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CONCRETANDO el Nuevo Paradigma social: Propuesta de transición hacia una SOCIEDAD DEL BIEN COMÚN

9 enero 2015

https://i0.wp.com/cooperativa.cat/wp-content/uploads/2014/12/be_comu-310x232.jpgPropuesta de transición hacia una sociedad del bien común

El texto que os presentamos es un documento de trabajo que se elaboró para la dinamización de las IL Jornadas Asamblea de la Cooperativa Integral Catalana, dedicadas a la «Redistribución de los recursos comunes”, que se celebró del 17 al 19 de octubre de 2014 en el Centro Cultural Cooperativo de Vallbona d’Anoia.

1. ASPECTOS GENERALES

1.1. modelos económicos

Los modelos económicos actuales funcionan alrededor de teorías de otros siglos que han acabado al servicio de la acumulación de poder de las élites: liberalismo capitalista, planificación central y modelos mixtos. Por lo tanto, todos estos modelos implican variantes del poder en manos del binomio mercado capitalista / estado, dejando la población como espectadora. Además, se ha promovido en todos los ámbitos educativos y de comunicación el pensamiento único que no hay alternativas. No nos podemos estancar en modelos económicos de otros siglos; ya han tenido mucho tiempo para demostrar que no funcionan. Paralelamente, siempre ha habido formas minoritarias que han sobrevivido al margen de las corrientes dominantes y que se han centrado en el común y la colaboración como, por ejemplo, la economía comunal del norte de la Península Ibérica en el edad Media. Veamos todos estos modelos anteriores y, después, la propuesta de un nuevo modelo basado en la democracia económica.

Base económica

Modelo

Origen

Economía comunal

Comunitario

S.VII

Mercado competitivo

Liberalismo capitalista

S.XVIII

Planificación central

Comunismo de estado

S.XIX

Mixta: mercado + estado

Socialdemocracia

S.XX

Planificación colaborativa

Democracia económica

S.XXI

 

Economía comunal (modelo comunitario, experiencia práctica en el norte de la península Ibérica, siglo VII): representa un ejemplo de los modelos colaborativos que han existido a lo largo de la historia, generalmente de forma marginal respecto a las corrientes dominantes y antagónicos. Son un ejemplo de que hay otras formas de afrontar la economía al margen de las corrientes dominantes propuestos actualmente y de los que se habla a continuación.

Mercado competitivo (liberalismo económico, teoría del siglo XVIII): decisiones individuales sobre quién y qué se produce que son refrendadas en función del retorno de información desde un espacio impersonal de oferta y demanda («la mano oculta del mercado») y que se trata de prever y controlar con técnicas de marketing. El principal valor teórico es la libertad por encima de la igualdad, aunque en la práctica la libertad también es erosionada por la realidad de los mercados imperfectos (oligopolísticos, con ausencia de información suficiente). Se acaba comprobando que la libertad no es posible sin igualdad.

Mercado planificado centralmente (comunismo de estado, teoría del siglo XIX): estudio de un grupo reducido de gente sobre las necesidades y recursos generales e imposición a la población de una determinada producción. El principal valor teórico es la igualdad, aunque en la práctica se establecen dos clases con diferentes privilegios: los planificadores y el resto del pueblo. Se acaba comprobando que la igualdad no es posible sin libertad (porque igual no significa ser similar, sino que cada persona -irrepetible y con necesidades de realización únicas- tiene el mismo valor que otra).

Mercados mixtos (socialdemocracia, teoría del siglo XX): tratan de coger el mejor de los 2 apartados anteriores, aunque acaban basculante hacia alguno de ellos.

