. Entiendo que muchas tradiciones hagan hincapié en la postura adecuada. La tradición zen de la que procedo pone bastante énfasis en la postura. En realidad, algunas posturas pueden abrirnos a nivel emocional y físico. Si nuestra postura está abierta, nuestra columna vertebral está erguida y no tenemos las manos cruzadas por delante de nosotros, nos sentimos más abiertos. Esta postura conlleva una sensación natural de apertura. (…) Pero aunque la postura adecuada sea útil, yo he descubierto con los años que la mente del buscador espiritual se suele concentrar tanto en perfeccionar y en mantener una determinada postura, que el resultado no le conduce a dicha apertura. (…)

(…) Lo importante es ponerse a meditar desde una actitud subyacente de apertura y relajación. Tenemos que trascender la idea de que el despertar o la iluminación sólo ocurrirán si nuestra postura es correcta, pues eso simplemente no es verdad. El despertar y la iluminación se pueden producir tanto en meditadores erguidos y derechos como en meditadores encorvados y desplomados, sentados en hamacas o como les plazca. Una vez más, lo que importa es la actitud con la que meditemos. ¿Estamos abiertos? ¿Estamos sentados sin tensión? ¿Es sencillo nuestro enfoque? (…)

Otra de las preguntas más frecuentes es si los ojos deberían estar abiertos o cerrados. Cada tradición pone énfasis en una cosa distinta. Algunas tradiciones dicen que habría que meditar con los ojos abiertos. Otras te recomiendan dejarlos cerrados. Como profesor, a mí me interesa más lo que a ti te apetezca. ¿Qué te apetece hacer cuando dejas de pensar en lo que deberías hacer o dejar de hacer, cuando te deshaces de la autoridad que has aprendido en algún otro sitio y vuelves a conectarte con lo que es íntimamente tuyo, con lo que no te ha dado nadie ni nada? Muchos de nosotros hemos aprendido tantas cosas sobre enseñanzas e instrucciones que, al cabo de un rato, nos desconectamos de lo que es íntimamente nuestro, de nuestra sabiduría espontánea y natural. Así que yo siempre intento que la gente recupere la conexión con lo que es íntimamente suyo de inmediato, desde el principio. ¿Qué es auténtico para ti? Si quieres meditar con los ojos abiertos, déjalos abiertos. Si prefieres cerrarlos, ciérralos. Experimenta, prueba de las dos formas. Si tienes sueño, abrir los ojos será una buena idea. Te ayudará a despejarte un poco. Otras veces estarás con los ojos abiertos y tendrás ganas de cerrarlos, no de sueño, simplemente porque te apetezca. Y si es así, deja que se cierren. Ve sintiendo tu modo de proceder. Intima con tu propia experiencia.

Del capítulo “Vive igual que meditas“:

Que la gente se siente a meditar es hermoso. En mi experiencia, a casi todo el mundo le vendría bien sentarse un rato a meditar en silencio, todos los días, ya fueran veinticinco minutos o cuarenta y cinco. Si te apetece sentarte más tiempo, hazlo. (…)

No obstante, cuando hablo de meditación no me refiero solamente a lo que hacemos cuando nos sentamos formalmente. La meditación también tiene que ver con la vida y con la forma de vivir. Si sólo aprendemos a meditar bien cuando estamos sentados, por muy profunda que sea le meditación no llegaremos muy lejos. (…)

(…) La Meditación Auténtica es algo que vive realmente con nosotros. Podremos estar haciendo cualquier cosa, en cualquier lugar, en cualquier parte. Podrás estar conduciendo hacia tu calle permitiendo que todo sea lo que es. Podrás practicar dejando que el tráfico sea lo que es. Podrás practicar permitiéndote sentir lo que sientas. Podrás dejar que el tiempo sea como es. O podrás experimentar la próxima vez que veas a tu amigo o a tu amante. ¿Qué sucede cuando te encuentras con esa persona y permites que sea totalmente lo que es? ¿Qué sucede cuando me permito ser completamente lo que soy? ¿Qué ocurre? ¿Cómo nos implicamos? ¿Qué cambia? Así que la Meditación Auténtica puede ser una meditación muy activa, una meditación muy comprometida.