1.2. Desmontando mitos de los «mercados»

Entre los modelos más extendidos actualmente -liberales, socialdemócratas y, incluso, algunos de carácter anarquista y autogestionario, se considera el libre mercado como una herramienta económica indiscutible e insuperable en eficiencia y eficacia. Hay que salir del pensamiento único que promulga que la economía de mercado, sobre todo si se traca de un mercado competitivo perfecto, es la forma más eficiente y justa de asignar los recursos a las necesidades de la gente. Veamos algunos ejemplos que desmienten las «excelencias» de la economía de mercado:

Los mercados perfectos no existen: los mercados «perfectos» (atomizados y con información instantánea y disponible para todo el mundo) con la que a veces se justifica la razón de mantener una economía de mercado, con multitud de productores y compradores sin capacidad de influir sobre el mercado y con disposición de toda la información en tiempo real, sólo ha existido en la cabeza de los teóricos. Todo mercado competitivo, por muy «perfecto» que queremos que sea inicialmente, tiende de forma inevitable hacia la creación de oligopolios (cualquier pequeña distorsión en la demanda o un problema en la oferta de algunos productores crea una acumulación de poder que, una vez iniciada, cada vez es más grande).

Ineficiencia: suponiendo que algún mercado competitivo acercara a ser «perfecto», éste todavía sería muy ineficiente comparado con una economía colaborativa que disponga de los recursos y de las personas adecuados. Veamos algunas ineficiencias de la economía de mercado: a) duplicación de esfuerzos y recursos (I + D, infraestructuras, personal), b) recursos dedicados a luchar entre sí (marketing, comercial), c) pérdida de oportunidades para establecer sinergias (por ejemplo: incompatibilidad entre piezas de máquinas o programas informáticos), d) información inadecuada para tomar decisiones: primero se realiza (producción) y después se comprueba (compra) si lo que se ha producido es lo que se necesita ; además, el feed back informativo es muy lento, ya que en medio hay todo el ciclo de diseño, producción, distribución en el mercado y facturación para ver la respuesta real.

Empobrecimiento social: incentiva la competición, la separación, el individualismo, el enfrentamiento directo entre las personas o por medio de organizaciones. Crea habitantes de primera y de segunda clase (ganadores y perdedores). Provoca estrés. Se dificulta la búsqueda en la autorrealización personal y el sentimiento de sentirse útiles para el colectivo. Pobreza moral: de hecho hay la expresión que la forma de quemar tus aficiones auténticas es ofrecerlas comercialmente: la palabra «mercantilización» precisamente tiene este valor peyorativo: mercantilización de la cultura, de la ciencia, del ocio; todos entendemos que es algo malo que le quita valor humano a las cosas …

Es contrario a los modelos productivos colaborativos: las cooperativas comienzan a competir entre ellas, aplicando de cara al exterior actitudes contrarias a su propia filosofía y que terminan contaminando la organización internamente.

Aumenta la dependencia del dinero y del crédito: el crédito permite la existencia del dinero, y qué es el crédito? Pues, una apuesta que quien recibe el dinero será capaz de vender unos productos y servicios (por medio de empresas o del trabajo) en el «mercado». Como veremos más adelante, esta apuesta y riesgo consiguiente no hay que tomarlo en la democracia económica, ya que cada uno trabaja sabiendo que hay una demanda real para todo lo que hace (porque así ya se ha determinado democráticamente).

Resumiendo, un mercado competitivo (o «libre mercado») se basa en la competición, la desigualdad, ganadores-perdedores y el individualismo, que son valores que no pueden ser compatibles con la cooperación, la solidaridad o la igualdad. Por lo tanto, incluso un mercado «perfecto» debe ser visto, en todo caso, como una herramienta de transición hacia una economía colaborativa y no como un fin en sí mismo.

De momento, las cooperativas integrales nacientes todavía hay muchos lazos con un sistema externo compita, pero cada vez se debería ir arrinconando la competitividad sólo para las relaciones hacia fuera e ir apartando del contexto interno. Al mismo tiempo, a medida que la economía colaborativa se vaya extendiendo a nivel más global, cada vez será menos necesario participar en economías de mercado.