(…)

¿Qué pasaría si tu vida, y no sólo el rato que pasas meditando, se basase en permitir que todo fuese lo que es? Supondría una revolución en la vida de casi todo el mundo. (…)

Si lo hicieras, tu vida podría volverse muy interesante. (…)

He comprobado que una de las claves para ser verdaderamente libre es vivir igual que medito. Cuando permitimos que todo sea realmente lo que es, cuando nos permitimos esa atmósfera interior, esa actitud interna de no aferrarnos a nada, ese espacio resulta muy fértil: es un estado de conciencia muy potente. Esos momentos de entrega te darán la oportunidad de recibir algo creativo. Es el espacio en el que surge la visión, la revelación. Así que no se trata de dejar que todo sea lo que es a modo de simple objetivo, sino como una meta. Si lo conviertes en un objetivo te perderás la esencia, que consiste en permitir que todo sea simplemente lo que es; ésa es la base, la actitud subyacente. Desde esa actitud subyacente podrán suceder muchas cosas. En ese espacio surgirá la sabiduría, los «ajás». En ese espacio recibiremos el regalo de lo que necesitemos ver. Es el espacio donde la totalidad de la conciencia, y no sólo una pizca de nuestra conciencia mental, podrá informarnos. Y, por último, es el espacio en el que surgirá la conciencia. Es el espacio en el que nos daremos cuenta de que somos conciencia, el material no manifestado del ser.

Del capítulo “La Meditación Auténtica empieza descansando en el estado natural“:

En Meditación Auténtica partimos de la base de permitir que todo sea tal y como es. En Meditación Auténtica no nos movemos hacia el estado natural ni tratamos de crearlo; en realidad empezamos en el estado natural desde el principio. Esto es lo que descubrí hace muchos años, cuando empecé a deshacerme del meditador, del controlador, cuando me senté a meditar y me limité a permitir que todo fuese lo que era. Enseguida me di cuenta de que la paz y el silencio que quería conseguir estaban ya ahí. Lo único que tenía que hacer era dejar de intentar llegar a esa paz y a ese silencio. Lo único que tenía que hacer era sentarme y permitir que mi experiencia fuese la que era.

Como casi todo el mundo, cuando me sentaba a meditar me sentía bien y en paz. Otras veces me sentía agitado, enfadado o lleno de ansiedad. A veces me ponía triste y otras veces, contento. En la postura de meditación llegué a sentir toda la diversidad de emociones humanas. Me di cuenta de que si permitía que mi experiencia fuese la que era y si no hacía ningún esfuerzo por cambiarla, en la conciencia comenzaba a surgir un subyacente estado del ser natural. De manera muy sencilla y natural, empezaba a surgir un estado de conciencia incontaminado, no fabricado. Yo diría que era un estado de conciencia muy inocente, pues no resultaba de ningún esfuerzo ni disciplina. Descubrí que el estado natural, el estado natural de nuestro ser, no es un estado alterado de conciencia. (…)

Al pensar en la meditación debemos deshacernos de la idea de que la iluminación es un estado alterado de conciencia al que podemos llegar. Los meditadores veteranos saben que si meditas con rigor durante bastante tiempo, al final entrarás en estados alterados de conciencia. Existen muchos tipos de estados alterados. La felicidad es un estado alterado de conciencia. La tristeza es un estado alterado de conciencia. La depresión es un estado alterado de conciencia. Luego están, por supuesto, todos los estados místicos de fusión: la fusión con el cosmos es un estado alterado de conciencia; la sensación de expansión de tu conciencia es otro estado alterado de conciencia. Hay muchos tipos de estados alterados. Esto es un gran malentendido. La iluminación es el estado de conciencia natural, inocente, que no está contaminado por el movimiento del pensamiento, ni por el control o la manipulación mental. En esto consiste la iluminación. Si intentamos cambiar, no podremos ir más allá de lo que denomino falsa identidad, de la identidad del ego. Lo único que podemos hacer para que la conciencia empiece a despertar de su identificación con el pensamiento, con la sensación, con el cuerpo, con la mente y con la personalidad, es permitirnos descansar en el estado natural desde el principio.

Otra reflexión interesante la cito del capítulo “Permite que se manifieste todo lo que llevas dentro“:

Como la naturaleza de la totalidad de nuestro ser es despertar, cuando permitimos (profundamente) que todo sea lo que es, el material que tenemos reprimido en nuestra psique suele salir a la superficie. De hecho, muchos estudiantes espirituales utilizan inconscientemente sus técnicas de meditación para seguir reprimiendo determinado material. Aunque no se den cuenta, es lo que sucede. Cuando nos relajamos, cuando nos abrimos realmente y permitimos que las cosas sean lo que son, suele surgir determinado material reprimido, y eso nos coge por sorpresa. De repente puedes tener un acceso de ira o de tristeza durante la meditación. Tal vez te pongas a llorar. Quizá te reencuentres con diversos recuerdos que vuelven a hacerse conscientes y a manifestarse. Tal vez sientas dolores físicos; cuando permite que todo sea lo que es, la gente cuenta que suele experimentar dolor en diferentes partes del cuerpo. Cuando empezamos a relajarnos de verdad, lo que tenga que salir a la superficie saldrá; como he dicho anteriormente, muchas personas espirituales utilizan sus técnicas espirituales, sin darse cuenta, para suprimir su inconsciente. Cuando dejamos de suprimirlo, el inconsciente comienza a surgir y se manifiesta.