1.3. Democracia económica

Por fin, llegamos a un modelo económico desarrollado a partir de la planificación colaborativa y que se basa en la democracia económica directa o inclusiva (de hecho, le podemos poner el nombre que queramos siempre y cuando quede claro que se trata de algo nuevo que no estamos haciendo ahora de forma organizada). La economía se planifica en el trato directo entre personas en círculos democráticos y subsidiarios abiertos a toda la población en igualdad de condiciones utilizando las nuevas tecnologías y el empoderamiento social, donde se llega a un acuerdo de necesidades y recursos antes de producirse -los. Hay un equilibrio entre libertad, igualdad y fraternidad, pero requiere de un proceso de empoderamiento social y tecnológico para poder llegar de forma global.

Tratamos de reproducir en este mundo con tantos vicios sistémicos lo que haríamos si un grupo de gente fuéramos a parar a una isla desierta: la primera reacción sería valorar qué necesitamos, qué tenemos y qué podemos hacer y, en ningún caso, en pondríamos la mano bolsillo para ver cuánto dinero llevamos ni mucho menos crearíamos un mercado al que ofrecer nuestros productos y servicios.

La estructura organizativa básica de toma de decisiones económicas sería la red asamblearia (asambleas económicas). Se trataría de una estructura fractal: cada nivel de agrupación -empezando por lo que representa directamente el territorio- decide sobre los temas que afectan a su ámbito territorial según el principio de subsidiariedad.

En las asambleas, se deciden las necesidades básicas y no básicas que se quieren cubrir. Las necesidades no las decide ni un mercado impersonal de oferta y demanda y bajo la distorsión de los productores y consumidores dominantes, ni tampoco un gobierno central impositor. En todo caso, las tareas a realizar tendrán en cuenta la situación personal de cada uno para garantizar que todo el mundo puede ofrecer en función de sus capacidades y recibir lo que necesita (por ejemplo: personas mayores, niños, enfermos, etc.).

Se puede establecer un sistema de vales a medida que el volumen de gente implicada sea mayor y se pueda cubrir un mayor porcentaje de necesidades, de manera que los vales den derecho al acceso a la parte proporcional que toca por persona de los productos y servicios que se están generando desde la democracia económica.

Mientras que las necesidades básicas son comunes dentro de cada ámbito territorial, las no básicas son específicas de una parte de la población. En una segunda etapa de la democracia económica, las necesidades no básicas también pueden ser cubiertas mediante la determinación en asamblea económica de qué porcentaje de la gente las requiere y acordar de invertir los recursos necesarios para cubrir la correspondiente demanda.

Hablamos de una democracia económica o, si se prefiere, de un «mercado» decidido realmente de forma democrática (no por medio de un espacio impersonal de oferta y demanda y bajo la distorsión de agentes dominantes y tensiones competitivas, sino de las personas que se organizan con otras personas libremente y respetando el principio de subsidiariedad para decidir que quieren producir y quién lo quiere hacer).

La viabilidad del modelo también se fundamenta en el hecho de que el estímulo de acción de las personas no sólo viene del afán competitivo para querer ser mejor o tener más que los demás o el instinto de supervivencia a la que nos vemos abocados en este sistema (así nos han educado). Por encima de esto está el estímulo de sentirse realizado personalmente, útil a la sociedad y valorado por el colectivo y con la seguridad de no vivir en un sistema depredador. Si el sistema económico y educativo imperantes fomentaran esta visión tendríamos un estímulo mucho más poderoso que la «competitividad».

2. HACIA LA PLANIFICACIÓN COLABORATIVA

2.1. Principio de autodeterminación

Bajo los principios de soberanía, autonomía y subsidiariedad, se articula una red de procesos de autooganització en el territorio con un alcance territorial diverso según cada realidad particular, es decir, ecoxarxes, núcleos de autogestión local o proyectos cooperativos que se autodeterminarse. En base a la autoorganización asamblearia abierta, cada uno participa y trabaja de forma colaborativa. Ningún proceso de autoorganización impone decisiones al resto, ya que cada uno decide cómo se relaciona con el resto y qué herramientas utiliza. En base a esta soberanía se generan herramientas y vías de colaboración para promover y extender la autogestión y la autoorganización en el territorio. Todo este enfoque nos llevará hacia una descentralización.

2.2. Procedimiento asambleario

Buscar el consenso como vía prioritaria de decisiones. Evitar la dicotomía del seno o el no. No tomar la decisión en ese momento. Sondeos previos. Hay que vigilar, también, todo el proceso previo a la propia asamblea. La forma mayoritaria de tomar decisiones sería el último recurso (para evitar la dictadura de las minorías en algunos casos).

2.3. Mercado de proximidad progresivamente más colaborativo

Facilitar herramientas para visualizar procesos de producción, acceder a cubrir necesidades y promover la interconexión entre iniciativas cooperativas que, a pesar de basarse aún en una economía de mercado, ofrecen herramientas para ir haciendo la transición.

A. Ferias y mercados locales y comarcales (presenciales y temporales).

B. Mercado cooperativo (virtual y permanente).

C. Moneda social, CES, IntegralCES.

Ir promoviendo el acercamiento hacia la planificación colaborativa, priorizando las necesidades del colectivo (demanda) y declinando alimentar el mercado (oferta).

2.4. Descapitalización, financiación y redistribución de recursos económicos y monetarios

Canalizar recursos económicos en excedente hacia la financiación de iniciativas autogestionarias a través de la planificación colaborativa de las prioridades a desarrollar.

A. CASX (y otras iniciativas cooperativas de financiación), para aportaciones retornables (ahorradores).

B. Coopfunding, para donaciones (no retornables).

C. Desobediencia económica como forma de recuperación de recursos que fiscaliza el Estado.

2.5. Reciprocidad y desmonetización progresiva

Transición monetaria, con refuerzo de las relaciones económicas de confianza y el mínimo uso de herramientas monetarias, garantizando la reciprocidad hacia las personas comprometidas.

A. Reducción de la presencia de la moneda estatal-capitalista (euro) y promoción de los intercambios con moneda social.

B. Necesidades. El ecobasic sería el más parecido, como transición hacia los vales, para acceder a cubrir necesidades vitales materiales. Crear circuitos de vales a pequeña escala vinculados a lo que cada uno había comprometido (en el presupuesto común basta contabilizarlo).

C. Equidad. Poco a poco, conseguir que todo el mundo aporte lo mejor de sí mismo y reciba de manera equitativa a su limitación (pero, partiendo de la situación actual en la que cada uno aporta lo que puede y recibe lo que necesita).

D. Comunidad. Red vínculos de confianza, hacia la comunitarización de las relaciones cotidianas como forma de apoyo mutuo integral.

E. Implantación de un sistema de recursos de uso común que cubra necesidades básicas de la comunidad. Se esta línea se situaría el Sistema Público Cooperativo (SPC).

3. PLANIFICACIÓN COLABORATIVA BASADA EN LA DEMOCRACIA ECONÓMICA

3.1. Organización territorial

Establecer en cada ámbito territorial «asambleas económicas» anuales para planificar y hacer presupuesto: sobre la base de asambleas abiertas, se eligen portavoces (responsables) y se escalan propuestas a otras asambleas (según el principio de la subsidiariedad). Las herramientas telemáticas pueden ser un apoyo, pero realmente sería necesario que la gente asistiera físicamente. Los portavoces se podrían elegir sobre un porcentaje de la gente presente en las asambleas, de forma que al menos la mitad fuera escogida por sorteo y el resto por sufragio (para garantizar la voz de todos y al mismo tiempo que vaya gente conocedora y motivada). Por ejemplo, en el caso de las cooperativas integrales, por el volumen actual de gente, se podría enviar por ejemplo 2 portavoces por asamblea y establecer 3 niveles de agrupación: núcleo de autogestión local / ecoxarxa / CIC.