¿Qué debemos hacer con el material inconsciente que sale a la superficie? Nada. Simplemente dejar que se manifieste. No tenemos que analizarlo. En la mayoría de los casos, lo que surgen son conflictos que están pendientes de solucionar: emociones que nunca nos habíamos permitido sentir de lleno, experiencias que nunca nos habíamos permitido experimentar plenamente, dolores que nunca nos habíamos permitido sentir en su totalidad. Aparecen todas estas cosas. este material interno que no hemos resuelto anhela ser experimentado plenamente, no quiere quedarse relegado al inconsciente. Así que si nuestro material reprimido sale a la superficie, debemos permitirlo sin suprimir nada, sin analizarlo; debemos darnos la oportunidad de experimentar esas sensaciones en el cuerpo, en nuestro ser, y tenemos que dejar que se desplieguen naturalmente. Si lo haces así, independientemente del tipo de dolor que sea (emocional, psíquico, físico, espiritual o de otro tipo), comprobarás que este material reprimido aparecerá, se manifestará, lo experimentarás y desaparecerá. Si no desaparece, estarás conservando algo de resistencia, o de rechazo, o de indulgencia, y es bueno que lo reconozcas, pues eso te dará la oportunidad de relajarte una vez más. (…) La Meditación Auténtica es el espacio donde todo se manifiesta, donde todo se ve y donde todo se experimenta. Y como tal, todo se relaja a sí mismo. Ni siquiera lo relajamos nosotros. Se relaja solo.

En fin, como cita final, del capítulo “Renunciar a la manipulación y al control“:

La iluminación, en último término, no es más que el estado natural del ser. (…) es un estado cuyo mantenimiento no requiere ningún esfuerzo o disciplina, es un estado del ser que no está fomentado por ninguna manipulación mental ni corporal; en otras palabras, es un estado completamente natural, espontáneo. Ésta es una de las razones por las que la meditación suele llevarnos a un callejón sin salida. Si la examinas de cerca, muchas técnicas de meditación son formas de control. Mientras la mente siga controlando y guiando nuestra experiencia, probablemente no podrá conducirnos a un estado natural. El estado natural es aquel en el que la mente no nos controla. Cuando la mente se involucra en la manipulación y en el control, quizá nos acerque a diversos estados de conciencia: tal vez aprendas a calmar la mente o a adquirir poderes psíquicos. Los estilos de meditación basados fundamentalmente en una técnica o manipulación pueden ofrecerte muchas cosas. Pero no lograrás el estado natural y espontáneo del ser.

(…)

La verdadera meditación no implica dominar ninguna técnica, sino dejar de controlar. Eso es la meditación. Cualquier otra cosa será algún tipo de concentración. La meditación y la concentración son dos cosas diferentes. La concentración es una disciplina; es una forma de dirigir nuestra experiencia, o de controlarla. La meditación es la liberación del control, es dejar de guiar nuestra experiencia. La base de la Meditación Auténtica es dejar de controlar.

(…)

(…) En vez de una técnica, la Meditación Auténtica es realmente una investigación. ¿Qué pasa cuando dejamos de controlar y de manipular?

En fin, que me está pareciendo un libro muy bueno, “Meditación Auténtica“, de Adyashanti. Y tengo preparado otro libro del mismo autor, titulado “La Danza del Vacío“, para leerlo en algún momento este verano, cuando fluya. Por lo que llevo leído del primer libro, creo que he acertado de pleno al comprarlos. El estilo de Adyashanti me está resultando de lo más ameno.

Menciono sus libros por si a alguien le interesa, pues por lo poco que llevo leído me parece un material de lectura muy inspirador.

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¡Saludos!

Fuente: jugandoalegremente.blogspot.com

Reedición artículo, título post, nota imagen: Freeman

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26 comentarios leave one →
  1. 21 febrero 2014 8:37 PM

    Reblogueó esto en VerDeVerdady comentado:
    Interesante artículo sobre Meditación

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