Decalaje mensual de pequeño a grande para escalar decisiones que no se hayan podido tomar en el nivel anterior: núcleo de autogestión local -> al cabo de 1 mes al ecoxarxa -> al cabo de 1 mes a la CIC. Así, sólo se harían en un nivel las decisiones que no se ha podido tomar al nivel anterior.

3.2. Funcionamiento de las asambleas económicas

La función de una asamblea económica es la de asignar las capacidades y recursos de forma más justa y eficiente que con un sistema de mercado competitivo o bien con una planificación central decidida por una minoría. En estas asambleas se harían las siguientes tareas:

1) NECESIDADES. ¿Qué necesidades tenemos. No hablar de necesidades monetarias para evitar caer en la línea de razonamiento que se utiliza habitualmente y que nos aleja del nuevo enfoque que le queremos dar al problema.

Para cada persona:

– Necesidades básicas

– Necesidades no básicas

Consensuar una lista para priorizar las necesidades. Por ejemplo: 1º) vivienda, comida, 2º) …

2) RECURSOS. Con qué recursos contamos. Analizamos la realidad actual pero seguimos sin hablar de dinero.

Para cada persona:

– Habilidades, conocimientos y motivaciones;

– Actividades y proyectos;

– Recursos materiales.

Para el común del ámbito de la asamblea:

– Recursos materiales y naturales;

– Actividades y proyectos.

Consensuar el porcentaje de tiempo «activo» que todos dedicará.

3) PLANIFICACIÓN COLABORATIVA.

– Encaje de necesidades y recursos. Reconversión de proyectos. Entre todos decidimos que hará que durante los próximos meses dentro del contexto de democracia económica. Con esta sencilla acción nos hemos saltado toda la dinámica del mercado para decidir qué producimos y hemos puesto la decisión en manos de personas hablando cara a cara.

– Escalado de necesidades que no pueden ser cubiertas en el ámbito territorial de la asamblea. Ej: alimentos básicos no disponibles en la zona, infraestructuras productivas complejas, etc.

4) CREAR Y OFRECER PRODUCTOS Y SERVICIOS ACORDADOS.

Todo el mundo dedica el porcentaje de tiempo pactado según las tareas acordadas. En cualquier caso, estas tareas tendrán en cuenta la situación personal de cada uno para garantizar que todo el mundo pueda ofrecer en función de sus capacidades y recibir lo que necesita (por ejemplo: personas mayores, niños, enfermos, etc.). Por tanto, se generan unos productos y servicios (empezando por las necesidades básicas) que podrán ser utilizados para cada uno en la parte proporcional que le corresponda sin necesidad de la existencia de ninguna moneda para que este circuito funcione. Por lo menos, se puede crear un sistema de vales para que, cuando el volumen de gente implicada aumente, se pueda controlar que cada uno consume la parte que le corresponde.

5) REVISIÓN. Habrá que comprobar que se produce una reducción de las necesidades monetarias proporcional al tiempo invertido. Por ejemplo, si se dedica un 20% del tiempo y se asignan tareas que cubren el 20% de las necesidades, la reducción de gasto de euros bajaría un porcentaje similar. El otro 80% no se puede cubrir o bien porque depende de productos y servicios que quedan alejados del ecoxarxa (por ejemplo: alimentos que no se cultivan en la zona) o bien porque son productos y servicios que aún provienen del sistema capitalista actual. Por tanto, a medida que, por un lado, nos vamos enfocando y priorizando resolver nuevas necesidades realmente básicas y, por otro lado, extendemos la práctica de la democracia económica en todo el territorio (núcleos, ecoxarxes y CIC), nos iremos acercando un poco más a un sistema libre de moneda y de competitividad.

Autor:  cooperativa

Fuente: Cooperativa Integral Catalana

Reedición artículo, título post, Freeman

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19 comentarios leave one →
  1. 6 julio 2015 5:25 AM

    Artículos para NO perdérselos!!! Muy interesantes y actuales. Hay mucho para aprender. Importantísimos. Gracias. María Inés Bruccolleri Rennella.

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